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En la vida íntima de un ladrón de intimidades

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Hablamos con Jordi Galbany, de profesión paparazzi

Rafa Martí

04 Agosto 2015 06:00

Aunque quedan lejanos aquellos días a finales del siglo XIX, cuando la mitad del salvaje Oeste perseguía a Billy el Niño para cobrar la suculenta recompensa de 500 dólares, el oficio de cazarrecompensas no ha cambiado demasiado en la actualidad.

En el siglo XXI, cazadores de recompensas como Jordi Galbany, de 39 años, siguen existiendo. No van armados con rifles sino con cámaras de fotos y teleobjetivos. Y en lugar de moverse a caballo van en moto. Su profesión ya no es matar, pero sí dar caza y robar fotos de las celebridades del momento.

Galbany es una mezcla de cazarrecompensas y voyeur: uno de los 7 u 8 miembros de la exclusiva tribu que forman los paparazzis en Barcelona y que trabaja por todo el mundo como un aventurero en busca de la exclusiva que este verano se consumirá en miles de playas a través de las revistas del corazón.

La discreción y el anonimato son reglas no escritas del reducido club de los paparazzis, pero Galbany no tiene problema en atendernos y en darle la vuelta al teleobjetivo para revelarnos su intimidad, la de quien roba la intimidad de los famosos para venderla al mejor precio.

1. Detective público

Jordi Galbany en una guardia

Podría ser una bonita metáfora, pero no lo es: para retorcer más su historia, Galbany es, además, detective privado. Toda su vida se ha dedicado a espiar e investigar a los demás por encargo: infidelidades, custodias de hijos y bajas laborales, entre otros asuntos. “Siempre me ha gustado esconderme y seguir a la gente”, dice con total naturalidad, como quien habla de una pasión de la infancia.

Desde hace tres años y medio, decidió combinar su profesión con la de paparazzi. Él reconoce que “ser paparazzi es como ser detective”, pero en lugar de dar la información a un cliente de manera discreta, vende la información a una agencia que la hará pública. Es como un detective público.

Como si se tratara de un voyeur hablando del morbo que le supone observar a los demás sin ser visto, dice que para él “no hay nada más bonito que tener el reportaje sin llamar la atención”.


No hay mejor sensación que la de volver a casa con unas fotos sin que se hayan dado cuenta


Obtener las fotos “de incógnito” es su modus operandi, que ha aprendido a lo largo de su carrera de detective. No le tiembla el tono al resumir su filosofía profesional: “Para mí no hay mejor sensación que la de hacer unas fotos a un personaje sin que se dé cuenta, volver a casa y que se percate más tarde, cuando salgan las fotos publicadas al cabo de unos días. Quizá luego se enfada...", dice.

Para él, hacer las fotos a escondidas es hacer "el trabajo bien hecho". Se defiende diciendo que así no amarga el día a los personajes porque no perciben su presencia. Y también se ahorra las agresiones, aunque pudiera parecer que lo que no quiere es dar la cara por algo que puede llegar a ser muy molesto: que a uno le roben fotos en su intimidad.


2. Niños e infidelidades

Él roba fotos a los famosos pero, ¿que pasaría si fuera al revés? Galbany nos habla ahora de su vida privada. “En las redes sociales voy con mucho cuidado, nunca pongo nada de la vida de mis hijos [tiene tres]. Cuando sean mayores ya decidirán”, dice, cuando habla de su familia.

Sin embargo, sí que hace fotos de los hijos de los demás [aunque siempre aparecen pixelados]. Es consciente de esta contradicción pero intenta no pensarlo mucho: “Si no, no podría hacer nada. Porque uno está en un mal momento, el otro está con los hijos… Se trata de trabajar con la máxima profesionalidad y sensibilidad. Yo no actúo de la misma manera en un entierro que en una playa de Formentera”, asegura.

Y reconoce que tiene que pagarse una hipoteca. Y que no siempre llega a fin de mes. Las exclusivas millonarias son cosa de otros tiempos. Por eso, siempre consigue las fotos, aunque tenga que dormir en un coche o conducir toda la noche para llegar a la otra punta de España. No hay barrera que se interponga entre un paparazzi y un famoso.

Galbany, además de tener hijos, está casado y es feliz con su familia. Sin embargo, también publica fotos de las infidelidades de los demás sabiendo que puede provocar rupturas.


Hay que ser muy frío en este trabajo, si no, no podría hacer fotos de nada



La verdad es que sí que lo hacemos. Les estamos haciendo una mala pasada, contamos una cosa de alguien que le está poniendo los cuernos a alguien. Pero, en el fondo a mí tampoco me gustaría que me pusieran los cuernos”, dice, como queriendo avisar de que la mejor manera de guardar un secreto es no tener ninguno.

Por todo esto tiene que ser muy frío, como un bloque de hielo: “Yo hago esto porque hay un público que quiere ver esto. Desmontar una infidelidad es un tema más sensible y sí que te lo piensas un poco más. Pero no todo es eso en este trabajo”.

3. Ser famoso es la peor profesión


Jordi Galbany antes de salir a seguir a un personaje

Galvany ha visto a través de su teleobjetivo la vida cotidiana y más real de personajes como Telma Ortiz, Andrés Velencoso, Gerard Piqué, Shakira, Giselle Bundchen, Miley Cyrus o Claudia Schiffer. La lista es interminable.

Cuenta que los famosos también se ponen el primer trapo que cogen del armario, como cualquiera se lo pondría un domingo por la mañana para ir al supermercado. O que otros son extremadamente familiares. Al final, gente normal, como él.

Pero a Galbany, salvo algunas excepciones, no le gustaría ser famoso y dice que “debe de ser muy duro” que a uno lo persigan día y noche. 

“Personajes como Shakira se rodean de medidas de seguridad para evitar las fotos, siempre viven en persecuciones, tratando de despistarnos... Debe de ser complicado vivir en estas circunstancias”, reconoce.

4. Por la mañana en la playa, por la noche a Marruecos


Foto de Carlos Santolalla

“Cuando llegué a mi primera guardia a esperar a que un personaje saliera de su domicilio, los demás me miraban con recelo. Todos competían por quién iba a vender las fotos”.

Pero desde esa primera guardia de espera tediosa y de recelos de los demás ladrones de fotos, la rutina de Galbany se ha convertido en una aventura casi constante. Su trabajo puede llevarle en un solo día de estar en una playa de Baleares a un valle del Pirineo, y por la noche a coger un avión para Marruecos porque hay un personaje de interés allí.

Este movimiento viene proporcionado por contactos en restaurantes, aeropuertos o por las propias agencias. Otras veces, basta con ampliar una foto que un famoso cuelga en Instagram y ver el nombre del chiringuito de la playa en la que está para coger el primer vuelo que le deje lo más cerca de allí.

5. El secreto mejor guardado de un paparazzi

De los centenares de reportajes que ha hecho, tiene un cajón lleno de fotos que no han sido publicadas. ¿Secretos? No. Las revistas no lo cogen todo. Y, a veces, lo que compran, se lo guardan.

“Podemos tener un material de un determinado personaje importante y cuando lo pasamos a la venta, la revista se pone en contacto con el personaje y le dicen que tienen fotos de su hija en topless. A cambio le piden futuras exclusivas”, dice. Aunque pueda parecer una extorsión más digna de una película de gángsters, Galbany asegura que esta práctica es legal. Él nunca lo ha hecho, pero insiste en que las revistas del corazón sí lo hacen.

Esto se ha multiplicado más desde que el oficio está en crisis. Las revistas también lo están, y las redes sociales proporcionan muchas exclusivas antes que ellos. Por lo que esta extorsión legal es una práctica que se produce en el día a día.

A pesar de la crisis, para este amante del mirar y esconderse como si de un niño se tratara, seguirá habiendo personajes a los que disparar y un público que, a la vez que lo critica, seguirá pagando lo que sea para comprobar si su famoso favorito está en la playa de al lado.


Yo hago esto porque hay un público que quiere ver esto


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