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El extraordinario cerebro del escalador más temerario del mundo

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La neurociencia estudia a Alex Honnold, el escalador libre que más se arriesga

29 Agosto 2016 13:47



Muchas personas sienten náuseas al ver los vídeos de escalada de Alex Honnold.



Es difícil soportar algunas imágenes de sus ascensos. Recordemos que la escalada libre significa subir sin cuerdas ni equipo de protección. Significa manos, pies de gato, magnesio en polvo y latidos. Nada más. Y Honnold es el deportista más importante del mundo en esta disciplina.

Es aún más difícil comprender por qué alguien pone en riesgo su vida cada vez que hace deporte. Pero sobre todo, cómo es posible, para Honnold, no sentir vértigo a 550 metros de altura, como hizo en 2008 en la montaña conocida como Thank God Ledge, en el Yosemite National Park de Estados Unidos.



Si Honnold hubiera caído desde el Thank God Ledge, hubiera tardado 10 segundos en estrellarse contra el suelo. Es capaz de pasar 12 horas en una posición letal. ¿Es que no siente miedo de resbalar? ¿Tiene capacidades sobrehumanas?

Lo cierto es que su cerebro podría considerarse un órgano fuera de lo común. Mucho más, si cabe, que su esculpido cuerpo y su equilibrio natural.



Honnold no se considera un "sin miedo". De hecho, siempre se había resistido a que la neurociencia examinara su cerebro —tal como le dijo al periodista J.B Mackkinon, eso le "daba miedo"—. Pero el pasado marzo accedió a meterse en un cubículo blanco controlado por la neurocientífica cognitiva Jane Joseph. Se sometió a una especie de resonancia magnética de alta precisión.

Joseph, de la Universidad Médica de Carolina del Sur, es experta en localizar la actividad cerebral a partir de los flujos de sangre. Fue de las primeras científicas en mostrar cómo funciona la mente de los "buscadores de emociones fuertes", individuos proclives a conductas de riesgo, puesto que necesitan experimentar sensaciones extremas.

Cuando Joseph vio los vídeos del escalador, lanzó una hipótesis: Honnold podría ser un "súper buscador de emociones fuertes". La respuesta estaba en su cerebro.



El buscador de emociones se pone en peligro porque es capaz de regular las reacciones físicas ante el vacío. No es algo voluntario: la amígdala es la responsable del miedo. Esta porción de cerebro detecta una amenaza externa, la interpreta, y desarrolla una respuesta física inconsciente.

Ante un precipicio, al común de los mortales se nos aceleran las pulsaciones, sufrimos un golpe de sudor frío. Después, llega la sensación consciente del miedo, que la amígdala se encarga de activar en otras zonas del cerebro.


Ante los estímulos estresantes y desagradables, el cerebro de Hannold permanecía gris


Hay mutaciones congénitas, enfermedades, lesiones que provocan que la amígdala no funcione en algunas personas. Es decir, existe gente que no siente miedo. Pero el primer escáner cerebral de Hannold mostró una amígdala sana.

Fue una prueba posterior la que permitió a Joseph explicar la aparente locura de Alex Honnold: dentro del escáner, el escalador fue sometido a una serie de imágenes violentas, estresantes e incluso insoportables para la inmensa mayoría de los seres humanos. Una de ellas, por ejemplo, mostraba el cuerpo quemado de un niño. Lo cual suele traducirse en la iluminación de ciertas áreas del cerebro.

La reacción de Honnold fue que no hubo reacción. Su cerebro permanecía gris. La fotos le parecieron anticuadas: "Como estar en un museo de curiosidades", dijo a Mackkinon.



Lo mismo sucedió con una prueba en la que se pretendía señalar las áreas de recompensa. Nada. Honnold no sentía miedo, pero tampoco la excitación o la felicidad de un "buscador de experiencias" al uso. Él mismo ha declarado en ocasiones que no siente la euforia que la gente imagina cuando consigue superar un nuevo reto.

Al finalizar el estudio, la conclusión de la neurocientífica Jane Joseph fue que el cerebro del escalador californiano es extraordinario: le permite no sentir ningún miedo aun teniendo muchas posibilidades de estrellarse contra las rocas.

Honnold se expone a la muerte como si fuera algo normal, su trabajo. Y es capaz de mantener un control absoluto de su cuerpo ante visiones terroríficas para muchos de nosotros. Cuando suceden imprevistos, como que un pájaro se le acerca o una cuerda se deshilacha, actúa. Pero sin temblar ante el vacío.

[Via Nautilus]



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