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Historias
La tragedia de ser un millonario que pudo ser el mejor y acabó siendo un segundón; una historia de éxitos y fracasos; la vida de Evan Williams…
22 Junio 2016 10:01
Ev (Evan) Williams podría ser el representante de la cara más gris y aburrida de Silicon Valley. Es un tipo pálido, de cabello moreno, con barba recortada, gafas y que viste con sudaderas grises. Por esto es muy probable que nunca hayas oído hablar de él. Sin embargo, sí que te sonarán Blogger, Twitter y Medium. En el origen de todas ellas, está Williams.
Podría parecer un emprendedor más, de perfil medio alto en el valle tecnológico. Pero las dimensiones de este personaje van mucho más allá: no sería exagerado decir que gracias a él existe lo que hoy conocemos como el internet libre. Y ahora, este tipo que pertenece más a una sala de programación de Microsoft de los años 90 que al laboratorio de diseño de Apple, ha declarado la guerra al hijo que creó.
Un geek en Nebraska
Como no podía ser de otra manera, Williams es un tipo que nació en medio de la nada, a 90 kilómetros de Lincoln, Nebraska, un lugar en el que solo hay granjas y páramo, páramo y granjas. Es el único estado de EEUU que está igual de lejos de la costa Este que de la costa Oeste.
Williams estudió en la Universidad estatal de Nebraska. Siguiendo el camino de los sospechosos habituales del mundo tecnológico, dejó los estudios. Pidió dinero a sus padres, granjeros, y desde casa se dedicaba a vender CD-ROMs y guías de cómo conectarse a internet.
Con 24 años, las posibilidades del boom tecnológico en su querida Nebraska ya no daban más de sí. Se fue a California. Pero no a Silicon Valley, ni a Palo Alto, ni a Cupertino, ni siquiera a San Francisco o a Los Ángeles. Williams terminó en Sebastopol, trabajando para una compañía del paleolítico de internet: O'Reilly Media.
En todo lo que hacía, Williams era como el tipo que estaba invitado a la mejor fiesta de la ciudad pero nunca entraba en la sala VIP. Pero no porque no pudiera. Su obsesión desde que comenzó su andadura tecnológica fueron los textos, y a través de algo en apariencia tan poco sexy, quiso revolucionar internet.
Lo que hoy damos por sentado, que todo el mundo pueda escribir un artículo y hacerlo circular por internet, es algo que no existitía sin Ev Williams
Su plan consistía en que todo el mundo debería tener la posibilidad de crear una página web y expresarse libremente, compitiendo en el mismo espacio con las mismas oportunidades. Quería crear las herramientas para que el pensamiento se difundiese.
Hoy damos por sentado que todo el mundo puede hacer eso y que internet ha democratizado la información. Pero entonces, y mucho antes, solo podían expresarse los grandes grupos mediáticos. Eran un núcleo duro de contenidos con intereses propios que bombardeaban a una audiencia no activa. Llegó internet —particularmente Williams— y todo el mundo pasó a tener las mismas oportunidades de expresarse y de ser escuchado. Este es el concepto de internet libre, que Williams siempre ha visualizado como una gran biblioteca de conocimiento.
Por eso no es extraño que el concepto de blog surgiese de su cabeza. Los blogueros y líderes de opinión que vinieron después existieron gracias a su obsesión. Williams se fue de O'Reilly Media, fundó su propia empresa tecnológica, Pyra Labs, y de ahí dio a luz al primero de sus grandes bebés, Blogger. Aquellos blogs en Times New Roman ofrecían algo impensable hasta el momento: una interfaz muy fácil de utilizar para publicar lo que fuese y el alojamiento gratis de dominios.

No obstante, sus socios fueron abandonándole por otros proyectos más excitantes. Él siguió en la compañía, en medio del chaparrón de la primera burbuja de las puntocom. Finalmente vendió Blogger a Google en 2003. Estuvo 6 meses en Cupertino, pero ese no era el entorno habitual de Williams. Él estaba empecinado con los textos y no con las piscinas de bolas de plástico de Google. Fundó una nueva compañía, Obeo.
La empresa se dedicó al negocio de los podcasts. La idea era la misma que con blogger, pero con archivos de sonido. La empresa fue un fracaso absoluto, al igual que otros emprendimientos que había realizado a lo largo de su carrera y fiel a su objetivo. Esta fidelidad solo le había sido pagada con la satisfacción personal, y también con las cuentas en números rojos y una montaña de deudas. Sin embargo, con el paso de los años, un grupo de ingenieros de la compañía había desarrollado un sistema para distribuir SMS de forma masiva a todos los contactos.
Ese fue el germen de lo que hoy conocemos como Twitter, la plataforma que más representaba el concepto de internet libre de Williams: era la primera red social en la que todo el mundo tenía el poder de compartir contenidos con el mundo —no con un círculo de amigos, como el caso de Facebook—, de forma totalmente libre. Williams fue uno de sus fundadores y su primer CEO. En pocos meses se hizo multimillonario. Pero no era eso lo que le preocupaba, sino los textos y el poder de internet para la gente.
Williams podría ser el emprendedor idealista y silencioso que, bajo una apariencia gris, combate una guerra idealista en el corazón del mundo tecnológico.
El padre de una bestia
Lo que viene después más o menos lo conocemos. Las herramientas más incipientes de la web libre sucumbieron ante ante el crecimiento brutal de Facebook y Google. Para Williams, ambos fueron también una consecuencia de aquellas ideas sobre el internet libre. Sin embargo, ellos fueron los que en la camada de lobos se volvieron violentos y se comieron a los demás, cuando habían nacido para convivir. Y Williams, como padre de los cachorros desviados, se ha propuesto luchar contra ellos.
En la historia de internet ha pasado lo mismo que en la historia de los grandes avances: todos viven una gran época dorada de libertad, de competición y de igualdad de oportunidades para terminar sucumbiendo al monopolio del que más fuerte se ha hecho en ese escenario. ¿Ha muerto entonces el internet libre? De alguna manera, Williams cree que sí. Por ejemplo, si no fuese por Facebook, probablemente no estarías leyendo este artículo. O, si no fuera por Google, probablemente no accederías a NINGUNO de los contenidos que consumes a diario.
No es extraño que la página de inicio de Google sea completamente diferente en dos personas, o que Facebook seleccione los contenidos que aparecen en tu muro. Y ante eso se ha revelado Williams
En definitiva, internet a pasado a ser el cortijo de dos empresas que, al final, tienen sus propios intereses privados (sobre todo comerciales) y establecen las reglas del juego. Por eso no es extraño que la misma página de inicio de Google sea completamente diferente para dos personas, o que Facebook seleccione los contenidos que aparecen en tu muro, o que ambas decidan qué tiene que estar en sus servidores y qué no. Y ante eso se ha rebelado Williams.
Actualmente está detrás de Medium, la plataforma dependiente de Twitter que aloja textos de lo que en su día fueron los blogueros. Podría parecer que Medium no deja de ser diferente a Google o Facebook, en tanto que es un servicio de alojamiento también con sus propias reglas. Sin embargo, lo que pretende Medium es crear un espacio lo suficientemente sólido para que las millones de voces que componen internet no anden desperdigadas por los vastos terrenos de los imperios de Google y Facebook.
La batalla de Williams no suena excitante. Parece aburrida. Parece de 2007. Y aún así está protagonizando una de las guerras más relevantes que vive el mundo tecnológico en la actualidad. El texto, el origen del internet libre, se resiste a morir.
[Via The Atlantic]
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