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Los ángeles humanos que rescatan a niñas víctimas de la trata

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Organizaciones como Alliance Antitrafic llevan años combatiendo esta lacra ante la impunidad de un país como Tailandia. Ahora perciben un cambio de las autoridades por primera vez

Rafa Martí

05 Agosto 2016 06:00

Vas a Tailandia de vacaciones y te lo estás pasando bien: playas paradisíacas, vueltas en moto, copas y cervezas a precios irrisorios, hoteles con los que sueñas en enero. Con piscina. Pero hay algo que siempre te amarga el cuadro: la chica que aparece en la esquina de la foto, plantada en uno de los lados de la calle, mirándote de reojo. Luego, el holandés de 60 años con camisa hawaiana que la coge del brazo. Entonces piensas que te gustaría hacerte el héroe. Y te dices que te gustaría decirle “yo te voy a sacar de la calle”. Al final, claro, ni dices ni haces nada. Vuelves a la oficina y a las horas la chica ya ha dejado de existir.

Pero esto no fue lo que le pasó a Toni, un arquitecto de Barcelona. Su historia empieza así:

Estábamos en Patong y durante tres o cuatro noches fuimos a los lugares más zafios. Intentamos que nos montaran una orgía con menores. Nos dejábamos ver, llamábamos la atención y queríamos atraer a quienes llevaban el negocio. Finalmente, conseguimos que nos dieran una fecha y un lugar. Pero el día señalado, cuando acudimos, no había nada.

Toni no era la clase de turista que buscar montar una orgía con menores en Tailandia. Todo lo contrario. Quería hacerse pasar por turista sexual en busca de menores para echar el guante a los traficantes de niñas. Entonces colaboraba con Alliance Antitrafic, una ONG que tiene como objetivo rescatar a personas atrapadas en las redes de trata. En aquella ocasión trabajaban con un exagente del FBI que actuaba bajo las órdenes de una organización cuyo nombre no puede revelar.

Rescatar a personas ante la impunidad

El chasco que se llevó Toni en aquella ocasión es habitual en la lucha contra la trata en Tailandia. “Más tarde, me enteré que el alcalde de la localidad era el dueño de uno de los locales de prostitución más grande de la ciudad”, dice. La impunidad y la complicidad de las propias autoridades han hecho ardua la lucha que llevan organizaciones como Alliance Antitrafic.

En muchas ocasiones, es la propia policía local la que se lleva tajada para hacer la vista gorda sobre el negocio de la prostitución sumergida. “Los polis son los primeros que abusan de ellas. De hecho, muchos pagan por acceder a puestos fronterizos o en localidades turísticas para cobrar en especie de las mafias”, asegura Toni.

Muchos policías pagan por acceder a puestos fronterizos o en localidades turísticas para cobrar en especie de las mafias

Jurgen Thomas, actual responsable de Antitrafic, sin embargo, reconoce que algo está cambiando:

Con la nueva ministra de Turismo hay un nuevo compromiso para terminar con la trata y la industria del sexo. Nosotros llevamos muchos años trabajando en un entorno de impunidad. Pero siempre hay una parte de la policía que no está corrupta. Además, nosotros investigamos a las redes de trata durante el tiempo que sea necesario para que la policía solo tenga que poner los grilletes. Si no lo hacen, quedan retratados, porque nosotros hemos hecho todo ese trabajo previo.

Según cuenta Thomas, Antitrafic lleva a cabo sus investigaciones cruzando las bases de datos de personas desaparecidas con la información que obtienen de su red de informantes. Los informantes son personas de confianza situadas por todo el país que pasan información de actividades sospechosas, o sobre el paradero de las personas a las que buscan. De alguna manera, Antitrafic actúa como una unidad parapolicial, que se encarga de todo menos de arrestar a los delincuentes.

No intentes cambiar el mundo

El proceso de Toni hasta llegar a esa escena fue paulatino. Tuvo un primer contacto con la trata cuando en un viaje a Tailandia en 2004. Iba con un amigo que colaboraba con estas organizaciones y un día una chica le sorprendió al teléfono pidiendo ayuda. A raíz de aquella anécdota, decidió implicarse más. Pero cometía un error. Él iba con la mentalidad de héroe que iba a sacar a las chicas de la calle. Se equivocaba.

—Una vez, hablando con una chica, le dije algo así como que no le convenía dedicarse a la prostitución. Su respuesta fue: ¿Acabas de llegar y pretendes saber lo que queremos? Ella tenía razón. He conocido muchísimas prostitutas que no están en las redes de trata que han ganado independencia gracias a la prostitución. Ejercen la prostitución como una opción desde la libertad. Son chicas que tienen novio, que tienen su propio piso, que tienen su dinero, que pueden salir de casa y comprarse su ropa, o tener su teléfono móvil. Eso tiene mucha fuerza, porque la alternativa es ser una mujer encerrada en casa, sin hacer nada, esperando a que la peguen todos los días y obligada a pasar por la cama sí o sí.

La prostitución en Tailandia tiene mucha fuerza. La alternativa es ser una mujer encerrada en casa, sin hacer nada, esperando a que la peguen todos los días y obligada a pasar por la cama sí o sí

Para él, igual que para Jurgen, lo principal para combatir las situaciones de abuso sexual en un país como Tailandia es hacer esa diferenciación entre quienes ejercen la prostitución como una alternativa para sobrevivir y quienes están esclavizadas en las redes mafiosas. “No podemos ir a otro lugar con nuestros juicios, sin tener en cuenta el contexto. Ni podemos pensar que cambiaremos el mundo de un día para otro”, insiste. Para ellos, lo principal es combatir la trata y luego, en el largo plazo, sentar las bases para un modelo económico alternativo a la industria del sexo.

El círculo vicioso

La realidad de la trata es terriblemente diferente al mundo abierto de las sex workers —como popularmente se las conoce— tailandesas. “Las mujeres y las niñas traficadas no salen a plena luz del día. No están en la calle. Son chicas, niñas, que están encerradas, a menudo encadenadas, y que son violadas por 15 ó 20 hombres al día", dice.

Cuando las redes consiguen caer y liberan a las chicas, no termina todo. Una vez pasan a dependencias policiales, la mayoría no quiere reconocer que han sido víctimas de la trata, por lo que las autoridades las califican como inmigrantes ilegales. Las devuelven a sus países, sobre todo Laos y Camboya. Pero es un círculo vicioso: las mafias las siguen y las vuelven a atrapar debido a su frágil situación económica y las reintroducen en el país a través de circuitos protegidos por la corrupción.

Por eso, como cuenta Thomas, “una gran parte del trabajo está en que hablemos con ellas justo después de que hayan sido liberadas. Es muy importante que logremos que reconozcan que han sido víctimas de trata”.

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