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Steve Albini explica por qué Internet ha salvado la música

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"Nunca ha habido un momento mejor para estar involucrado en la música"

Franc Sayol

19 Noviembre 2014 10:24

Steve Albini sabe una cosa o dos sobre cómo funciona la industria de la música. Desde 1978 ha participado activamente en la escena, ya sea tocando en bandas, produciendo a grupos, escribiendo en fanzines, organizando conciertos o llevando sellos. Como ingeniero, ha grabado más de 2.000 discos, entre los que se cuentan álbumes de Nirvana, Pixies, PJ Harvey, Joanna Newsom, Fugazi o Jesus Lizard. Actualmente, forma parte del trío Shellac y tiene su propio estudio de grabación en Chicago.

También es conocido por el ensayo publicado en 1993 The Problem With Music, en el que denunciaba las injusticias del negocio musical de entonces. La idea principal del libro era que las bandas se veían empujadas a firmar contratos injustos, que enriquecían a los sellos mientras los músicos permanecían malpagados y en un régimen de servidumbre. Los creadores y los consumidores tenían pocas opciones. Era un mundo hecho a medida de los intermediarios.

Nada que lamentar

21 años después,? este mundo ha cambiado radicalmente?. Pero las opiniones de Albini siguen siendo tan lúcidas como siempre. A sus 52 años, sería fácil imaginarle lamentando cómo Internet ha arrasado con el negocio de la música. Nada más lejos de la realidad. Para él, la red no solo no ha acabado la industria musical, sino que la ha convertido en un lugar mejor. Así lo ha explicado en una conferencia que ha impartido este fin de semana en el congreso Face The Music de Melbourne y que ha transcrito The Guardian.

No voy a llorar la pérdida de los ejecutivos ineficientes que han desaparecido en el proceso

En su exposición, Albini empieza relatando cómo, antaño, las multinacionales discográficas gastaban dinero a espuertas en promoción, sosteniendo así a toda una red de tiendas de discos, empresas de relaciones públicas y emisoras de radio. El problema es que el dinero no salía de las arcas de la discográfica, sino de los royalties de las canciones escritas por las bandas. “Es como si tu jefe, en vez de darte un cheque a ti, pudiese pagar ese dinero a sus amigos y socios de negocios, invocando tu nombre mientras lo hace. Ya que a él le costaría lo mismo, y sus amigos y asociados le devolverían el favor, ¿por qué querría que ese dinero acabara en tus manos?”, dice.

Ese es el modelo que se ha cargado Internet: un sistema construido por la industria y pensado para servir a aquellos que la integraba. El nuevo sistema, en cambio, ha eliminado los intermediarios en favor de la relación directa entra los artistas y su público. Tal y como explica, “ya no es necesario pagar a gente para que pague a otra gente para que ponga tus discos en la radio, y que esa gente mienta sobre ello. Ya no es necesario gastar dinero para que la gente escuche a tu banda. Ocurre de manera automática”. Esta facilidad de acceso ha provocado que la relación entre bandas y fans sea más intensa que nunca. Ello comporta más conciertos, y mejor pagados. Albini pone el ejemplo de su propia banda, Shellac: a día de hoy cobran 10 veces más por concierto que hace una década.

Desde su punto de vista, Internet ha permitido que las bandas indies con ganas de trabajar hayan encontrado su propia manera de tener una carrera sostenible. Por cada Taylor Swift que critica el nuevo modelo de pago, hay unos Odd Future que han levantado un pequeño imperio desde un Tumblr. Esto no solo es aplicable a bandas noveles. Albini pone el ejemplo de Death, una banda de los setenta que fue totalmente ignorada en su momento pero que ha resucitado tres décadas después gracias a la labor de obsesos musicales que han colgado y movido su música en la red.

Un mundo nuevo, un mundo mejor

Los únicos que tienen algo que lamentar, bajo su punto de vista, son los ejecutivos que se beneficiaban del modo en que se hacían las cosas antes. Uno de los momentos clave de su charla llega cuando desmonta un mantra repetido hasta la extenuación por la industria: “Tenemos que encontrar la manera de que la distribución digital sea beneficiosa para todas las partes”.

Así lo expone él: “No estoy de acuerdo en que el viejo modo de hacer las cosas sea mejor. No creo que la frase 'tenemos que encontrar la manera de que la distribución digital sea beneficiosa para todos' sea cierta. No estoy de acuerdo con ella porque, en su lenguaje aparentemente inofensivo, hay supuestos tácitos: el marco de un sistema explotador con el que he tenido que lidiar a lo largo de toda mi vida creativa. Dentro de esa trillada frase, 'tenemos que encontrar la manera de que la distribución digital sea beneficiosa para todos', se esconde el esqueleto de un monstruo...”.

Hay más conciertos, más canciones disponibles, las bandas son tratadas con más respeto, y tienen más control sobre sus carreras y destinos

Para él, “Internet ha facilitado la relación más directa, eficiente y compacta entre las bandas y la audiencia que se haya visto nunca. Y no voy a llorar la pérdida de los ejecutivos ineficientes que han desaparecido en el proceso. Imagino que habrá gente que haya perdido su trabajo. Pero lo mismo ocurrió cuando el coche sustituyó al caballo, y todos los herreros tuvieron que adaptarse, dedicando su tiempo a hacer puertas de jardín en vez de herraduras”.

Albini va aún más allá cuando aborda la cuestión del copyright. Según su punto de vista, deberíamos abandonar la idea de intentar controlar la distribución del trabajo una vez se ha lanzado. De hecho, utiliza la palabra “lanzamiento” de un modo literal, comparándolo con un pájaro o un pedo. “Ha sido lanzado, así que ya no tienes control sobre ello. No puedes retirar el pedo, por mucho que quisieras. No puedes proteger al pájaro.(...)La música entra en el entorno como si de un elemento atmosférico se tratara, como el viento, y como tal no debería estar sujeta a control o compensación”.

A diferencia del pensamiento dominante en la mayoría de la industria, Albini cree que nunca ha habido un momento mejor para estar involucrado en la música. “Veo más bandas y escucho más música de lo que nunca he hecho en mi vida. Hay más conciertos, más canciones disponibles, las bandas son tratadas con más respeto, y tienen más control sobre sus carreras y destinos. Las veo como una constelación de empresas: algunas grandes, algunas pequeñas, la mayoría pequeñas pero todas con una respuesta más inmediata de su audiencia y mayores posibilidades de tener éxito. Es realmente excitante”.

Lo cierto es que, a grandes rasgos, cuesta mucho llevarle la contraria a Steve Albini. Puedes leer su charla al completo aquí.


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