PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left
Artículo O.J. Simpson: atleta, actor, icono, criminal... e inventor de la telerrealidad Historias

Historias

O.J. Simpson: atleta, actor, icono, criminal... e inventor de la telerrealidad

H

 

Fue una estrella negra amada por los blancos, y cambió para siempre la televisión

15 Septiembre 2016 11:36

El 17 de junio de 1994, los ciudadanos de Los Ángeles salieron a la calle masivamente. Negros, blancos, jóvenes, adultos, hombres, mujeres. No importaba quién fueras, tenías que verlo.

O.J. Simpson estaba circulando por toda la ciudad con su Bronco blanco. Detrás de él, varios coches de policía le escoltaban. Pedían que se calmase. Pero Simpson solo quería llegar a su casa, en el número 360 de North Rockingham Avenue, para acabar con su vida. En su mano tenía una pistola, que sujetaba con fuerza mientras avisaba a los agentes:

“Solo quiero hacer esto bien. En mi casa, no en medio de la carretera”.



Un intento de suicidio seguido por millones de personas.

Mientras tanto, el público le animaba a escapar. “Free O.J.!” vociferaban, junto a pancartas que pedían su liberación. Había sido acusado de doble homicidio y aquella mañana tenía que haberse entregado al Departamento de Policía de Los Ángeles. Pero ese no era el método de O.J.

Él sabía que tenía a todo el mundo a su favor. Más de 250.000 personas habían salido a la calle a verle. Millones lo estaban viendo por televisión. Así que, creando un espectáculo que nada tenía que envidiar a su interpretación en Agárralo como puedas, puso la primera piedra del que acabaría siendo “El juicio del siglo”.

O.J. Simpson fue muchas cosas. Fue el primer negro en ser bien aceptado por toda la comunidad blanca estadounidense. La primera gran estrella en decepcionar a sus seguidores con la acusación (y culpabilidad civil) de cometer un doble asesinato. Uno de los primeros deportistas en entender que su fama era mucho más importante que sus logros. Y, como demuestra el reciente documental O.J.: Made in America, también fue el precursor de los reality shows.

La vida de Simpson era la que se mostraba a los niños de los 80 para explicar el sueño americano.

Nacido y criado en un barrio humilde de San Francisco, a los cinco años tuvo que lidiar con la separación de sus padres –después se supo que su padre era homosexual– mientras sufría una enfermedad que le afectaba a los huesos.

Durante la juventud, su vida se limitaba a salir a delinquir con sus amigos e intentar salir airoso de sus problemas, algo que solía conseguir gracias a su carisma irresistible.

Pero pronto se destapó como un prodigio del fútbol americano.

Era un running back portentoso y, gracias a sus capacidades consiguió una beca atlética con los Southern California Trojans. Su equipo universitario comenzó a ganarlo todo. Con Simpson al mando, nada podía salir mal. Se había convertido en un referente deportivo antes incluso de graduarse, por lo que cuando fue fichado por los Buffalo Bills no tardó en romper un récord histórico de la NFL: correr 2.000 yardas en una sola temporada.


No solo le daba igual que su vida privada fuera de dominio público, sino que le encantaba.

Sin comerlo ni beberlo, se había convertido en una golosina para la prensa. Por primera vez en su vida, había sentido amor real. Amor profesado por gente que le admiraba como un referente a seguir. Por fin, había encontrado algo con lo que sentirse realizado. No solo le daba igual que su vida privada fuera de dominio público, sino que le encantaba.

Pronto, O.J. Simpson entendió que la vida de un futbolista era demasiado efímera. Sus condiciones físicas decaían y corría el riesgo de que nadie se acordara de él pasados unos meses. Tenía que buscar la forma de seguir siendo famoso, y encontró la respuesta en Hollywood.

Su carrera como actor no fue precisamente brillante, pero gracias a sus pinitos como comentarista y a su recuerdo de estrella deportiva, siguió apareciendo en todas las revistas y programas del corazón de la época. Era un mina para la prensa rosa, más aún por una ajetreada vida privada que no trataba de ocultar.

oj simpson

Todos le querían. Así que, cuando comenzó “El juicio del siglo”, la noticia no pudo ser más impactante. 

La medianoche del 12 de junio de 1994, Nicole Brown, la exmujer de Simpson, fue encontrada asesinada a puñaladas en su casa de la calle Centinela Avenue. A su lado, se hallaba el cuerpo sin vida de Ronald Goldman, amigo y supuesto amante de Brown. 

Ambos habían sido asesinados después de una brutal paliza. Y el mayor sospechoso era O.J. Simpson.

¿Cómo? ¿Que O.J. ha matado a su exmujer y su novio? ¿El mismo del anuncio los coches Hertz? Nadie podía creérselo, y aún hoy en día muchos no se lo terminan de creer. Se trataba de la primera gran polémica judicial donde el motor principal era la fama.

La prensa rosa ahora era amarilla. Había sangre por doquier. Y la teatralización del acto, con guantes que aparecen y desaparecen y un problema de fondo como era el racismo policial, convirtieron el caso en la historia más jugosa del panorama mediático.

"Ya no presentamos las noticias en términos de importancia. Ahora las damos mirando lo que es más atractivo para el público. Lo que conseguirá más audiencia", dice uno de los periodistas de informativos recogidos por el documental.

90s glove oj simpson glove dont fit


De abogados y fiscales a estrellas televisivas.

O.J. Simpson cambió el modo en que funcionaba la agenda-setting. Solo había una tele por cable en Estados Unidos, pero se pasaba las 24 horas dando las últimas novedades sobre el caso. Las cifras comenzaban a mandar en los medios, de forma que buscaron la manera de estirar el juicio para seguir monetizando la situación.

Todos los actores del juicio se transformaron en estrellas de Hollywood. Los abogados ya no eran profesionales de su oficio, sino iconos televisivos. Solo hay que echar un vistazo a la trayectoria de algunos de ellos para ver la repercusión que el juicio tuvo en sus vidas:

Kato Kaelin, locutor de radio sin demasiado éxito, tuvo una gran trayectoria en el cine después de hacerse popular como testigo del caso.

F. Lee Nailey, uno de los abogados defensores de Simpson, acabó conformando su propia empresa, IMPAC, tras acabar el juicio.

Mención a parte merece Robert Kardashian, amigo íntimo de O.J., uno de sus abogados y, sí, el padre de Kim, Kourtney, Khloé y Rob.  

Las hermanas Kardashian vivieron desde la primera fila todo lo que rodeó al juicio, y suele decirse que ahí fue cuando Kim interiorizó todos los mecanismos de la atención mediática, desarrollando un instinto que la acabaría convirtiendo en estrella, a ella y a toda su familia. En cierto modo, pues, podría decirse que Simpson no solo fue el precursor de los realities, sino también originó a la mayor estrella de todos ellos.

El juicio de O.J. era más popular que la Super Bowl, y los equipos estaban aún más divididos. Cuando se dictaminó su inocencia según el jurado, una gran mayoría negra de Los Ángeles salió a la calle, animados por una victoria que no estaba tan relacionada con ver ganar al exdeportista como con ver perder a un Departamento de Policía que durante años había abusado brutalmente de ellos.

Los blancos, por su parte, lloraban desconsolados ante la injusticia. Acababan de ver salir de rositas al asesino de dos víctimas inocentes que fueron brutalmente descuartizadas. Tanto se llegó a caldear el ambiente que hubo un gran número de disturbios en Los Ángeles. Las peleas y disputas se trasladaban del ámbito político al familiar. El conflicto legaba a todas partes. Y todo por el juicio de un famoso a quien nadie esperaba recordar pasados unos años.

Pero, como ocurre con todas las estrellas de los reality shows, su final no podía ser tan bonito. Y así fue.


Como ocurre con los realities, su final no podía ser feliz.


En 2008, O.J. Simpson fue condenado a 33 años de cárcel por diferentes delitos, entre los que se encuentran el robo a mano armada y secuestro. Tal y como declaran en el documental partícipes de ambas partes del juicio, se trató más de una venganza por el crimen que no pagó que un castigo justo por un delito.

Sin embargo, fue el más justo de los finales para alguien que se vio superado por su propia fama. Quiso tenerlo todo, lo consiguió y lo perdió por no saber mantenerlo.

share