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Artículo La realidad más brutal de Afganistán, reflejada en los ojos de una mujer sin miedo Historias

Historias

La realidad más brutal de Afganistán, reflejada en los ojos de una mujer sin miedo

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La fotógrafa Paula Bronstein recoge en un poderoso libro 15 años de imágenes íntimas que retratan la vida en el país de la guerra eterna

Margaryta Yakovenko

27 Junio 2016 23:35

Hace 15 años Paula Bronstein decidió embarcarse en el viaje que marcaría para siempre su trayectoria personal. Durante el otoño de 2001, en medio de la Operación Libertad Duradera iniciada por EEUU tras el 11S, Bronstein entró por primera vez en Afganistán desde la ciudad paquistaní de Quetta.



Los bombardeos estadounidenses llegaban a su fin dejando miles de personas que huían de la guerra y se alojaban en campos de refugiados. Afganistán era el país sin ley, el de la muerte y el dolor.



Ahora, la situación no ha mejorado demasiado. La guerra nunca acabó y desde esa primera operación el país vive en medio de una contienda eterna. Bronstein supo pronto, desde el primer momento en el que pisó su árido suelo, que nunca podría dejar de volver a Afganistán.



En la última década y media, Bronstein ha estado en innumerables ocasiones recorriendo la geografía afgana, intentando captar todo rastro de cotidianidad en sus instantáneas. Como testimonio de sus visitas, Bronstein es poseedora de una ingente colección de fotografías que ahora ha transformado en un poderoso libro, Afganistán: entre la esperanza y el miedo, que será publicado en agosto por University of Texas Press.

Fotografías llenas de angustia, pero también de esperanza, donde la resistencia indomable del pueblo confluye con la belleza del paisaje.



Su trabajo, que ha ido mucho más allá que la simple documentación de los desastres de la guerra, retrata la complejidad de la vida diaria en un lugar del mundo devastado, y a menudo retrógrado y conservador.



"He hecho algunas de las fotografías más extraordinarias de mi carrera en Afganistán, cara a cara, ofreciendo una mirada compleja e intrigante y que revela la tensión constante entre el optimismo y la realidad que da forma a la vida de tantos aquí", escribe Bronstein en el epílogo del libro.



Sus protagonistas suelen ser las mujeres con las que empatiza a un nivel extremadamente íntimo, consiguiendo que le relaten su vida y dejen que entre en sus hogares. La confianza que llega a tejer con ellas es vista por los hombres como algo tremendamente peligroso, tanto que algunos han prohibido a las mujeres volver a abrirle la puerta a la fotógrafa si regresa.



Entre todo el sufrimiento silencioso podemos encontrar imágenes llenas de un dolor resonante, como la del ataúd que las mujeres sostienen a hombros. Dentro de la caja de madera yacía Farkhunda Malikzada, de 27 años, falsamente acusada de profanar el Corán, golpeada hasta la muerte por un grupo de hombres, atropellada por un Toyota y cuyo cuerpo fue posteriormente incendiado.



Ese día las mujeres decidieron que no iban a quedarse en su hogar de brazos cruzados. Salieron en forma de procesión funeraria con el ataúd a hombros. "No querían manos masculinas en su ataúd", relata Bronstein en su libro.



Ese momento de esperanza brilla entre imágenes de caras destrozadas, de historias de autolesiones y de mujeres recluidas tras un burka por miedo a enseñar su cara, con miedo a tener una identidad.



Entre esos resquicios de luz también se filtran fotografías donde las niñas montan en monopatín y se sientan en las clases de un colegio. Christina Lamb, corresponsal destinada en numerosas ocasiones a Afganistán que comenta el libro de la fotógrafa, señala que, a pesar de todo el dolor acumulado, las cosas están cambiando para mejor.



En la década de los 80 las mujeres no podían estudiar y podían sufrir castigos por llevar pintalabios o pintauñas. Ahora, esas reglas absurdas empiezan a difuminarse. El país cambia lentamente y se lame las heridas que la guerra ha dejado durante décadas en el alma de estos hombres y estas mujeres dispuestos a sobreponerse a todo.




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