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Artículo Muertes ecológicas: cadáveres por el desagüe para evitar la contaminación Studio

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Muertes ecológicas: cadáveres por el desagüe para evitar la contaminación

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Una práctica revolucionaria que está escandalizando a la Iglesia

María Yuste

23 Junio 2016 19:31

Se llama hidrólisis alcalina y, a pesar de sonar a química pura, es la alternativa respetuosa con el medio ambiente para los entierros y cremaciones tradicionales.

¿Por qué? Pues, para empezar, porque mientras que la cremación libera 250 kg de dióxido de carbono a la atmósfera, la hidrólisis alcalina, dicen, libera solo 50.

Esta técnica se ha estado llevado a cabo durante 40 años para la disolución de cadáveres, tanto animales como humanos, usados en investigaciones médicas. Sin embargo, durante la última década se ha abierto al gran público y se ha legalizado en casi una docena de estados en Estados Unidos y en tres provincias de Canadá.

Una cremación libera 250 kg de dióxido de carbono y la hidrólisis alcalina solo 50

Según los expertos, el cuerpo se desintegra de una forma similar en la que lo hace enterrado solo que, en vez de tardar 15 ó 20 años en hacerlo, lo hace de forma inmediata.

Básicamente el cadáver es bañado en agua e hidróxido de potasio, o hidróxido de sodio, a 175ºC. Este proceso reduce la carne y los órganos a líquido. Un líquido color café que, tras ser filtrado varias veces, se desecha por el desagüe y va a parar a una planta de tratamiento de aguas residuales.

Lo único que queda entonces son los huesos, que son secados en un horno eléctrico y triturados hasta que se convierten en polvo. Se trata de la única parte que se entrega a los familiares.

Caitlin Doughty, una funeraria que habló del proceso en su blog, hizo una comparativa en la que el entierro natural sin féretro equivaldría, para el medio ambiente, a montar en bici, la hidrólisis alcalina a conducir un híbrido gasolina-eléctrico, la incineración un Ford y el entierro tradicional un Hummer.


El cuerpo se desintegra de una forma similar en la que lo hace enterrado pero de forma inmediata



Sin embargo, a pesar de lo revelador de la comparativa, apenas la mitad de los estados que la permiten en Estados Unidos cuentan con las instalaciones para hacerlo. El gran opositor a la hora de permitir que se practique es la Iglesia católica.

En 2011, la conferencia católica de Ohio consiguió posponer su implantación al alegar que disolver un cuerpo en un tanque lleno de químicos y tirar el resultado por el desagüe no es una forma respetuosa de deshacerse de unos restos mortales.

Son estas razones morales que, de alguna forma, pasan por alto la falta de respeto al medio ambiente que supone una sepultura tradicional en la que se emplean líquidos de embalsamamiento que son contaminantes para el agua. O una cremación que libera dosis de mercurio y necesita la energía equivalente a la tala de 35 árboles.

10 estados de Estados Unidos y 3 provincias de Canadá ya lo permiten


Lo cierto es que, se use el método que se utilice, lo haya aceptado ya la iglesia o no, es difícil encontrar dignidad en la descomposición de un cuerpo humano. No hay dignidad en la putrefacción de la carne, del mismo modo que no lo hay en arder o en convertirse en unos litros de agua de aspecto turbio y olor antiséptico.

Nada puede librarnos de nuestro final indigno pero, en nuestro último momento de contacto con la tierra, aún hay algo que podemos hacer por el futuro eligiendo un último adiós sea lo menos contaminante posible. Porque morir destruyendo la naturaleza que propicia la vida es morir por partida doble.

Vía Quartz


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