PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Sports

Así desnuda el calcio al fascista Salvini

H

 

¿Qué tiene que ver Will Smith con el cierre de puertos italianos de Salvini? ¿Es un futbolista internacional italiano que se pintaba el cuerpo de color rosa la némesis del ministro de Interior? ¿Pasa por un delantero uno de los debates clave sobre la migración en Europa?

Ignacio Pato

11 Junio 2018 13:09

No hace mucho decía Bob Pop que Eurovisión es "la música que suena según avanza la ultraderecha en Europa". La pasada Eurocopa de Francia también le daría la razón al crítico cultural, ya que prácticamente toda la violencia que llamó la atención de los medios a nivel estético tenía su raíz en la impunidad y libertad de movimientos de diversos grupos xenófobos del continente.

La conclusión más clara de los últimos meses no es que se hayan multiplicado, sino que muchos discursos, programas y resultados electorales de políticos de ultraderecha han legitimado el odio.

Este es mes de mundial y hace unos días veíamos el vídeo de la canción oficial. Se llama Live it up y la cantan Nicky Jam, Era Istrefi y Will Smith. La letra es un esquizofrénico blanqueo político del contexto del megaevento. Comienza con una frase sobreimpresionada de Publio Siro, "Donde hay concordia siempre hay victoria". El hecho de que el escritor latino fuera un esclavo sirio liberado, indultado gracias a su ingenio, es demasiado parecido a una de las máximas capitalistas, la redención a través del camino individual y diferenciado de los demás. Sobre la unidad y fortaleza del imperio romano huelga recordar que fue una de las fuentes de inspiración del fascismo italiano.

Después, la canción arroja la identidad a la thermomix. "Soy un rebelde, vengo de cada nación bajo el sol", canta Will Smith en plan hippy para después reconocer que "una vida, un sueño, un momento, un equipo, una juventud, luces fuertes, mil carreteras cortadas, un tiro, una verdad, sin miedo... una bandera, oh yeah". Aunque luego se quiera retomar el sobadísimo "un amor, una nación", ese "una bandera" es un buen resumen de políticas como la de Matteo Salvini ayer cerrando los puertos a un barco con más de 600 personas en situación de vulnerabilidad.

El Mediterráneo no tiene bandera, tampoco hay una bandera -por mucho que le gustase a Will Smith- de "los países bajo el sol"; Italia sí tiene. Y esa es la que el ministro de Interior agita al grito de "Italia ha dejado de bajar la cabeza y obedecer, esta vez es ella quien decide". O "mi objetivo es garantizar una vida serena a estos chicos en África y a nuestros hijos en Italia". El viejo axioma del orden xenófobo, cada cual en su casa.

Salvini es un conocido de los aficionados al fútbol. Milanés y milanista cerrado, hace diez días todo el mundo se fijaba en la pulsera del AC Milan que lleva cuando juraba su cargo.

Su discurso futbolístico entronca perfectamente con su populismo de derechas. A su propio equipo, cuando las cosas con Montella no iban bien, lo llamó "equipo ridículo de millonarios". Otra de sus ocurrencias ha sido "menos dinero y más sudor".

A la final de la Coppa Italia Juve-Milan de hace un mes fue vestido con una de las marcas que comercializa el movimiento fascista -tercerposicionista para más señas- CasaPound. Pivert es propiedad en su 70% de Francesco Polacchi, líder del ultraderechista Bloque Estudiantil. La sede legal de de la marca en Roma -y el número de teléfono- está compartida con Il Primato Nazionale, la revista de CasaPound.

Las dos bestias negras futbolísticas de Salvini son el Sur y Balotelli.

Llevaba cinco años de eurodiputado cuando toda Italia le vio cantar "mira qué peste, se van hasta los perros, están llegando los napolitanos, colerosos, terremotados, no os habéis lavado nunca con jabón, Nápoles mierda, Nápoles cólera, sois la vergüenza de toda Italia". Para excusarse, años después, dijo que fue "un cántico de estadio". Demasiado parecido a una versión que ya se cantaba justo en el estadio del Milan a finales de los 80: "Nápoles negra, Nápoles cólera, sois la vergüenza de toda Italia, por eso vota Liga Lombarda para eliminar a esta raza bastarda". La Liga Lombarda fue uno de los partidos fundadores de la Liga Norte de Salvini. Cada vez que Salvini ha ido a Nápoles ha habido concentraciones de rechazo. En Nápoles la Liga Norte sacó menos del 3% de votos en las últimas elecciones. Su voto nacional fue de casi el 18%.

No es el único -también lo han hecho los de Palermo, Catania, Reggio Calabria o Taranto-, pero el alcalde de Nápoles Luigi de Magistris ha contrariado la orden de Salvini declarando su ciudad como abierta a recibir al barco de salvamento Aquarius. Es una especie de versión dura del tuit que publicó el Napoli hace unos meses, cuando corrieron unas fotos de Salvini con varios jugadores de la plantilla. El club no aceptó las disculpas del hoy ministro contra los napolitanos.

Las personas con otro color de piel o de otros lugares del Sur en general son su otro sarpullido. La eliminación de jugar el mundial de la selección italiana fue una ocasión en la que afloró la xenofobia de algunos, entre ellos Salvini. "Demasiados extranjeros, desde juveniles a la Serie A, y este es el resultado. Stop invasión", escribió. Lo curioso es que el mejor de aquel partido fue Jorginho, nacido en Brasil.

Pero su némesis es Mario Balotelli. El delantero ya criticó que el primer senador negro en la historia de Italia, Tony Iwobi, fuera de la Liga Norte. "Si Balotelli no me gustaba en el campo, ahora me gusta mucho menos fuera de él", contestó Salvini. Durante otra polémica, el jugador del Niza respondió a Salvini "¿Este es un político? Para eso mejor votadme a mí". El futbolista se ha escondido contra el racismo, ha comido plátanos con orgullo cuando a Dani Alves le lanzaron uno, se ha llevado amarillas por contestar a aficionados que le gritaban coros racistas, aficiones como la del Milan -sí, el equipo de Salvini- o el Verona han gritado "no hay negros italianos" jugando contra él... y, finalmente, cuando ahora ha sido nombrado uno de los capitanes de la Azzurra, Salvini ha vuelto a chocar con él.

Hace unos días Balotelli jugaba con Italia con una gran pancarta en la que se leía "Mi capitán tiene sangre italiana". A la vez, sobre el nuevo gobierno ha declaro que "es hora que Italia sea como otros países e integre a las personas que llegan de fuera, como Francia o Inglaterra". Es también su caso, hijo de migrantes de Ghana en Palermo, finalmente adoptado por una familia de Brescia.

Mario, de pequeño, se lavaba las manos con agua hirviendo y se pintaba la piel de color rosa. "No quería ser negro", dijo una de sus maestras.

Ahora sobre su capitanía con la selección ha dicho que sería un gran mensaje para un montón de chicos llegados desde fuera a Italia. Salvini ha contestado, entre risas nerviosas, que espera que "no sea elegido por motivos sociológicos, filosóficos o antropológicos, sino porque hace vestuario, es humilde y juega bien". "Quizá Balotelli me sorprenda, pero en estos años no me ha parecido una persona humilde capaz de poner de acuerdo a la gente", dijo.

Balotelli nació en Palermo pero no fue ciudadano italiano hasta los 18 años. "Esa ha sido la peor parte de mi vida", ha contado hace solo unos días. "La ley debe cambiar", también. Se refiere al Ius Soli, un debate en el que todo el espectro de derecha italiana, desde Forza Italia a CasaPound, cierra filas. El derecho ligado al territorio, el derecho a tener nacionalidad del país en el que nazcas, reconocido en algunos países y que amplía las garantías del más mayoritario ius sanguinis o derecho de sangre.

"No es una prioridad eso, tú juega al fútbol", le ha dicho, literalmente, Salvini.

share