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Llega la Superliga Argentina: ¿más moderna?, ¿más desigual?

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Verla será más caro para un argentino que para un español la Liga

Ignacio Pato

25 Agosto 2017 06:00

A la fuerza ahorcan es un dicho que se podría aplicar al fútbol argentino, aunque en su caso ha sido un ahorcamiento metafórico lento. Tres años han pasado desde que murió el patriarca Grondona, Don Julio, el que parecía presidente eterno de la AFA. Han sido tres años de indefinición, en los que el fútbol argentino ha sido una potencia desperdiciada, un Ferrari sin gasolina.

La maniobra de resurrección más concreta se llama Superliga Argentina y comienza hoy 25 de agosto. Fue presentada hace unos días en un hotel de la zona chic de Puerto Madero y cuenta con el respaldo sin paliativos del presidente Macri y con un objetivo entre ceja y ceja: modernizar la Argentina futbolística. Liberalizarla y desigualarla, dicen las voces críticas.

Una novedad inmediata van a notar los argentinos en sus bolsillos. Tendrán que pagar por ver la liga argentina por primera vez en ocho años. La Superliga nace con el certificado de la muerte de Fútbol Para Todos, programa gubernamental de Cristina Fernández que estatalizaba los derechos televisivos del fútbol. Ahora habrá que sintonizar Fox y Turner, que han pagado a la AFA casi mil millones de euros por tener la Superliga hasta 2022. El 'paquete fútbol' costará a cada hogar 300 pesos mensuales, unos 15 euros al mes, más que los 10 que paga un aficionado español por ver en BeIN casi toda la jornada de La Liga.

Con 300 pesos, como recuerda Christian Colonna en Revista Un Caño, se pueden comprar 15 litros de leche, dos o tres pizzas, siete kilos de pan u otras tantas cervezas en un chino. 

"El abono de cable que yo pago son 1.400 pesos, agregarle 300 no me cambia mucho", opina el periodista Diego Borinsky, periodista de El Gráfico, la revista-biblia del fútbol argentino. "No todos los partidos van a ser de pago, y además en todos los países ya funciona así. Si no, lo pagan todos los ciudadanos y hay otras urgencias. Lo otro es demagógico y no es sostenible".

Algo diferente es la visión de Edu Bejuk, escritor y editor de la revista de San Lorenzo: "Si uno lo ve en el contexto político actual, que el fútbol ahora sea más caro quizá tiene que ver con el regreso de una mirada más neoliberal en Sudamérica. Yo creo que va a volver la cosa folclórica de que antes se juntaba la gente en un bar para ver el fútbol en el televisor pidiendo un café. Aunque el café también ha subido".


La publicidad de la Superliga de Turner ya cosechó su primera polémica: en redes circularon los memes y los aficionados de Vélez y de los clubes del interior se quejaron de no estar representados


Esa subida en derechos televisivos se traduce en ingresos para los clubes. Que su reparto sea lo más igualitario posible es una demanda de muchos aficionados, o al menos los que no son de River y Boca, temerosos de que se configure una liga bipolar a la española, donde Madrid y Barcelona generan más e ingresan más en círculo vicioso. El reparto aun no está definido, aunque se habla de escalones, donde, además de los dos gigantes porteños, haya una clase media con Racing, Independiente, San Lorenzo y Vélez y después el resto.

El cobro de esos derechos por cada club introduce otra novedad. Futbolistas Argentinos Agremiados, el sindicato de jugadores, ha conseguido arrancar un compromiso: el club que le deba dinero a sus futbolistas no estará en el reparto, o incluso se expondrá a la merma de puntos o a la desafiliación. "Los grandes ganadores son los jugadores", opina Borinsky, quien se refiere al endurecimiento con los morosos como algo que "no pasó aquí en 35 años". Volvemos a Grondona.

"Antes lo manejaba con su mercado de favores. Le venía un dirigente y le decía 'Don Julio, adelántame tanta plata de la tv, no me pongas este horario, no me pongas este árbitro, no me sanciones'. Después los clubes votaban a Grondona", asegura. Los principales clubes en peligro son Newell's, Banfield o Huracán. "Cuadrar las cuentas puede ser un efecto positivo, que los clubes no estén virtualmente quebrados mientras contratan jugadores. Si se cumple, bien", coincide Bejuk.

El nuevo torneo contará además —inspirado en la LFP española de Javier Tebas— con un CEO propio, Mariano Elizondo. Para Borinsky, es otro paso para eliminar el poder de los dirigentes.

Otra novedad es que habrá partido el domingo a las 11 de la mañana argentinas para hacerlo rentable audiovisualmente en Europa. También se tratará de blindar la exclusividad de Fox y Turner: los resúmenes de los goles tardarán al menos dos horas en poder ser reproducidos en otras cadenas, para aumentar y quien grabe en el estadio y lo suba a las redes sociales será castigado.

Que la Superliga es un intento por modernizar el fútbol argentino es un hecho. La duda es en qué sentido.

Para Bejuk, "detrás quizá se esconde el objetivo máximo de Macri de avanzar sobre un fútbol en el que los capitales tengan más preponderancia, las sociedades anónimas, algo que cuesta mucho vincular con el fuerte contenido cultural que tiene el fútbol en Argentina, donde el club se concibe como hace un siglo, como una asociación social sin fines de lucro. No olvidemos que aquí los clubes cumplen a veces una función que no cubre ni el Estado ni las ONG".

Esa postura la ilustra un dicho popular: "para los chicos, una hora más en el club es una hora menos en la calle". Quizá a partir de ahora haya que empezar a sustituir la primera parte por "una hora más delante de la tele", si en casa no faltan esos 300 pesos al mes.







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