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100 años de sufragistas, 100 años de suffrajitsu

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Hace hoy 100 años las mujeres conquistaron el derecho a voto y demostraron que el sistema patriarcal no es abstracto: usaron el jiujitsu para vencerle

Ignacio Pato

06 Febrero 2018 17:17

Hace hoy 100 años que el movimiento sufragista triunfó obligando al vetusto Parlamento británico a reconocer el derecho al voto de las entonces 8 millones de mujeres mayores de 30 años que había en Gran Bretaña. Fue, como todas las victoriosas, una lucha colectiva llena de valentía y firmeza. Forjada con el "deeds, not words" -hechos, no palabras- de Emmeline Pankhurst, una llamada a la acción directa en el espacio público o las huelgas de hambre, y forjada también con la progresiva toma de conciencia de mujeres como la ficcionalizada en el cómic Sufragista Sally Heathcote, empleada del hogar de Pankurst.

En medio cobraba importancia un clásico básico de todo colectivo en lucha: la autodefensa. Eso hacía posible que para detener a mujeres de 1,50 como Edith Garrud fueran necesarios agentes de policía de 1,80. ¿Magia? No, simplemente habían aprendido a defenderse tras haber sufrido más de cien detenciones en alguna manifestación.

¿Cómo? Practicando artes marciales. El jiu-jitsu, en concreto, era perfecto para el caso. La máxima "utilizar la fuerza del adversario contra él mismo" es la clave. Las proyecciones físicas de los represores contra el suelo allanaban el camino al voto. Garrud empezó a dar clases a otras mujeres. De fondo, resonaba el eco de la enseñanza de los apaches de París: dominar la lucha física para imponerse a la tiranía de la ley.

Muchas de ellas, conocidas popularmente como las suffrajitsus, integraron una especie de cuerpo de guardaespaldas de la Women's Social and Political Union. Entre sus habilidades no estaba solo el combate físico, también ponían ahínco en el arte del engaño y el disfraz. Muchas veces tuvieron que bregarse a fondo, como en la Batalla de Glasgow, cuando un mítin del WSPU fue reventado por la policía dejando decenas de personas heridas. Su historia pretende contarla el documental en fase de producción No man shall protect us. Ningún hombre nos protegerá.

La lucha se fue haciendo más y más dura pero llegaron las victorias: las sufragistas consiguieron que el gobierno tuviera que aprobar la Cat and Mouse Act, que ponía fin a una práctica que hoy es considerado tortura universalmente: la alimentación forzosa de prisioneras en huelga de hambre.

A las más activas en el dominio del jiu jitsu la prensa de la época les llamó amazonas y les dedicó artículos en los que se alertaba a los hombres británicos de que un grupo de mujeres organizadas amenazaba sus privilegios. También viñetas que presentaba como una especie de fieras indómitas a mujeres como Garrud, una de las primeras instructoras de artes marciales occidentales.

Una mujer que en sus demostraciones ante otras mujeres se enfrentaba a un rival vestido de policía. Juntas demostraron que el sistema patriarcal no es abstracto: le hicieron jiujitsu y ganaron.

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