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Sports

La bandera arcoíris ya no se esconde en las Olimpiadas

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Twitter: Gus Kenworthy
 

/OPINIÓN/ “Adam Rippon y Gus Kenworthy demuestran que su orientación sexual no es ningún hándicap a la hora de triunfar en un deporte y que la única barrera para el éxito sigue siendo los prejuicios de los demás” #CuántaPluma

Rubén Serrano

19 Febrero 2018 10:41

Los atletas LGTB+ que participan en los Juegos Olímpicos de Invierno están rompiendo con el tabú que siempre ha supuesto ondear la bandera del arcoíris en el deporte. Adam Rippon y Gus Kenworthy se han convertido en las figuras más mediáticas de la competición. Son los primeros estadounidenses abiertamente gais que compiten en este evento y lo están aprovechando para gritar a pleno pulmón que los deportistas homosexuales también existen.

Los dos están siguiendo la estela de compañeros como el nadador Tom Daley, el jugador de rugby Keegan Hirst y la futbolista Megan Rapinoe. Sin embargo, de los 2.952 atletas que participan en las Olimpiadas sólo 15 han reconocido públicamente su homosexualidad y todos pertenecen a países como Australia, Holanda, Bélgica o Suecia, donde la legislación LGTB+ ha avanzado. Pero ¿qué sucede con los otros 2.937 deportistas? Muchos de ellos deciden encerrar bajo llave su orientación sexual por la presión de los patrocinadores o por el miedo a que eso les pueda repercutir negativamente en su carrera.

Por eso, Rippon y Kenworthy se han convertido en el arma demoledora más potente de la comunidad gay. Patinador y esquiador están ayudando a visibilizar el colectivo LGTB+ a nivel mundial como nunca antes lo había hecho nadie. Sus muestras de afecto en público o el beso de Kenworthy a su novio en directo por televisión son gestos naturales, pero con mucho poder. Hay que difundir y darles importancia porque todavía hay sectores de la sociedad que no son amigos de la libertad y del respeto.

Con sus logros, los atletas LGTB+ también están callando a deslenguados homófobos y conservadores. El vicepresidente ejecutivo de Fox News, John Mooody, escribió un artículo en el que afirmó que, con tantos —sólo 2— deportistas homosexuales, su país no ganaría metales. A los pocos días de tales declaraciones Rippon ganó una medalla de bronce y Eric Radford, patinador homosexual de Canadá, se convirtió en el primer deportista gay reconocido en ganar un oro en esta competición.

Sus medallas derriban la absurda idea de que ser gay te hace menos fuerte, menos hombre y menos capaz de ser el mejor en el mundo deportivo. Y además, sus victorias se convierten en algo tan individual como colectivo, ya que todos estos deportistas se van a convertir en los referentes que nunca tuvieron y que muchos jóvenes deportistas necesitan hoy en día.

Si en 2018 a alguien le provoca un cortocircuito mental ver a deportistas LGTB+, el problema es suyo, no de los atletas. Cada vez habrá más y más jugadores de futbol, tenistas o nadadoras que decidan dejar de subyugar su identidad a los temores de los otros y vivir su vida con honestidad porque, como dice el famoso lema, “we are here, we are queer, get used to it (Estamos aquí, somos maricas, acostúmbrate)”.

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