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Sports

Unai Emery: el único puritanismo que no es un invent

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Avalancha blanca sobre un PSG que aun está muy lejos de disputarle el trono del Antiguo Régimen al Madrid

Ignacio Pato

15 Febrero 2018 11:04

Posiblemente, Mariano Rajoy haya resumido bien, en su línea de perogrullismo habitual, el partido del Bernabéu: "Ahí estamos. Hala Madrid".

Fue una noche medio rara, la noche de una profecía autocumplida. Era tan evidente que podía suceder pero que vivimos en medio de la inflación de revueltas y meandros escritos que acabó siendo una sorpresa que el tópico hiciera doble check azul: la Champions es la competición del Madrid y en sus noches tiraniza como un señor feudal. Sucedió así a pesar de tener el PSG la apariencia del control del partido especialmente a mediados de la primera mitad y sobre todo de la segunda, cuando la defensa del Madrid parecía un polígono de tiro para Neymar o Mbappé, muy desacertados y por momentos visiblemente superados por la ocasión. Sucedió así a pesar de no atreverse el árbitro a pitar un claro penalti de Ramos que quizá lo hubiera cambiado todo. Sucedió a pesar de que Isco y Benzema pareciera por momentos que tuvieran 40 años.

Zidane se guardó la baza de Bale pero era intuible que la baza de verdad era Marco Asensio. Así fue. El Madrid primero se quitó la correa e inmovilizó con ella al PSG. Después se quitó el bozal. Cristiano y Marcelo -ayer tocó partidazo del no siempre previsible pero ya legendario lateral- prácticamente solo tuvieron que esperar dos entregas de ese Amazon con piernas que es el mallorquín.

En el banquillo francés, la cara de Unai Emery era la de siempre, la de limón. Los hechos le volvían a delatar. La apuesta por Lo Celso salió mal: solo ganó el 25% de sus duelos contra los madridistas. La de Berchiche por Kurzawa deja la duda de si el último podría haber tapado algo mejor a Cristiano. Cavani, aunque de esto no tiene toda la culpa el técnico, directamente no estuvo: en la hora que estuvo sobre el césped tocó solo once balones.

El jeque Al-Khelaifi no le ha dado todo para que le meta ocho al Dijon, sino para mostrar un poco más de atrevimiento en partidos como el de anoche. Emery va en Ferrari a por el pan y después pretende cruzar Europa en tractor. Y encima anoche el primer peaje era el Bernabéu.

Tres semanas le quedan a Emery para pensar qué hacer en París el 6 de marzo. Pinta mal: casi toda opción sensata pasa por que su equipo sea un trueno sin miedo ni mesura. Es decir, que no parezca un equipo suyo.

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