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Puigdemont, ¡tribunero!

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¿Sabías que el president escribía crónicas de partidos de fútbol? Y resulta que tenía el morro fino: un 7-4 le parece "aburrido"

Ignacio Pato

20 Octubre 2017 14:17

¿7-4 un partido aburrido? Venga ya.

Sabíamos que Puigdemont, a pesar de sus últimas vaguedades comunicativas —y de su empeño por el género epistolar casi en 2018—, es periodista de profesión. Sabíamos, porque en la ola de retuits viejos del president relativamente aplicables al actual procés había alguno dedicado a ello, que es muy futbolero. Podríamos intuir que uniendo ambas facetas tuviera un pasado como cronista de fútbol local.

Gracias a José Hernández —miembro del Centro de Investigaciones de Historia y Estadística del Fútbol Español (CIHEFE)— que ha recuperado el documento, sabemos que al menos hizo una de un Amer-Les Planes, casi derbi de comarcas y para el diario Los Sitios de Girona, en los años ochenta.

Lo que no sabíamos es que ese corresponsal "de 24 años y soltero" era tan tribunero.



Si has ido a un estadio de fútbol has visto a un tribunero. Mejor dicho, le has oído. Es un rol, por lo demás, muy masculino: va de gritar, mover los brazos como si estuvieras aparcando un airbus y sobre todo de emitir juicios sobre lo que hacen los demás. La tragedia del tribunero es a la vez su propia salvación: no está él en el césped. Hace que entiende mucho de fútbol pero nadie recuerda haberle visto calzando botas de tacos.

Un buen tribunero tiene tendencia al ventajismo. "Pásala", le gritará al jugador que lleve el balón. Si este le hace caso y falla el pase, el tribunero optará por negar y emitir alguna variante de "así no, joder". Si da la orden de tirar a puerta y se va a las nubes, no se explicará por qué el jugador no ha pasado el balón. El tribunero lleva viendo al jugador desmarcado desde que sale de su casa con medio kilo de pipas en la chaqueta.

No tiene reparo en pasarse hora y media llamando cojo a un jugador y, si este marca el gol salvador al final, girarse en 360º al grito de "os lo dije". Sí, en sus ratos de civil es el que se ríe de ti por haber firmado una hipoteca, por pagar de más por un vino o por no saber montar una puta silla de Ikea.

Pero si un rasgo define al tribunero es que nunca está contento del todo. Ahí entra la otra tendencia que parece abrazar Puigdemont en su crónica: el snob orgulloso que se aferra a una idea aunque la realidad le contradiga.

"7-4, demasiados goles en un partido tan malo" es su titular. Pase el adjetivo de "malo" si se refiere a las defensas, desde luego no es para que los centrales y los porteros se fueran muy contentos. Pase que en el texto llame "extraño" a un partido con un gol cada 8 minutos.

Pero ¿"aburrido"?. Menudo morro fino, president.

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