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Cuando anular un gol valía una tumba en Medellín

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Hoy se cumplen 27 años del asesinato del árbitro Álvaro Ortega. En realidad llevaba muerto tres semanas: desde que le anuló un gol a Independiente de Medellín

Omar Naboulsi

15 Noviembre 2016 17:57

A Álvaro Ortega le frieron a balazos la noche del 15 de noviembre de 1989, pero estaba muerto desde hace semanas. Exactamente desde el 26 de octubre, cuando pitó en Cali el partido que enfrentó a América ante Independiente de Medellín. Los locales ganaron por 3 a 2 y Ortega anuló un gol de chilena a Independiente a falta de dos minutos por juego peligroso.



En circunstancias nomales esa decisión no le hubiera condenado a muerte, pero Independiente era el equipo de los amores de Pablo Escobar Gaviria. Dejando a un lado los negocios y la familia, el fútbol era la gran pasión del Patrón. No permítia que nadie jugara con sus sentimientos.

Uno de los sicarios de Pablo Escobar, Jhon Jairo Velasquez, "Popeye", asegura que su ex jefe ordenó la muerte del árbitro. "Ese día yo estaba al lado del Patrón y América de Cali le ganó a Medellín con la mano del árbitro. Pablo quedó muy ofendido y ordenó a Chopo que buscara al árbitro Álvaro Ortega para matarlo" contó Popeye en el documental Los dos Escobar, con el delito ya prescrito.

A pesar de las duras críticas que recibió, la División Mayor del Fútbol Colombiano escogió por sorteo a Ortega como juez de línea en el siguiente partido entre Independiente y América.


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El árbitro principal fue Orlando Reyes, Ortega el primer linier y Jesús Díaz de asistente. Este último estaba considerado como el mejor árbitro de Colombia y el público lo reconocía. Era consciente del riesgo que estaba corriendo Ortega al estar en Medellín después del gol anulado a Independiente.

Díaz, como buen amigo de Ortega, trató de convencerlo para que renunciara a arbitrar ese partido, pero su orgullo se impuso y se negó a huir de Medellín. En la misma mañana del partido, Ortega recibió una llamada en el hotel donde se hospedaban los árbitros. Nunca reconoció que fuera una amenaza de muerte, pero Díaz lo intuía por el extraño comportamiento de su compañero.

El partido acabó en un aburrido 0-0, pero el público notaba la tensión que rodeaba a los árbitros aunque no se jugaran nada. Una patrulla les acercó después del partido a un restaurante para cenar, a unos 100 metros de su hotel. Díaz recuerda todo a la perfección.



Sobre las once de la noche salieron del restaurante hablando de la llamada que había recibido Ortega por la mañana. De inmediato un coche se paró a su lado. De la ventanilla del copiloto salió una ametralladora y un hombre que gritaba "Apártese Chucho", que era el apodo de Díaz. Ortega intentó escapar pero un disparo le dio en una pierna. Una vez en el suelo, el sicario le disparó nueve veces a quemarropa.

Díaz se fue a por el coche insultando antes de que huyeran. El conductor se bajó encañonándole la cabeza y le dijo: "Tranquilo, Chucho, esto no va con usted".

Aún sigue indignado porque nadie les ayudó. Díaz cargó con el cuerpo de Ortega hasta que un mendigo le ayudó a parar un coche. El sintecho aprovechó la coyuntura para robarle la cartera a Ortega, pero se quedó sin dinero porque lo llevaba en otro bolsillo. Cosas del karma. A los pocos minutos de llegar a la clínica más cercana, un médico confirmó la muerte de Ortega a los 32 años.



Su muerte provocó que se suspendiese el Campeonato Colombiano de 1989. Ese año no hubo campeón del país ni representante en la Libertadores para el siguiente.

 A pesar de las pistas que conducían a Pablo Escobar y el Cartel de Medellín como autores del homicidio, el sumario se detuvo en la Fiscalía de Itagüí. En 2009, al cumplirse los 20 años del delito, se archivó la investigación.

Díaz no volvió a arbitrar. 27 años después se despierta con pesadillas donde revive el asesinato sin resolver de Álvaro Ortega y visita su tumba a menudo. En una ocasión dijo que "esa noche no sólo mataron a un árbitro, sino que asesinaron a dos…”. La muerte de su amigo le cambió para siempre.

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