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Este millonario acaba de aceptar el reto más delicado del fútbol europeo

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El expropietario de los Dodgers compra el Olympique de Marsella. Pero, ¿sabe lo que le espera?

Omar Naboulsi

30 Agosto 2016 14:13

El Olympique de Marsella tiene nuevo dueño. El empresario Frank McCourt, expropietario de Los Ángeles Dodgers, le va a comprar el club a la millonaria Margarita Louis-Dreyfus, aunque esta seguirá teniendo una pequeña participación en el accionariado.

El estadounidense tiene una misión complicada: devolver al OM, un equipo que el año pasado acabó 13º en Ligue 1, a lo más alto del fútbol francés.

“Quiero un equipo que sea candidato al título cada temporada, es mi aspiración número uno. Quiero construir una equipo coherente, estable, competitivo, instalado en la regularidad. Además quiero crear la mejor experiencia posible para los aficionados del OM, el mejor ambiente de cualquier liga. Un club modelo que hará las delicias de todos los fans”, ha dicho McCourt en una entrevista a L’Équipe.



¿Y quién es McCourt?

Pues es un hombre de 63 años que lleva toda la vida vinculado al mundo del deporte profesional. Es el dueño de la Maratón de Los Ángeles y el Global Champions Tour, una competición de equitación. También es presidente de McCourt LP, una sociedad de inversión. Se hizo famoso al comprar el equipo de béisbol Los Ángeles Dodgers en 2004 y venderlos por más de 2.000 millones de dólares en 2012.

La venta de la franquicia vino motivada por el divorcio de McCourt con su mujer, que tenía una participación en las acciones. Decidieron vender y repartirse el botín.

Bajo su mandato, eso sí, el equipo californiano recuperó su estatus en la élite del béisbol estadounidense -6 años disputando las eliminatorias por el título- y se sanearon las cuentas de la franquicia después de años de problemas financieros heredados de anteriores propietarios.



En Marsella esperan un éxito deportivo y financiero parecido. La afición está harta y McCourt lo sabe. Seis años en blanco son demasiados para los seguidores, en una ciudad en la que el Olympique es religión. En una ciudad en la que la centralización política de Francia, ahora acompañada de los incontestables triunfos del PSG de los petrodólares, hace de revertir la actual mediocridad del OM una cuestión de urgencia.

À jamais les premiers, uno de los lemas de la afición blanquiazul, evoca que ellos son el primer -y de momento único- equipo francés en haber levantado una Champions League. Fue en 1993, hace ya demasiado.


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Sin embargo, la "gestión" del empresario Vincent Labrune -actual presidente a través del holding Louis-Dreyfus- les ha sumido en una dinámica de mediocridad, sufriendo por disputar la Europa League, haciendo fichajes de medio pelo y viendo cómo temporada tras temporada sus rivales de París se proclaman campeones de Liga dos meses antes de que acabe la competición.

Además, los seguidores no se sienten respaldados por la directiva saliente. Frecuentemente criticados en los medios por su excesiva pasión -o por episodios polémicos como el recibimiento al exOM Valbuena con muñeco colgado incluido, muchos marselleses ven a Labrune como un gestor con poco apego por el equipo, puesto a dedo por un holding y que hace las gestiones desde París.

Muchos creen que la ciudad y el equipo merecen más.



En tal punto de crispación están algunos sectores del Vélodrome que se han visto pancartas injustificablemente sexistas como las que la temporada pasada 'recomendaban' "Margarita vuelve a tu verdadero trabajo: ama de casa", refiriéndose a la dueña del club. La suiza de origen ruso se hizo cargo del equipo en 2009, cuando murió por leucemia el hasta entonces propietario del club, su marido Robert Louis-Dreyfus.



También se rumoreó que Louis-Dreyfus iba a traspasar el club al empresario luxemburgués Gerard López, de origen español, y que este iba a traer de vuelta a Marcelo Bielsa como entrenador. El club desmintió una noticia que France Football dio por hecha, pero la afición ya estaba ilusionada por la vuelta de "El Loco", ya que consiguió que el OM compitiese de tú a tú con el PSG hace dos temporadas con un equipo justito.


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De momento, con un inicio liguero con un empate, una derrota y una victoria, para Marsella y McCourt, solo queda mirar hacia arriba.

"Mi ambición será ayudar a que el club recupere la forma de campeón, aportar la mejor experiencia para los fanáticos al fútbol, fortalecer los vínculos del club con sus seguidores y con la ciudad de Marsella, y guiar el equipo hacia la estabilidad financiera en el largo plazo", asegura el empresario.



McCourt está obligado a ganarse a la afición. Si involucra a los jugadores con los seguidores pueden hacer del Vélodrome un fortín. De lo contrario, pueden atravesar otra racha de 7 meses sin ganar como locales, tal y como sucedió la temporada pasada con Míchel en el banquillo.

Y la estabilidad económica no debe estar reñida con que el club cuente con jugadores solventes en cada línea. En Marsella esperan fichajes de calidad.

En definitiva, devolver la ilusión a una afición fiel pero desencantada, entregada pero harta de los 20 años de gestión de la familia Louis-Dreyfus.

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