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Artículo 8 años de cárcel para esta leyenda rota del frontón Sports

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8 años de cárcel para esta leyenda rota del frontón

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A Mikel Goñi le robaron su plantación de marihuana y secuestró, apaleó y clavó un destornillador en las uñas de los sospechosos

Omar Naboulsi

28 Septiembre 2017 14:30

Goiena

Mikel Goñi lo tenía todo para convertirse en una leyenda del mundo del frontón. Para muchos tenía las cualidades necesarias para ser uno de los mejores de la historia, si no el mejor: físico, remate innato y un carisma que llenaba estadios.

Sin embargo, como en tantas ocasiones, las adicciones y la vida nocturna acabaron por fastidiarle la carrera de pelotari.

Esta misma semana ha sido condenado a 8 años y 3 meses de prisión por una serie de delitos que cometió en 2014. Goñi tenía una plantación de marihuana en un piso alquilado domicilio en Anocíbar -Navarra- y un día se la robaron. Él y un amigo suyo fueron de cabeza a por el colega que les había conseguido el piso, al que consideraban culpable.

Ataron las manos del hombre con una cuerda, lo subieron a un coche y lo trasladaron a un descampado, donde le pegaron una paliza. 



Después fueron a por el dueño de la vivienda, que pensaban que se había compinchado con su amigo traidor para robar la plantación. Le secuestraron en un garaje, Goñi le clavó un destornillador bajo la uña del dedo índice de su mano derecha y le rajó la palma de la otra mano. Quería 10.000 euros, y se los acabó pagando.

En el juicio, el amigo que presuntamente les traicionó acabó reconociendo que él mismo le había facilitado las semillas de marihuana a Goñi.

Por su parte, el dueño de la casa -el que les denunció- que solo tiene una pierna, asegura que le amenazaron dando datos sobre sus seres queridos: "Me dijo que me iba a cortar la pierna que me queda con una radial que había".



Lo peor para Goñi es que los seguidores de la pelota vasca no se han sorprendido demasiado con su condena.

Aunque el exceso de violencia haya sido inesperado, el tema de las drogas ya le apartó del frontón de élite hace 15 años. A finales de los 90 era el pelotari más mediático del país. Todo el mundo quería verle jugar y se llevaba 3.000 euros por partido, unos 200.000 euros al año. No supo gestionarlo con las farras y había días que se fundía lo que ganaba esa misma noche. 

En 2002 su vida convulsa le explotó en la cara. Los problemas de Goñi con las drogas ya eran un rumor insistente, y se confirmaron en el torneo Manomanista, el más importante del año. 

Tenía que enfrentarse en semis contra Rubén Beloki, el mejor pelotari de la generación anterior. Se llegaron a pagar 100 euros por entrada, algo nunca visto en la pelota vasca, pero ese duelo nunca se llegó a producir.

Aspe, la empresa para la que jugaba Goñi, anunció que no podía garantizar que el pelotari pudiera pasar el control antidoping y le apartó.



A partir de ahí, su carrera fue cuesta abajo y sin frenos. Al cabo de un año acudía a diario a un centro de desintoxicación. Desde entonces alternó periodos de inactividad deportiva con reapariciones multitudinarias en el frontón. Cada vez que volvía a competir se llenaban las gradas, a pesar de que sufría sobrepeso y que ya no podía competir con los mejores. Lo de generar tanto dinero a su alrededor no le sirvió para que confiaran en él y Aspe acabó despidiéndole definitivamente en 2009, tras haberlo hecho en 2005 y readmitirle.



Con el paso de los años acabó jugando para promociones de segunda fila para atraer aficionados a sus festivales de pelota. También ha estado una temporada combinando ese trabajo con el de showman en ETB, y participó en un reality show de supervivencia en el que los participantes de a pie compiten entre sí en equipos capitaneados por deportistas famosos.

Ahora, a expensas del recurso, cambiará los focos de la televisión por los barrotes de la cárcel.


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