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Artículo Nuñismo político: cuando el Barça pasó del "més que un club" a ser empresa españolista Sports

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Nuñismo político: cuando el Barça pasó del "més que un club" a ser empresa españolista

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La historia del nuevo rico que intentó eliminar el sentimiento catalanista durante 22 años de presidencia

Omar Naboulsi

20 Octubre 2017 06:00

Hace apenas unos días, la actual junta del Barça se ofrecía como mediadora entre el gobierno catalán y el español. Una propuesta que no es tan soprendente teniendo en cuenta la histórica catalanidad del club. Sin embargo, hubo una época en la que el club no estaba en primera línea política y más bien mandaba el "apoliticismo"... o incluso el sentimiento españolista.

Fue la etapa de Josep Lluís Núñez, aquel presidente que estuvo 22 años en el cargo (1978-2000), el mandato más largo de la historia culé. En ese tiempo pasaron por el club Maradona, Koeman, Schuster o Cruyff, aunque también se vivió el Motín del Hesperia, cuando la plantilla se rebeló en un hotel tras el despido de 14 jugadores.



Con Núñez se ganó la primera Copa de Europa, el número de peñas pasó de 96 a 1300 y se puso en marcha La Masia, pero gran parte del barcelonismo nunca dejó de pensar que vulgarizó al Barça y lo desposó de su espíritu político para convertirlo en el menos catalanista de siempre: adiós al "Més que un club".

Como nos cuenta el periodista Frederic Porta, autor de varios libros sobre la historia blaugrana, "en la Transición española, Cataluña tuvo la prioridad de recuperar la autonomía, lo que permitió que el club pasara a un segundo plano. Núnez entró al poder buscando notoriedad social después de conseguir una fortuna y alianzas mediáticas. Su intención era diluir el espíritu político del Barça".


NÚÑEZ, VINCULADO A ALIANZA POPULAR

Aunque era un constructor de éxito -dueño de la poderosa inmobiliaria Núñez y Navarro-, la alta sociedad catalana le seguía viendo como un nuevo rico nacido en Barakaldo que entró en un club para hacer negocios.

Siempre se rumoreó que ganó las elecciones del 78 con chantajes y malas artes por sus resultados tan ajustados -855 votos de diferencia-, pero fue su alineación con la derecha española lo que hizo que la prensa catalana se pusiera en su contra.

"Cuando gana las elecciones, hay una protesta histórica: un grupo de periodistas de diarios catalanistas se plantaron en el Camp Nou para cantar el Cara el Sol contra Núñez. Tenía un grupo de apoyo que le llamaban Los Morenos, eran socios veteranos que se dedicaban a increpar y a agredir a los periodistas que le criticaban a cambio de un trato preferente. Muchos de ellos devolvieron su acreditación", recuerda David Torras, que vivió el día a día del Barça desde dentro y fuera jefe de la sección de deportes de El Periódico durante 10 años.

Sus vínculos con Alianza Popular eran evidentes: su mano derecha, Joan Gaspart —que le sucedió en la presidencia de 2000 a 2003—, fue el fundador del partido en Cataluña, estuvo cerca de ser su candidato a la Generalitat en 1984 y organizaba eventos de la Fundación Francisco Franco. En su lugar, el candidato de los populares fue Eduardo Bueno, también directivo en la junta de Núñez.

Si muchos sospechaban que la llegada de Núñez al Barça era un movimiento político interesado por parte del poder, ¿cómo consiguió que la masa social del Barça le apoyara durante tantos años?



Tenía un vicepresidente de confianza perfecto para dar la cara ante los aficionados. Se trataba de Nicolau Casaus, que también fue candidato a la presidencia culé. Era catalanista y defensor de la república... al menos de cara al público, ya que mantuvo amistad con Franco hasta que murió. "Casaus cenaba cada día con una peña diferente para tenerlas de su lado", dice Torras.

De forma inteligente, potenció a estas agrupaciones para que fueran su guardia pretoriana. ¿Cómo iban a hablar mal de él si estaban en contacto con el club constantemente?



Además, Núñez siempre tuvo el respaldo de los números. Para él, el Barça era una empresa que debía administrar a la perfección, algo que se convirtió en una arma de doble filo, ya que también se le echó en cara que solo pensaba en el dinero y no en el trasfondo social ni en el rendimiento deportivo del club. Muchos jóvenes entenderán ahora su imitación avara en el programa Crackòvia de TV3.



"El nuñismo no tenía más proyecto que seguir en el palco año tras año. Presentaba el ejercicio económico como su gran título", apunta Porta. Y en eso se apoyó en sus inicios. Deportivamente, el Barça ganó más bien poco en los 80 —una liga, 3 Copas del Rey y un par de Recopas— y tuvo que sacar pecho de los títulos conseguidos por sus secciones de baloncesto, hockey patines y balonmano, acompañados de una buena gestión económica.

Todo cambió en mayo del 1988, apenas unos días después del Motín del Hesperia: con los jugadores pidiendo la dimisión de Núñez, este ficha a Johan Cruyff de entrenador para salvar la papeleta.



CRUYFF Y NÚÑEZ NUNCA SE SOPORTARON

El de Ámsterdam hace una limpia en el vestuario y se encarga de construir los cimientos del Dream Team. Le costó dos años que el equipo comenzara a dominar, pero Núñez no le echaba porque era el paraguas perfecto para aguantar las críticas. Con el tiempo llegaron los goles de Stoickhov, los besos con Koeman, las ligas de Tenerife, el orgasmo de Wembley y los chupachups de la victoria.

Núñez acertó contratándole, pero pocos saben que él no quería. "Su fichaje fue una reacción a los movimientos de la oposición. El Grup d'Opinió -un colectivo de socios opositores a la gestión nuñista- quería acabar con el nuñismo y se pusieron en contacto con Cruyff para ficharle y utilizarlo en la próxima candidatura. Núñez se avanza y lo ficha primero. Fue pura estrategia, pero le salió bien", relata David Torras, añadiendo que el entrenador y el presidente nunca se soportaron.

"Al ser un fichaje interesado, su relación era nefasta. No se entendían, de hecho se odiaron toda la vida".

Cruyff también fue el culpable de que se empezara a contar de verdad con La Masia. Aunque fuera Núñez el que inició el proyecto, el holandés se encontró con jugadores de 27 años jugando en el Barça B. "Durante los primeros años, Núnez despreciaba La Masia. Prefería fichar mediocridades de fuera que apostar por los canteranos. Desde los 50, los entrenadores llegaron a la conclusión que la gente de casa defendía mejor los colores y que se debe fichar de fuera lo que Cataluña no produzca", denuncia Porta.

Incluso se aprovechó de algunos canteranos que llegaron al primer equipo, poniéndoles cláusulas en sus contratos que les hacían cobrar menos por el mero hecho de haberse formado en La Masia.



Los malos resultados en los inicios del nuñismo posiblemente sean los culpables del pesimismo moderado que está extendido en el barcelonismo. Esos años 80 donde no se ganaba nada aunque se invirtiera muchísimo dinero en fichajes hizo que los éxitos de los 90 se vivieran con la incerteza de lo que pudiera venir después.

"La afición solo se acuerda de lo que pasa entre el último resultado y el próximo partido", nos dice Porta. Recordemos que es la misma hinchada que sufría cuando el Barça de Guardiola recibía en casa a un equipo de media tabla aunque llevara 10 victorias seguidas, o la que dudaba de que pasaría por encima de la Sampdoria en Wembley.

Sin embargo, en los 90 ese eterno susto en el cuerpo estaba más exteriorizado, como si el culé se oliera que el nuñismo iba acabar con una hecatombe. Y no fallaron. Perder 4-0 una final de Copa de Europa contra el Milan en el 94 fue el principio del fin.

Aquel Dream Team se fue apagando y a Cruyff no le dieron el dinero suficiente para renovar la plantilla. Dos jornadas antes de acabar la temporada 1995/96 Núñez le destituyó y la afición se dividió entre cruyffistas y nuñistas... aunque en el primer partido que jugó el equipo en el Camp Nou tras su despido, las gradas estaban llenas de pancartas a favor del técnico.



LA PRESIÓN POPULAR ACABÓ CON EL NUÑISMO

Al año siguiente llegó Laporta con L'Elefant Blau -los herederos en la oposición de Grup d'Opinió- y una moción de censura para echar a Núñez y evitar que el club pasara a ser una Sociedad Anónima Deportiva. Núñez se salió con la suya, pero la conversión comportó una deuda de 14.000 millones de pesetas.

La presión de su entorno y el desgaste tras tantos años de exposición pública, esa que tanto deseaba, hizo que dimitiese en el 2000.

"Cuando se fue, Núñez llevaba 22 años en el cargo. En democracia no te puedes eternizar, por salud democrática. La denuncia de l'Elefant Blau sirvió para que se diera cuenta que sus últimos años no gustaron a la afición", afirma Porta.

En cambio, Torras recuerda el fin del nuñismo como algo inevitable. "Fue una decadencia progresiva, pero siempre iba sobreviviendo. Al final se juntaron demasiadas cosas: Laporta y su discurso convincente, el post cruyffismo mal llevado, la presión popular y el desgaste. La gente estaba harta de un presidente que llevaba más de 20 años en el cargo. En la última etapa, el Camp Nou era un hervidero".

Las elecciones las ganó su heredero, Joan Gaspart, protagonizando 3 de los años más oscuros de la historia del club, llenos de salidas de tono y fichajes de tercera fila. La imagen de Núñez acabó de ensuciarse entrando en prisión en 2014 por sobornos a inspectores de Hacienda y falsedad documental en su inmobiliaria. De los 6 años y medio que le cayeron de condena solo cumplió 1 año y 1 mes.

Más de uno se lo tomó como el descenso a los infiernos del presidente del Dream Team, pero su ingreso en la cárcel quizás solo fuera el epílogo del nuñismo.


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