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Iñigo Cabacas no murió, lo mataron

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Sal en la herida: casi seis años sin justicia después, el primer juicio por la noche en que mataron al seguidor del Athletic será el del policía que ordenó el operativo acusando a la abogada de la familia y periodistas que destaparon la verdad del caso

Ignacio Pato

23 Enero 2018 11:38

El tiempo pasa rápido. Este abril hará seis años, seis, sin que la familia y amigos de Iñigo Cabacas reciban un mínimo de justicia. Para él esa justicia ya no existe, su vida acabó con 28 años cuando celebraba una victoria de su equipo, el Athletic. Un balazo de goma acabó con ella.

Hasta la fecha ha habido cero responsables. Ningún juicio hasta ahora. Mañana miércoles se celebra el primero y no es una cruel ironía, sino el oscurantismo y corporativismo de la Ertzaintza el que ha hecho que lo primero que se vaya a juzgar no sea cómo, quién y con qué responsabilidades mató al joven: los primeros acusados del caso son la abogada de la familia Cabacas, Jone Goirizelaia, los medios Naiz y Gara y contra su director Iñaki Soto y redactor Iñaki Iriondo. El mando policial que ordenó el dispositivo de la Ertzaintza aquella noche, Ugarteko, les pide 250.000 euros por "daños a su honor y su intimidad". Les acusa de ser los responsables del deterioro de su salud -tabaquismo, incremenento de peso, tratamiento psiquiátrico y secuelas como ansiedad, fobia social, depresión y transformación de la personalidad, entre otros- y del "cercenamiento de su carrera profesional".

Testigos directos de los hechos desmienten que se estuvieran produciendo incidentes que justificasen tal acción policial en un espacio reducido, un callejón lateral dividido por una jardinera cercano a San Mamés. Los agentes utilizaron balas de goma de forma frontal y a no larga distancia de las decenas de personas que se encontraban allí. En el auto de la jueza leemos que esos disparos eran algo "mortal de necesidad si se alcanzaba una parte corporal como el cráneo". Así sucedió con Cabacas.

En la grabación ampliamente difundida en el durísimo documental Crónica de una herida abierta también se escucha a Ugarteko, tras comunicarle uno de sus agentes que la situación está controlada, insistir con un "Entren al callejón con todo lo que tenemos, entren a la herriko, controlan la situación y los que haya que puedan ser posibles agresores se les controla o se les echa, y se toma toda la posición. Entonces estará la situación controlada".

Uno de los momentos más comprometedores para el ahora demandante es su respuesta a un agente que le advierte que hay un herido en el suelo que al parecer está inconsciente. El agente asegura no saber si "es de un pelotazo o se habrá desmayado, no sé". Ugarteko le contesta secamente, casi con desprecio, "Vale, vale, se habrá desmayado".

Naiz y Gara se defienden aduciendo la labor informativa fundamental del periodismo. La defensa de los medios afirma que el mando policial "es un personaje público, sobre el que giraba buena parte de la instrucción por la muerte de Iñigo Cabacas y de las informaciones que sobre ello se publicaban en todos los diarios. Protagoniza, aunque sea a su pesar, un episodio con una dimensión social tremenda". Su número policial, 3316, estaba publicado en el Boletín Oficial del País Vasco por el Departamento de Interior.

En febrero de 2016, Ugarteko ya pidió una indemnización a Goirizelaia y Naiz y Gara de 777.000 euros. No fructificó. La Consejeria de Interior se ha desmarcado de la nueva demanda. La indemnización a la que tendría derecho la familia de Cabacas por muerte derivada de violencia policial es de 135.000 euros.

Hace nueve meses, en el quinto aniversario de la pérdida de su hijo, Fina y Manu hablaban en este medio. Fina recordaba llegar al hospital y ver a los amigos de Iñigo desencajados.

Urge un juicio que establezca reponsabilidades. “Nosotros necesitamos hacer un duelo, lo estamos pasando muy, muy, muy mal, para nosotros está siendo muy duro. Nos está consumiendo en vida y eso es algo que no puede ser, Iñigo no lo querría, a él lo han matado y bastante es eso ya”, en palabras del padre.

Iñigo fue a ver a su equipo y no volvió. No murió, lo mataron. Y era inocente.

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