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Sports

De los dinosaurios a los unicornios: en busca de la excelencia

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Se necesitan hombres de más de 2,10m que sepan hacer de todo. Pregunten en la NBA

Omar Naboulsi

12 Enero 2018 06:00

Es posible que en alguna portada de cualquier medio mainstream hayas visto la palabra "unicornio" acompañada de la foto de un jugador. Tu cara de "por qué me hablan de mitología en una sección de deportes" debía ser todo un poema.

No se trata de ninguna broma sobre la cara de una estrella de la NBA, ni tampoco ningún lío de faldas. Este término lo introdujo en el baloncesto Phil Jackson en el verano de 2015, cuando eligió en el Draft a un letón de 2,20m que jugaba en Sevilla para sus New York Knicks.

"Es un unicornio. Un tipo muy destacado. Normalmente no ves a gente así jugando al baloncesto con su agilidad, velocidad y físico. Ni tampoco con la habilidad para tirar a canasta como la que tiene él".

El público del Madison Square Garden se rió de Jackson cuando llamó unicornio a Kristaps Porzingis, además de cuestionar su elección desde el minuto cero.

Dos años y medio después es el mejor jugador del equipo, uno de los mejores interiores de toda la competición... y todas las franquicias andan detrás de su propio unicornio.

¿A qué se refería Jackson con lo de unicornio?

Pues a ese jugador que es capaz de anotar desde cualquier posición, rebotear, asistir, poner el balón en el suelo y enfrentarse a todos los jugadores de la liga.

La mayoría de ellos son tipos de más de 2,10m que pueden hacer lo que quieran en una pista de baloncesto gracias a que durante su formación no limitaron su juego por sus cualidades físicas. Por esa razón vemos a Joel Embiid tirando varios triples por partido con más de un 30% de acierto, o a Giannis Antetokounmpo jugando de base midiendo 2,11m y teniendo una envergadura de 2,26m.

Por su culpa, el espectador ya no sabe diferenciar a los jugadores por puestos. Sus físicos han hecho saltar por los aires prejuicios que se escuchaban antes como "con lo grande que eres ponte debajo del aro" o "el bajito ese debe ser el base".

Ellos encarnan el último salto evolutivo del baloncesto moderno, aunque para que explotasen se recorrió un largo camino...

AÑOS 70: LA DUREZA DE LOS GRANDES DINOSAURIOS

En una etapa de revolución en la que el espíritu hippie invadió la NBA con los peinados afro, las muñequeras y las cintas de colores, los grandes dinosaurios fueron la seña de identidad de la liga.

En aquellos tiempos con alcanzar los dos metros ya bastaba para trabajar la zona, así que los equipos buscaban un faro en el que rotar todo su juego. Fueron los años de plenitud de Kareem Abdul-Jabbar, el anillo de Bil Walton con los Blazers y el primer campeonato de los Lakers con Chamberlain a la cabeza.

Esas torres humanas eran tan superiores físicamente a sus rivales que consiguieron números que difícilmente se vuelvan a igualar, por eso Jabbar y Chamberlain -acabaron temporadas enteras promediando más de 30 puntos y 20 rebotes- están considerados los jugadores más dominantes de la historia.

Getty

Eran gigantes en un deporte en el que la fortaleza física superaba a la técnica, provocando que muchos partidos fueran aburridos para el espectador... hasta que en 1976 desapareció la ABA y desembarcaron en la NBA más jugadores atléticos que jugaban un baloncesto más plástico.

La "liga negra" con Julius Erving a la cabeza también es responsable de que ahora tengamos unicornios.

Getty

AÑOS 80: EL TALENTO COOL DE LOS ROLES

Simplemente cambió todo. La NBA dejó de ser una competición seguida con desgana por los estadounidenses para convertirse en un fenómeno internacional.

La manera de jugar también cambió para siempre: los colosos de la pintura ya no eran el centro de atención. Los duelos entre Magic Johnson y Larry Bird demostraron que los pases sin mirar, los lanzamientos con estilo propio y las Converse gustaban más que ver a moles pegándose empujones por ver quién la mete más cerca del aro.

Hasta el equipo más rudo de aquellos años, los Bad Boys de los Detroit Pistons, tenían como líder a Isiah Thomas, que desde su 1,85m dirigía a sus compañeros como nadie.

La línea de 3 puntos -también traída desde la ABA, implantada en el 80- permitió que los jugadores tuvieran más espacio para desplegar sus habilidades ofensivas. Pasaron unos cuantos años hasta que pudimos ver a especialistas de la larga distancia, pero fue clave para la aparición de los unicornios.

Precisamente entre los triples y los Pistons podemos intuir al primer unicornio primitivo de la historia: Bill Laimbeer es recordado por ser uno de los jugadores más sucios que se recuerdan, pero también fue de los primeros pívots en tirar triples.

AÑOS 90: EL TRIUNFO DE LO IMPREDECIBLE

Aunque en los 90 llegaran a lo más alto pívots de referencia como David Robinson, Pat Ewing o Hakeem Olajuwon, esta década significó el triunfo de los aleros.

Empezó con los Warriors del Run TMC. Don Nelson cogió a un puñado de anotadores -Tim Hardaway, Mitch Richmond y Chris Mullin- y los puso a jugar sin apenas jugadores interiores. No ganaron ningún anillo, pero anotaban tanto y tan rápido que no podías dejar de mirar cómo atacaban solo con jugadores exteriores.

Michael Jordan ya se había curtido lo suficiente para convertirse en el mejor jugador de todos los tiempos y dominar el mundo del baloncesto desde la posición de escolta. Ganó 6 anillos de campeón, todos ellos sin un pívot que pudiera cargar el peso del equipo. Para eso tenía ya tenía a todoterrenos como Pippen, Kukoc y Rodman.

La magia de los 1x1 y el dominio de los espacios para que un jugador pudiera resolver desde el bote con más facilidad se comió todos los sistemas ofensivos.

Por fin los managers confiaron en lo impredecible.

AÑOS '00: LA HOMOGENEIDAD ANOTADORA

Por cercanía temporal, los claros vencedores de la pasada década son los más parecidos a los unicornios. Se trata de la figura del "forward", esos jugadores que en la NBA pueden jugar de alero o de ala-pívot.

Tras la irrupución de los primeros cuatros abiertos como Kevin Garnet o Dirk Nowitzki, los equipos dieron una vuelta de tuerca en sus pretensiones y buscaban a jugadores del mismo corte que jugaran de alero. Lebron James, Carmelo Anthony o Kevin Durant son los ejemplos más claros.

En estos años ya se habían acabado de romper los roles tradicionales.

Los bases ya no dirigían, la mayoría eran puros anotadores que se habían quedado algo bajos para ser alas -especial mención para el boom de Allen Iverson- y los pívots ya tenían licencia para lanzar desde donde quisieran.

En resumen, la polivalencia de los jugadores que pueden jugar en más de una posición empezaba a ser tal que se consiguió una homogeneidad en las plantillas que se ha mantenido hasta el día de hoy.

AÑOS'10: DE LOS DINOSAURIOS A LOS UNICORNIOS

Después de una metamorfosis brutal del baloncesto y sus protagonistas, se puede decir que las franquicias buscan a ese dinosaurio lleno de talento que también domine el perímetro.

Los unicornios deben anotar triples, ya que la NBA de ahora se basa en este lanzamiento avalado por la estadística avanzada. Los números dicen que solo los tiros prácticamente debajo del aro dan más rendimiento que el triple:

-A 1 metro o menos del aro, los equipos anotan el 62,8% de los tiros: 1,26 puntos por tiro.
-Entre 1 y 3 metros, un 38,3%: 0,77 puntos.
-Entre 3 y 5 metros, un 40,3%: 0,81 puntos por tiro.
-Entre 5 y 7 metros, un 39,4%: 0,79 puntos por tiro.
-En triples, el 35% se traduce en 1,05 puntos por tiro
.

Por esta razón los Golden State Warriors -2 anillos en 3 años- juegan muchos minutos solo con Draymond Green como pívot, o cada vez se pueden ver más partidos de la liga en que ninguno de los dos equipos tienen a un pívot puro en pista. Los unicornios, capaces de meter lanzamientos exteriores y anotar debajo del aro por capacidad y altura, son los que tienen enamorados a los entrenadores.

Porzingis, Embiid, Antetokounmpo, Markkanen, Dragan Bender. Todos miden más de 2,10... y no son estadounidenses.

La formación de la escuela europea, o por lo menos alejada del modelo americano, cuida todos los fundamentos de los jugadores. Igual que en su día la NBA alucinó viendo a Divac o a Sabonis teniendo la visión de juego de un base, no se explican cómo Porzingis puede lanzar de 8 metros más rápido que cualquier tirador.

Si en los 70 era extraño ver a un jugador extranjero por franquicia, actualmente juegan 108 jugadores de fuera de los EEUU procedentes de 42 países diferentes.

La globalización era el último paso que necesitaba dar la NBA para que los unicornios dejasen de ser una fantasía.

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