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Artículo Cómo salir triunfante de la mayor somanta de hostias que se haya visto en un concierto Sports

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Cómo salir triunfante de la mayor somanta de hostias que se haya visto en un concierto

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Una espídica borrachera, una camiseta de tu equipo y todo listo para abrirle la cabeza a unos nazis que quieren arruinar tu vida

Ignacio Pato

20 Octubre 2016 06:00

Jeff tenía 17 años y no soportaba a los punks aburridos, esos que pensaban que el movimiento podía cambiar el mundo. No hombre, no.

Lo que Jeff esperaba del punk era que llevase a las portadas de los periódicos al equipo de su barrio del Este de Londres, el West Ham United

Era 1980 y el grupo de Jeff, Cockney Rejects, estaba en ello. Dos años antes, con 15, había dado su primer concierto en pijama. Ahora, les llamaban de la tele, nada menos que del programa de actuaciones musicales que se veía en todos los cuartos de estar ingleses, Top Of The Pops.

No desaprovecharon el minuto y medio delante de las cámaras de la respetable BBC. Borrachísimos, vestidos con camisetas del West Ham y pasándose por el forro el disimulo del playback de su versión de I'm forever blowing bubbles, el himno del equipo.



Aquello no solo le pareció interesante a los hinchas del West Ham. En plena edad dorada del hooliganismo, los radicales de toooooooooodo el resto de equipos les querían abrir la cabeza.

Tampoco perdió detalle el partido neonazi National Front, al que le sangraba votos la derechización impulsada por Thatcher en el Partido Conservador. Desde hacía un par de años, el NF ejecutaba —con cierto éxito— un plan que consistía en colar nazis entre los conciertos de punk y las gradas inglesas.

El cóctel iba a explotar en junio en el Cedar Club de Birmingham.




Cuando Jeff y sus Rejects salieron al escenario, había más de 100 skins del Birmingham City garruleando en las primeras filas. A la segunda canción la lluvia de ceniceros y vasos de cristal hizo imposible el concierto. Había comenzado la mayor somanta de hostias que se haya visto en un concierto en el Reino Unido.

Con la cabeza medio abierta, los Rejects y sus seguidores, muchos de ellos del grupo de hinchas del West Ham Inter City Firm, consiguieron finalmente echar a los nazis de allí.

Además de una sala destrozada, hubo puntos de sutura, detenidos y camas de hospital de donde alguno, como Mick —hermano de Jeff y guitarra del grupo—, tuvo que saltar por la ventana ante la entrada en la habitación de más skins.



Desde aquella noche, sus conciertos fueron sinónimo de problemas. Algunos directamente tuvieron que suspenderse.

Pero nadie se olvidó de lo que había pasado aquella noche. La extrema derecha no pudo reventarles la carrera, como sí le hicieron, con estrategia parecida, a la banda Sham 69. Con Cockney Rejects no se jodía.

Los hooligans de otros equipos les temían. Los nazis les odiaban.

El punk era eso.


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