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El Milan de Berlusconi: así usó el fútbol para dominar la política italiana durante 25 años

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Se presenta como el salvador de Italia contra la izquierda, habla como si estuviera en un bar y presume de talonario para ganar sus cuartas elecciones este domingo. Pero, ¿cómo llegó hasta ahí? ¿Por qué parece que los italianos le perdonan todo?

Omar Naboulsi

28 Febrero 2018 13:44

Italia ha salido a la calle para detener la nueva corriente política con tintes xenófobos. Este domingo se celebran elecciones generales y las manifestaciones contra los partidos de derechas antiinmigrantes como Liga Norte y Hermanos de Italia han ocupado el centro de la actualidad.

El pasado fin de semana se vieron movilizaciones en Roma, Milán y Palermo organizadas por grupos antifascistas, siendo la marcha "Nunca más fascismo, nunca más racismo" la más seguida en la capital del país, reuniendo cerca de 20.000 personas. Los partidos conservadores tienen su punto de unión en Forza Italia, o lo que es lo mismo, en Silvio Berlusconi. Esta agrupación lleva la voz cantante y sigue teniendo la sartén por el mango: aunque no ganen las elecciones, se prevee que sacarán los votos suficientes como para que las demás fuerzas deban pactar con Berlusconi para llegar al poder.

Si se lleva el gato al agua, Berlusconi no podría regresar en persona al Palazzo Chigi porque tiene prohibido ocupar un cargo público al estar inhabilitado por fraude fiscal. Su candidato sería Antonio Tajani, el que hasta hace pocos meses era el presidente del Parlamento Europeo, otrora su portavoz en el gobierno.

El salvador del Milan que vino de la TV

Que no se confunda nadie, Berlusconi será quien mueva los hilos desde la sombra a sus 81 años y 3 mandatos acumulados, y los votantes lo saben. Tal y como pasó con el AC Milan en el 1986, se presenta en 2018 como un salvador capaz de poner las cosas en orden en Italia. El club rossonero estaba a un paso de ser sancionado por el Tribunal Ordinario y caer en la quiebra, hasta que el empresario lo compró. Esta vez se presenta como la única opción viable para arreglar la situación de Italia tras la gestión del Partido Demócrata.

"No me extrañaría que ganara las próximas elecciones por falta de alternativas. Mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer". Así de crudo nos presenta el panorama Laura Cervi, Doctora en Ciencias Políticas por la Università di Pavia y experta en comunicación política.

Pero, ¿por qué parece que los italianos quieren a Berlusconi a pesar de los pesares? Siempre bronceado por el sol, tras varios liftings e implantes capilares a sus espaldas, Il Cavaliere cambió leyes que beneficiaban su imperio mediático, fue acusado de asociación mafiosa y estuvo implicado en varios escándalos en los que habría recurrido a la prostitución con menores.

A expensas de los resultados del domingo, ¿por qué da la sensación de que le perdonan siempre?

Berlusconi empezó a hacerse un nombre en Milán a través del mundo de la construcción, levantando barrios enteros en los suburbios en los años setenta. Con el dinero del boom inmobiliario en la mano dio el salto a la radiotelevisión, siendo el primero en desarrollar una red de canales privados de carácter nacional (Fininvest) para finiquitar al monopolio de la televisión pública italiana (RAI). Gracias a sus contenidos -llenos de shows en directo, música, concursos de entretenimiento y mujeres con poca ropa encima- consiguió superarla en audiencia en poco tiempo.

La historia de Fininvest devorando a RAI es conocida, y de hecho muchas personas creen que el control televisivo de Berlusconi fue lo que le catapultó a la política en los 90, pero se les escapa un detalle.

Il Cavaliere dio el salto mediático gracias al fútbol.

Tres mandatos y tres épocas gloriosas

"El Milan de Silvio Berlusconi estaba concebido para ser un gran vehículo de comunicación. Debía tener y transmitir clase, tener y transmitir estilo, tanto en el juego como en el comportamiento", explica el periodista de Milan TV, Mauro Suma, en el libro El Milan de Berlusconi, escrito por Irati Prat.

Efectivamente, el Milan fue el símbolo que utilizó Berlusconi para diseñar su imagen de hombre hecho a sí mismo. El político sacó la chequera a pasear durante 21 años para armar al gran Milan en 3 épocas diferentes. Ese equipo de tradición obrera que animaba desde pequeño por culpa de su padre, que le llevaba al estadio, iba a volver a estar en lo más alto a base de talonario.

"Berlusconi recoge al Milan cuando está en la mierda y lo transforma en un grande, ganándolo todo. Se vende como el Rey Midas, todo lo que toca lo convierte en oro", apunta Cervi.

En la primera etapa se forma uno de los equipos más icónicos de la historia del fútbol. El Milan de Arrigo Sacchi quedó grabado en la cultura popular con Berlusconi presentándose en sociedad como máximo dirigente del club aterrizando en helicóptero en el centro del Arena Civica de Milán con La cabalgata de las valquirias de Wagner de fondo. Aquel verano del 86 los aficionados rossoneros enloquecieron con los fichajes de Roberto Donadoni, Daniele Massaro, Giuseppe Galderisi, Dario Bonetti y Giovanni Galli, aunque no fue hasta el año siguiente cuando llegó Sacchi.

De la mano trajo a Ruud Gullit y Marco van Basten, y en el 88 se unió Frank Rijkaard para formar el trío de holandeses más poderoso que se recuerda. En cinco temporadas ganaron dos Copas de Europa, dos Ligas y 4 Balones de Oro -3 para van Basten y uno para Gulitt-.

Berlusconi sabía que aquella generación no iba a ser eterna y llevó a cabo una revolución con Fabio Capello en el banquillo, pero con las mismas directrices. Todo lo que el italiano tiene de egocéntrico en la política, le sobra de cooperación en el fútbol. Fue de los primeros presidentes en darle el mando total a sus entrenadores y el percusor de la profesionalización de este deporte. Gracias a la construcción de la ciudad deportiva de Milanello, el club controlaba a sus jugadores y cuidaba aspectos que las demás entidades ni se habían planteado como los hábitos en su vida diaria, la psicología o la nutrición.

Vendió a Gulitt y Rijkaard, mientras van Basten se fundía por culpa de las lesiones. En su lugar llegaban Papin, Boban o Lentini. "Gli Invincibili" -los invencibles, así les apodaron por su récord sin perder en liga- era un equipo más trabajador, aunque algo menos talentoso, tiranizando el fútbol italiano con 4 Scudettos en 5 temporadas, además de ganar la Copa de Europa del 94.

La última gran etapa del Milan fue con la serenidad de Carlo Ancelotti dirigiendo al equipo. Hasta los más jóvenes la tienen presente: Shevchenko, Kaká, Seedorf, Pirlo, Nesta y el incombustible Paolo Maldini fueron capaces de ganar dos ediciones de la Champions League antes de que en 2009 se acabara la gloria rossonera.

En los últimos años la depresión fue profunda. Berlusconi no invirtió tanto dinero y se dedicó a fichar a viejas glorias que solo le permitieron ganar una liga en 2011, hasta que en abril del año pasado anunciara la venta de sus acciones al empresario chino Li Yonghong, actualmente investigado por insolvencia.

Tras 29 títulos ganados en 21 años, Berlusconi dejó el Milan con más ganas que nunca de recuperar el prestigio político que ha ido perdiendo.

Un monstruo de la comunicación política

Dicen que a día de hoy tiene la misma ilusión por gobernar que tenía en los años 40, cuando siendo un niño colocaba carteles para el partido de centroderecha Democracia Cristiana, enfrentado al fuerte Partido Comunista Italiano de posguerra.

Las líneas de su discurso para llegar a ser presidente de la República estaban muy definidas, vinculando su éxito en el fútbol con su futuro en la política. De hecho, en su primer discurso electoral dice que "entra a la cancha", sin contar que Forza Italia es un cántico de origen futbolero.

En resumen, se autoproclama un empresario de éxito que quiere salvar a Italia de los comunistas.

"Es un discurso dirigido entre nosotros y ellos, una guerra contra los comunistas. En Italia los políticos hablaban con "politiquese" -uso de palabras complejas para que sea complicado comprenderles- aposta, la gente ni los entendía. Berlusconi traslada la política al lenguaje del fútbol, un deporte democrático que nos permite ser entrenadores a todos con un lenguaje sencillo", explica Cervi. "Llega al poder después del escándalo de Manos Limpias -la trama de corrupción política y empresarial más importante de la historia reciente de Italia-, dando a entender que no le hace falta robar porque ya tiene suficiente dinero. De hecho, sigue repitiendo que cada momento en el que trabaja para Italia está perdiendo dinero porque deja sus negocios de lado".

Tan sinceros fueron sus alegatos, que llegó a decir que no quería el avión oficial de estado, ya que le gustaba más el suyo propio.

Tener a su servicio a uno de las multinacionales de la comunicación más importantes de Europa y varias agencias de publicidad también le ayudó a fortalecer su imagen pública por más charcos que pisara. "Tuvo 60 juicios y la gente solo se acuerda del que tuvo con una prostituta de 17 años. Es un mafioso, corrupto e intentó cargarse la constitución, pero a él le interesaba vender que era un enfermo del sexo y la fiesta", nos recuerda Cervi.

Para solventar la papeleta de la prostitución, dijo en público: "sí, me gustan las mujeres, al menos no soy maricón".

Por lamentable y homófobo que suene, esta intervención le humanizó ante muchos italianos que claudicaron ante un señor que había llevado al Milan a la gloria, hablaba como lo hace tu colega en el bar y reconocía que le gustaban "las tías buenas" delante de todo el mundo.

¿A alguien le sigue extrañando que lleve dominando la política italiana 25 años?

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