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El argentino que no quiere hablar de su apellido

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¿Quizá porque oculta que es hijo de uno de los centenares de criminales nazis que Argentina escondió? Ningún argentino sospecha el thriller político que esconde su mundial de baloncesto

Ignacio Pato

12 Diciembre 2017 11:38

E l medio argentino Página 12 le ha localizado: el hombre que sacó la bandera croata que acabó enemistando para siempre a Petrovic y Divac. La historia la contamos aquí: cuando ambos celebraban el éxito de Yugoslavia en el mundial de basket del 90 en Argentina, un aficionado salió a la cancha con una bandera del aun no-país Croacia y el serbio Divac se la arrebató, algo que no gustó al croata Petrovic, que guardó rencor a su compañero en los tres años que le quedaban de vida.

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El "hombre de la bandera croata" ya no es anónimo. Se llama Tomás Sakic, tiene 68 años y ha hablado sobre aquel 20 de agosto, cuando tenía 41. "Venía preparando mi entrada y sabía que la televisión todavía no había cortado la transmisión. Mostré la bandera con el escudo croata, en vez de con la estrella comunista, y enseguida se me vinieron unos tipos de la embajada yugoslava con las manos en los bolsillos. Pensé que tenían pistola", ha dicho. "En la final yo no hinchaba por Yugoslavia, aunque tampoco quería que perdiera. Simpatizaba con los croatas del equipo: Kukoc, Petrovic, Cutura. Yo pensaba que Divac también era croata. Cuando me agarró la bandera me di cuenta de que era serbio. Nunca se había manifestado políticamente", agrega por teléfono a Página 12 desde Santa Teresita, una localidad balnearia entre Buenos Aires y Mar del Plata. Y lo que habla lo hace en perfecto castellano, porque Sakic es argentino.

Hijo de croatas. Nacido en Rosario en 1949. ¿Raro? No tanto.

Clarín del 7 de abril de 1998: Revelan que un ex jerarca nazi vive en Santa Teresita. Seguimos leyendo: "El hombre, identificado como Dinko Sakic, un croata de 76 años, fue reconocido por algunas de sus víctimas y se defendió de las acusaciones al afirmar que durante su paso por el campo de Jasenovac no se podía tocar a nadie". Canal 13 reveló que Sakic dirigió el campo de concentración ustacha -régimen títere croata de los nazis alemanes- de Jasenovac entre diciembre de 1942 y octubre de 1944. Allí los fascistas croatas quemaron vivos, gasearon y asesinaron con cuchillos, serruchos y martillos a cerca de 100.000 gitanos, judíos y, sobre todo, serbios. Se estima que hasta 700.000 personas fueron exterminadas allí. Sobre los métodos: hasta los oficiales nazis alemanes se horrorizaban de lo que veían en Jasenovac.

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Una de las supervivientes lo identificó en aquel año, 1998, como "un degollador". "Soy un patriota croata que lucho por mi pueblo", argumentaba Sakic... Llegó a Argentina en 1947.

No fue el único; los ustachas llegaron por miles a Argentina, en una compleja trama para que escaparan de sus responsabilidades penales en Europa que incluía al subsecretario vaticano Gian Battista Montini, posteriormente Papa Pablo VI. En el país sudamericano encontraron la protección personal de Juan Domingo Perón. Algunas fuentes hablan de hasta 35.000 visados a ustachas. Uno de los que llegó fue el líder de aquel Estado nazi croata, Ante Pavelic. Finalmente Pavelic cambió la protección de Perón por la de Franco. Murió en 1959 en Madrid y está enterrado en el cementerio de San Isidro.

Dinko Sakic fue guarda personal de Pavelic en Ciudad Jardín Lomas del Palomar. Había llegado a Argentina desde Génova engañando incluso a Cruz Roja con un nombre falso: Ljubomir Milanovic. Su esposa también cambió su nombre a Esperanza. Se establecieron en Rosario con un negocio textil. Con la caída de Perón en 1956, encontraron refugio también en la España franquista. Volvieron tres años después a Argentina, donde se establecieron en Santa Teresita y viajaron mucho a Paraguay, tanto como para gestionar un centro croata que les permitió cultivar amistad íntima con el dictador paraguayo Alfredo Stroessner. El diario sueco de mayor tirada, Aftonbladet, le acusó de estar detrás del asesinato -cometido por una red internacional de terroristas ustachas- del embajador yugoslavo en Estocolmo en 1971.

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Sakic vivió apaciblemente por décadas -tanto que en 1994 recibió al presidente croata Franjo Tudjman en persona durante el viaje de este a Argentina- hasta el reportaje de Canal 13. Al día siguiente de la emisión, el presidente argentino Carlos Menem pidió su detención. Sakic estuvo escapado un mes y pudimos leer en la prensa de aquellos días que "cerca de la playa -de Santa Teresita- vive su hijo, Tomás Luis, de 49 años, que tiene un comercio de ropa deportiva. Alto como su padre, nacido en la Argentina, calificó como 'Una patraña esto que le están haciendo a mi padre. Sin duda, los serbios tuvieron algo que ver porque mi padre ha sido una figura pública, una de las tantas personas que luchó por la independencia de Croacia'". La edad de Tomás hace 19 años, 49, coincide con los 68 del Tomás Sakic que hoy reconoce haber sacado la bandera croata que no gustó a Divac. El 1 de mayo de 1998 Dinko Sakic, excomandante del campo de exterminio de Jasenovac, fue detenido. En junio era extraditado a Croacia. Muchas de las víctimas vieron, más que como un castigo, una muestra de benevolencia que Sakic fuera juzgado en un país nacido precisamente al calor de la oposición nacionalista al sistema yugoslavo.

Durante su juicio en Zagreb se presentó como un patriota. 40 personas testificaron contra él. El veredicto reconoció que había disparado en persona a varios prisioneros y supervisado ahorcamientos en Jasenovac. Fue condenado al máximo que contempla la legislación croata, 20 años por crímenes de guerra y contra la humanidad. Cumplió la mitad; murió en 2008. Le incineraron, como era su deseo, con el uniforme ustacha.

Preguntado por su patentesco en la entrevista sobre la bandera del mundial de baloncesto, Tomás Sakic responde "No voy a hablar de eso. No hace falta". Quizá es cierto que está todo dicho.

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