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Artículo Tras mearse en las mujeres, Trump se llevó su voto. ¿Cómo lo hizo? Now

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Tras mearse en las mujeres, Trump se llevó su voto. ¿Cómo lo hizo?

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El 42% del electorado de Trump es femenino

09 Noviembre 2016 18:31

Lena Dunham posteando una foto desde su cama del hospital. Esta es una de las primeras imágenes que me ha venido a la mente —dada su exhibición de amor por la candidata—, cuando he conocido la noticia de la victoria de Trump. Esta y también la de Susan Sarandon, que hace poco declaró en televisión que ella no iba a votar a Hillary porque no vota con la vagina, es decir, no es su candidata solo porque sea mujer.

Hillary Clinton, la candidata del establishment, ha conseguido captar el voto de muchas mujeres, pero no ha convencido al feminismo. La primera presidenta de los EEUU tampoco hubiera contentado ni consolado a las izquierdas porque, recordémoslo, no es de izquierdas.

Más allá de la tragedia política para los demócratas, de la caída de la bolsa, de la fractura social, del pánico que un cowboy armado con un lanzallamas pueda suponer en política exterior, muchas mujeres nos estamos palpando la mejilla porque un señor de 70 años nos acaba de dar una buena bofetada.

Muchas mujeres nos estamos palpando la mejilla porque un señor de 70 años nos acaba de dar una buena bofetada

El machismo es sistémico, pero Donald Trump va más allá: no solo representa una frenazo en los discursos públicos de empoderamiendo femenino, sino que nos devuelve al imaginario de la mujer-caniche, de las amas de casa haciendo fitness en el salón.

Trump nos desprecia, se ríe de nosotras. Nos agarra el coño porque "cuando eres famoso, te dejan hacerles de todo. Agarrarlas por el coño. Lo que sea".

Nos llama buscadoras de oro. Dice que somos, en esencia, "objetos estéticamnete agradables". Cuando llega a casa, nos exige que la cena esté lista.

Nos acosa sexualmente (supuestamente), por decenas.

Alaba nuestra función decorativa y nuestra sonrisa muda, aunque posiblemente estemos actuando para "cazarle".


Trump alza la mano la mano:

"Poner a una mujer a trabajar es algo muy peligroso". "Un embarazo es una cosa maravillosa para la mujer y para el marido, pero es un inconveniente para una empresa". "De 6.000 acosos sexuales no reportados en las fuerzas armadas, sólo 238 han sido sancionados. ¿Qué esperaban si mezclaron a los hombres con las mujeres, genios?". "La mejor parte de una película es cuando hacen callar a las mujeres". "Si Hillary no puede satisfacer a su esposo, ¿cómo pretende satisfacer a Estados Unidos?”.

Bofetada, bofetada, bofetada.

¿Por qué tantos millones de estadounidenses pueden digerir un comportamiento tan repulsivo? ¿Qué razones explican que tantísimas personas que consigan tolerar la actitud de Donald Trump hacia las mujeres?

¿Por qué tantos millones de estadounidenses pueden digerir un comportamiento tan repulsivo?

Se me ocurren dos ideas: la primera es que todos esos ciudadanos son igualmente machistas aunque no lo digan ni den muestras públicas de ello, e incluso nunca hayan llegado a planteárselo siquiera. Me vienen a la mente dos estudios recientes que afirman que el 30% de los hombres violaría a mujeres si ello no tuviera consecuencias penales.

Esa es una posibilidad. La otra es que, sencillamente, mucha gente piensa que el sexismo de Trump no es lo más importante. Pueden vivir con ello. Les da igual. Supongo que esta es la posibilidad más plausible.

Muchos votantes de Trump defienden que su candidato va a hacer cosas por el país, va a levantar la economía y a dar oportunidades a la gente. Va devolver a Estados Unidos el aura de gran nación, va a exterminar sin piedad a los enemigos. Trump hará lo que tiene que hacer porque, igual que ellos, está harto de políticos charlatanes que no cambian nada.



Lo importante, en definitiva, es la economía y la defensa del país. De eso se infiere que para quienes toleran el machismo de Trump, las mujeres no son política ni economía. Que recibamos un trato digno y se respeten nuestros derechos e integridad física es una cuestión de caracteres, a saber:

Hay tíos más finos y tíos más directos, como Trump.

Las violaciones… suceden  ¯\_(?)_/¯.

Y la lucha contra la discriminación de género suena a la defensa del desove de las tortugas marinas. ¿Feminismo? Risoterapia. 

La clave del retroceso que supone Trump para nosotras la dan, precisamente, las mujeres que le han votado. Quedé fascinada hace meses con los testimonios que recogía un reportaje publicado en The Guardian. Básicamente los discursos de las mujeres entrevistadas eran los de la madre de Daniel el Travieso:

"Señor Wilson, ya sabe como es mi pequeño...un poco gamberro pero con buen corazón" (la esposa de Trump, Melania, siempre repite que su marido tiene buen corazón).

"Las mujeres no deberían estar en la Casa Blanca, es la ley de las tres P: policías, predicadores, presidentes"

Las siguientes son declaraciones reales extraídas del reportaje mencionado:

"Aunque a veces se agita y dice cosas tontas, realmente creo que va a luchar por este país" (Kim Stone, 41 años).

Al hilo de los comentarios que Trump hizo a la Miss Universo Alicia Machado:

"Clinton está sacando esto ahora pero sucedió años atrás. Tal vez entonces sentía que ella estaba engordando y por supuesto la enfureció, pero dijo lo que es. Ella representaba Miss Universo, tenía la obligación de mantenerse después del concurso. En ese momento, representaba a las mujeres". (Kathy Fossber, 66).

"No creo que importe. Realmente me importa una mierda Miss Universo. No es de lo que se trata la política. Deberíamos hablar de la protección de nuestro país, y de los impuestos" (Jody Christensen, 47 años).


"Realmente no importa lo que dice. Son sus puntos de vista. Creo que está perfectamente bien que diga cómo se siente. Es sólo quien es. Apoyo sus otras opiniones en cuanto a ser republicano y pro-gun" (Amy Domino, 36 años).

"Todos lamentamos cosas que hemos dicho o hecho. Fui educada en la vieja escuela, se pide perdón y nadie es perfecto" (Jessica, 57 años).

"Las mujeres no deberían estar en la Casa Blanca, es la ley de las tres P: policías, predicadores, presidentes" (René, 54 años).

¿Qué posición resulta más dañina? A mí me dan más miedo aquellas que no creen que la misoginia sea algo realmente importante que las que se sitúan conscientemente por debajo del hombre.

Dan más miedo aquellas que no creen que la misoginia de Trump sea algo realmente importante que las que se sitúan conscientemente por debajo del hombre

Las votanes que quitan hierro al brutal comportamiento del presidente electo son las madres de Trump el Travieso: ellas nos guiarán a la vuelta al pasado de los roles de género más visibles de la sociedad norteamericana, Donald y Melania. Ante el empoderamiento, estoicismo femenino.

Estas indulgentes mamás (todos los votantes de Trump, al fin y al cabo) nos ayudarán recordar que el mundo siempre ha sido así, que no debemos generalizar ni exagerar todo el tiempo. Al fin y al cabo, las mujeres estamos acostumbradas a lidiar con los comportamientos masculinos impropios: a reñir medio en broma a aquellos que se sobrepasan con nuestros cuerpos, a reír con chistes que nos desprecian, a deprimirnos cuando nos dicen que hemos engordado y estamos feas, a sentirnos inferiores entre charlatanes y a dudar cuando dicen que no servimos.

Incluso tenemos que entender que nos agredan sexualmente si trabajamos en el ejército. ¿Qué esperábamos?



Hay quien cree que Trump ha sido tan agresivo durante la campaña electoral para asegurarse de pulverizar a su adversaria, pero sus políticas, como su primer discurso, serán mucho más moderadas. Sin embargo, el magnate ha alcanzado uno de los cargos más poderosos del mundo meándose en la cara de las mujeres.

En este ámbito, su actitud no puede interpretarse como anti establishment ni punk. Porque nosotras, que se sepa, nunca hemos dejado de estar en la base de la pirámide.

Mientras Trump el Travieso espera que seamos más atractivas mañana, sus mamás le dirán "qué malo eres", le darán un golpecito en el hombro y entregarán la fiambrera antes de cerrar la puerta. Lo importante es que el trabajo vaya bien, que el país reflote. Y sobre todo, que el presidente tenga un buen corazón.


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