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Trump y sus aliados atacan Siria

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Chris J Ratcliffe/Getty Images
 

EEUU, Francia y Reino Unido acuerdan una contundente respuesta militar contra el régimen de El Asad hasta que “abandone el uso de armas químicas”. Rusia advierte de que el ataque “tendrá consecuencias”

Luis M. Rodríguez , Margaryta Yakovenko

14 Abril 2018 11:20

Trump había avisado. “Prepárate, porque lo que vendrán serán misiles bonitos, nuevos e inteligentes”, dijo en alusión a las amenazas rusas de interceptar cualquier ataque en Siria. Y aunque el jueves parecía que los ánimos bélicos del magnate se habían apaciguado, al final cumplió su advertencia.

Hace apenas siete días Donald Trump defendía públicamente su intención de retirar a las tropas estadounidenses de Siria y aseguraba que Washington solo ha sacado “muerte y destrucción” de su papel en Oriente Próximo. Ayer viernes (la madrugada española de hoy), el presidente de EEUU daba un giro de 180 grados a su discurso y ordenaba un contundente ataque militar contra el régimen sirio como represalia por el uso de armas químicas por parte del “animal de Assad”.

EEUU no está solo en la respuesta militar al supuesto uso de gas tóxico en Duma. Reino Unido y Francia han secundado los bombardeos contra instalaciones en las que se cree que el régimen sirio almacena y fabrica armamento químico. Se trata, pues, de una ofensiva limitada con la que EEUU y sus aliados buscan mitigar el riesgo de que Rusia e Irán, los principales aliados de Siria, se animen a tomar represalias.

Un “golpe de precisión”

Según el Pentágono, el ataque conjunto, descrito como un “golpe de precisión”, ha comenzado a las 4:00 de la madrugada (hora siria) y en él han participado varias decenas de aviones y barcos militares. En total se han disparado más de un centenar de proyectiles dirigidos contra tres instalaciones: un centro de investigación científica en Damasco, un supuesto lugar de almacenamiento de armas químicas en Him Sinshar, al oeste de Homs, y un segundo almacén y centro de mando militar también situado en las proximidades de esa localidad. Los sistemas de protección antimisiles que Rusia tiene desplegados en Siria no han llegado a entrar en acción.

“En este momento no tenemos ataques adicionales planeados”, ha dicho el secretario de defensa de EEUU, James Mattis. “Este ha sido un ataque único”, puntualizaba. No obstante, en su aparición televisada, Donald Trump ha asegurado que EEUU atacará de nuevo si el régimen de Bashar al-Assad vuelve a hacer uso de armas químicas. “El objetivo de nuestras acciones esta noche es lograr una disuasión fuerte en contra de la producción, proliferación y uso de armas químicas (...) Estamos preparados para sostener esta respuesta hasta que el régimen sitio ceje en su uso de agentes químicos prohibidos”, dijo el presidente en su mensaje a la nación.

Consciente de la constelación de fuerzas y equilibrios presente sobre el tablero de juego sirio, Trump también tuvo palabras para los principales aliados de Damasco. “A Irán y a Rusia, les pregunto: ¿qué clase de nación quiere verse asociada con el asesinato masivo de hombres, mujeres y niños inocentes? Ninguna nación puede tener éxito a largo plazo promoviendo estados fallidos, tiranos brutales y dictadores asesinos. Rusia debe decidir si prosigue por la senda oscura o si va a sumarse a las naciones civilizadas como una fuerza de estabilidad y paz”.

Las primeras reacciones desde Rusia, que niega el uso de armas químicas en Duma, han llegado en boca de su embajador en Washinton, Anatoly Antonov. En un comunicado, ha asegurado que el ataque tendrá consecuencias.

“Nuestros peores temores se han hecho realidad", ha dicho Antonov. “Nuestros avisos no han sido escuchados. Se está implementando un escenario prediseñado. De nuevo, Rusia está siendo amenazada. Advertimos de que este tipo de acciones no se van a quedar sin consecuencias. Toda la responsabilidad por lo que pueda pasar cae del lado de Washington, Londres y París”.

Poco después, Putin tachaba el ataque de EEUU y sus aliados de “agresión contra un Estado soberano que se encuentra en la vanguardia de la lucha contra el terrorismo”. El Presidente de Rusia acusa a Washington en un comunicado difundido por el Kremlin de favorecer con su acción a los terroristas que actúan en Siria y agravar la crisis humanitaria. “Con sus acciones, EEUU empeoran aún más la catástrofe humanitaria en Siria, llevan el sufrimiento a la población civil, y de hecho, toleran a los terroristas que torturan desde hace siete años al pueblo sirio”. A pesar de la condena, en el comunicado no se alude a posibles respuestas o represalias.

La OTAN, por su parte, ha mostrado su pleno apoyo al ataque. “Apoyo las acciones emprendidas por Estados Unidos, Reino Unido y Francia contra las instalaciones y capacidades de armas químicas del régimen sirio”, ha afirmado en un comunicado su secretario general, Jens Stoltenberg. “Esto reducirá la capacidad del régimen para atacar aún más al pueblo de Siria con armas químicas". Stoltenberg ha aseverado que el régimen de El Asad “debe rendir cuentas” por sus actuaciones.

¿Caldo de cultivo para una III Guerra Mundial?

Este nuevo ataque a Siria forma parte de una historia interminable. El país lleva siete largos años inmerso en una cruenta guerra civil. Las estimaciones hablan de más de 320.000 muertos y 10 millones de desplazados como víctimas del horror. Lo que empezó como acciones de limpieza contra ISIS y otros grupos yihadistas hace tiempo que se convirtió en un pulso de bloques que implica a varias naciones clave para el mantenimiento de la paz a nivel mundial. Estados Unidos, Rusia, Israel, Irán, Turquía... todos mueven pieza en Siria.

En este escenario, cualquier movimiento en falso podría derivar en una escalada bélica incontrolable. El miedo es patente. “Lo voy a decir por primera vez, estamos ante una amenaza para la paz y la seguridad internacional”, afirmó el pasado lunes el enviado especial de la ONU en Siria, Staffan de Mistura, en la sesión de urgencia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En el mismo sentido se expresaba ayer secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres.

El ataque de esta madrugada aumenta la implicación de EEUU en la zona y dispara el riesgo de escalada del conflicto. Pero ¿hay razones para temer que la tensión en Siria pueda desencadenar una tercera Gran Guerra?

Simon Jenkins, columnista de The Guardian, argumentaba el pasado jueves que todas las grandes guerras de Europa se han producido cuando los dirigentes buscaban problemas pequeños para responder con belicosidad aumentada. Allí está la Primera Guerra Mundial y la muerte de un archiduque. La guerra de Irak y depósitos imaginarios de veneno. El ataque de ayer como ofensiva limitada y de precisión dirigida contra tres objetivos concretos —situados, además, fuera del área de cobertura de los sistemas antimisiles rusos— busca limitar esa sensación, desactivar la coartada de la "belicosidad aumentada" exhibiendo contención. El hecho de que no se hayan producido ni víctimas ni daños en el contingente militar ruso desplazado a Siria invita a pensar que el Kremlin reaccionará con mesura.

Además, Rusia tampoco parece tener ninguna intención de involucrarse en una batalla que rememore los peores tiempos de la Guerra Fría. A pesar de que el embajador ruso ante la ONU, Vasili Nebenzia, advirtió que Moscú respondería si Washington inicia un ataque, su comparecencia de hace pocos días ante los periodistas acabó con la coletilla de: “La prioridad inmediata es evitar el riesgo de guerra”.

En los últimos años, Rusia se ha especializado más en conflictos híbridos como el de Osetia del Sur o el del Este de Ucrania. Una batalla a campo abierto contra tres de los miembros más destacados de la OTAN no saldría rentable ni tampoco mejoraría la popularidad de Putin ni dentro ni fuera de sus fronteras.

Trump atacó Siria en abril del año pasado cuando el régimen de Al Assad bombardeó a la población con armamento químico. 48 horas después del ataque, 59 misiles de EEUU impactaban en una base aérea siria. Rusia no respondió con más bombas. Como tampoco lo hizo cuando en febrero de este año EEUU mató a cerca de 200 mercenarios rusos en territorio sirio. El Kremlin tampoco atacó Turquía cuando el Ejército de Erdogan derribó un caza ruso en noviembre de 2015. Las ganas de evitar un conflicto global son evidentes.

Las bombas de hoy buscan tener, sobre todo, un doble efecto disuasorio y político. El ministro de Exteriores francés, Jean-Yves Le Dria, ha declarado que tras el ataque confía en un retorno a la diplomacia. “Hay que encontrar un plan de salida de la crisis, con una solución política”, ha dicho Le Drian. “Estamos dispuestos a trabajar desde ahora con todos los países que puedan contribuir”.

La reacción de Rusia e Irán en los próximos días marcará el futuro de la región más inestable del planeta.

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