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Marcy Borders falleció el pasado lunes a causa de un cáncer de estómago
27 Agosto 2015 21:36
Marcy Borders había llegado a trabajar como todos los días a primera hora de la mañana al piso 81 de la Torre Norte del World Trade Center de Nueva York.
Tenía 28 años y había comenzado hacía un mes como empleada de Bank of America. Le esperaba una carrera prometedora en las finanzas en el corazón del mundo capitalista.
Según contó en una entrevista en vídeo, aquel día, el 11 de septiembre de 2001, Borders estaba ordenando su escritorio para comenzar una intensa jornada laboral.
A las 8:46 de la mañana, un estruendo interrumpió todo. Era un ruido como el que no había escuchado jamás y un impacto aterrador movió el enorme edificio. Los cristales reventaron: el vuelo de American Airlines número 11 acababa de estrellarse.

Ella trabajaba en el piso 81 y el brutal impacto había sido a la altura del piso 80, solo una planta por debajo. Estaba casi en la zona del impacto.
Borders, al igual que el resto de trabajadores, se miraron confusos, con pánico y nerviosismo en los ojos, sin saber qué hacer. Pero, según ella cuenta, enloqueció y comenzó a correr con un único objetivo: huir.
Ante esta situación, el jefe de la oficina pidió a todos los empleados que permanecieran en sus puestos de trabajo hasta que pudieran esclarecer qué había sucedido. Borders no hizo caso. No podía tratarse de una explosión accidental.
El jefe pidió a todos sus empleados de la planta 81 que permanecieran en sus puestos
Cuando Borders llegó a los ascensores, vio que no funcionaban. En el hueco de la escalera comenzaban a oírse los pasos apresurados y los gritos de los trabajadores de las plantas superiores.
En su relato decía que estaba lleno de humo y que no paraba de ver a gente que bajaba como podía. Borders tuvo que cruzar por el hueco de la escalera en el que había impactado el avión. Todo estaba destrozado y a oscuras.

Se cruzó con personas cubiertas de sangre de pies a cabeza, escuchaba gritos de ayuda, se quemaba con los cortocircuitos que había dejado el impacto y, sin saber casi cómo, consiguió atravesar aquel infierno de fuego, hierro, hormigón, cables y carne humana:
El edificio comenzó a temblar y a tambalearse. Perdí todo el control y me fui apresuradamente. Luché como pude por salir de ese lugar.
Como yo, cientos de personas estaban tratando de salir. El hueco de la escalera estaba destrozado y tuvimos que cruzar por ahí. Estaba convencida de que íbamos a morir. Estoy feliz de haber tenido fuerza para llegar hasta el final.
Vi a gente con extremidades desprendidas y objetos clavados, cubiertos de sangre de pies a cabeza. No sabía qué pasaba, no lo entendía. Lo que vi fue una carnicería y pensé otra vez que moriría de todos modos.
Huyó sumergida en una marea humana de histeria y desesperación
Guiada por el instinto de supervivencia y sumergida en una marea humana de histeria y desesperación, bajó los pisos que la separaban de la salida de la calle. Lo consiguió.
Comenzó a andar sin rumbo.
A las 9:59 se derrumbaba la Torre Sur, que había sido impactada más tarde que en la que trabajaba Borders.

Como mostraron las escenas de televisión, un torrente de humo y escombros invadió las calles de Manhattan. Calles en las que Marcy Borders corría junto a muchas otras personas impotentes y vulnerables.
Se refugió en la entrada de un edificio de oficinas cercano. Desde allí, a las 10:28 de la mañana vio caer la torre Norte.
El humo la cubrió por completo y el fotógrafo Stan Honda de la AFP capturó aquel momento que pasó a la posteridad: “la mujer del polvo”, la llamaban.

Falleció el pasado lunes a los 42 años, por un cáncer de estómago que no se descarta que esté vinculado al daño que sufrió aquel día.
Después de aquel día, y aunque sobrevivió, su vida cambió para siempre. Como cuenta The Guardian, entró en una fuerte depresión y se enganchó al crack. A partir de entonces no volvió a trabajar. Vivió una psicosis personal que incrementaba cada vez que veía un avión.
Estaba convencida de que Osama bin Laden planeaba más ataques. Cada vez que veía un avión tenía ataques de pánico. Si veía a un hombre en un edificio pensaba que me iba a disparar.
La desgracia de Borders no hizo más que acentuarse cuando luego perdió la custodia de sus dos hijos y cuando, después de rehabilitarse de las drogas, contrajo el cáncer en 2011.

Según los centros de salud Mount Sinai Selikoff ha habido al menos 1.646 casos de cáncer entre bomberos y personas que acudieron a socorrer a las víctimas de la catástrofe.
Los casos de enfermedades respiratorias que han sufrido a posteriori los afectados por aquellos ataques terroristas también causaron la reapertura del Fondo de Compensación para las víctimas del 11 de septiembre.
Y, aunque no hay ningún estudio definitivo que conecte los sucesos de aquel día con el cáncer que ha matado a Borders, el 11-S parece haberse cobrado su última víctima 14 años después.
La última víctima del 11-S 14 años después
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