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Artículo Tres amigas de 12 años, un bosque y 19 puñaladas Now

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Tres amigas de 12 años, un bosque y 19 puñaladas

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"No tengas miedo, sólo soy un gatito"

28 Agosto 2015 06:00

31 de mayo de 2014, suburbio de Waukesha, estado de Wisconsin.

1. Diecinueve puñaladas

Es viernes, así que cuando las clases terminan, lo hacen de verdad. Morgan Geyser, de 12 años, sale del colegio dispuesta a pedirle a su padre que le deje organizar una fiesta de pijamas. Esta noche quiere reunir en su cuarto a Bella y a Anissa, sus dos únicas amigas. Su padre accede, como siempre, a sabiendas de que en realidad las niñas no sienten ningún interés por los pijamas, los peluches o los chicos guapos.

Lo que les gusta a Morgan y a sus amigas es disfrazarse, imaginar que son gatos, personajes de Harry Potter o seres con poderes mágicos, y olvidar por un rato el nuevo colegio, donde ellas siempre son las raras.

Anochece y los rostros de las tres jóvenes se iluminan con la luz de sus portátiles. Con sus cuerpos conectados en forma de triángulo sobre el colchón, navegan por internet buscando leyendas sobre seres mitológicos; monstruos.

Buscan historias terroríficas para dormir muy juntas. 

Antes de cerrar los ojos, las amigas tienen un objetivo: elegir cuál será su avatar para la excursión del día siguiente.


Morgan muestra a Anissa lo que ha traído de casa: un cuchillo punzante



Tres seres mágicos están desayunando en la cocina de los Geyser: Morgan es Data, de Star Treck, Bella es una princesa vestida de color rosa y Anissa se ha transformado en una ProstiTroll, un personaje sexy inventado por ella misma.

Cuando terminan los cereales, Morgan pregunta a sus padres si ya pueden salir a jugar. No pueden decirle que no a una niña que trae tan buenas notas.

Las tres amigas cargan sus mochilas y abandonan la casa en dirección al parque David’s, una gran extensión boscosa a las afueras del barrio. Allí pueden escenificar sus fantasías sin interrupciones. Allí, sólo las miran los ojos que ellas son capaces de imaginar.


Anissa no puede creer que esté ocurriendo de verdad



Mientras avanzan por la carretera cantando canciones, Bella, la princesa rosa, se adelanta unos metros.

Morgan aprovecha el momento para abrir su mochila y mostrar a Anissa lo que cogido de la cocina: un cuchillo punzante y pequeño, de los que sirven para picar las verduras.

Las dos se miran de reojo: Anissa no puede creer que realmente vayan a llevar a cabo el plan, que esto esté ocurriendo de verdad. Bella sigue distraída.


Antes de adentrarse en el bosque, las niñas hacen una parada en los lavabos públicos que hay en el parque. Juegan y presumen de sus disfraces frente al espejo. Sólo Morgan y Anissa saben que están a punto de atacar a la princesa rosa.

Morgan es la primera en lanzarse. Intenta sujetar a su amiga pero no consigue retenerla. De pronto, Anissa irrumpe y empuja la cabeza de Bella contra la pared. Morgan se asusta, empieza a llorar y a patalear. Anissa está acostumbrada a verla así, es ella quien siempre tiene que calmarla. Así que empieza a acariciar a Morgan como si fuera un gato.


¡Gatito, ahora vuélvete loco!



Cuando se secan las mejillas de Morgan, Anissa toma la iniciativa y propone jugar al escondite. Quiere ir hacia el límite más lejano del bosque, donde el asfalto se convierte en tierra y la vegetación es más espesa.

A pesar del ataque, Bella accede. Puede que todo esto forme parte del mismo juego.

Morgan es la que empieza a contar; Bella y Anissa se esconden. Pronto Morgan calla. Se gira, saca el cuchillo y se lo ofrece a Anissa. Ella lo rechaza.


Bella se distrae de nuevo. Unas diminutas flores al lado de sus pies llaman su atención, y se agacha para acariciarlas. Mientras, sus dos amigas hablan de cómo matarla.

“No haré nada hasta que tú me lo digas”, dice Morgan empuñando el cuchillo. Anissa observa como Morgan se aleja unos pasos y grita: “¡Gatito, ahora vuélvete loco!”. De pronto se vuelve, propina un empujón a Bella y esta cae al suelo: “No tengas miedo, sólo soy un gatito”.


Morgan trata de curar sus heridas con una hoja verde. Después, Anissa y ella se dan a la fuga



“Clava, clava, clava”, se dice Morgan mientras hunde el cuchillo una y otra vez. Le asesta 19 puñaladas en piernas, estómago, hígado y corazón.

Bella brama de dolor: “¡Te odio! ¡Confiaba en ti!”. Intenta levantarse, pero se tambalea. Entonces Anissa la agarra del brazo, la conduce hasta las profundidades del bosque y le manda acostarse en el suelo. 

Morgan trata de curar sus heridas con una hoja verde. Después, Anissa y ella cargan sus mochilas y dejan a Bella allí. Tienen que seguir con el plan.

A poco más de un kilómetro desde ese punto del bosque hay un supermercado Walmart. Deciden entrar a sus lavabos, lavarse y llenar varias botellas con agua del grifo. En las mochilas llevan varias barritas de cereales. Con eso bastará para subsistir.


El plan es vivir en un castillo con Slender Man, ser las protegidas del hombre sin rostro



En su equipaje, Anissa lleva también fotografías de su familia porque no quiere olvidarlos. Va a pasar mucho tiempo lejos de su casa. 

Ella y Morgan van a vivir en un castillo con Slender Man, el ser misterioso cuya existencia han descubierto en internet. Van a ser las protegidas de este monstruo sin rostro y pálido, alto como un árbol y con tentáculos por dedos, que tiene poderes hipnóticos y que siempre merodea alrededor de los niños.

Por si acaso, Anissa ha dejado dos mensajes en el contestador: un testamento en el que reparte sus bienes entre sus padres y un mensaje de despedida.

“Este es mi último deseo para aquellos que se preocupan: no os aflijáis por mi ausencia, pero recordadme por quién era. Os quiero y nunca os haría daño”.

Morgan y Anissa han empezado a caminar por los alrededores de su pueblo, lloran y cantan.

Horas después, la policía las encuentra sentadas en un trozo de césped junto a la autopista.

No saben que Bella ha conseguido arrastrarse hasta una carretera, ni que un ciclista la ha encontrado y ha llamado a la ambulancia. 

No saben que, en el hospital, Bella lo ha contado todo.


NOTA* Hace 14 meses que Morgan Geyser y Anissa Weier están recluidas en un centro penitenciario para jóvenes en Washington. Han sido acusadas de intento de asesinato en primer grado. El pasado 10 de agosto el juez del caso decidió que las dos niñas de 13 años serán juzgadas como adultas. Eso ha provocado que el secreto de sumario se haya levantado: todas las pruebas del caso, incluyendo vídeos con las confesiones de las jóvenes, se han hecho públicos. Este relato se ha construido en base a esos documentos. 


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