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Lo que la ‘autosexualidad’ nos dice del mundo

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Los autosexuales sienten atracción sexual por sí mismos. ¿Disrupción romántica o neoliberalismo emocional?

Franc Sayol

19 Junio 2019 13:47

¿Un cosquilleo recorre tu estómago cuando piensas en tu sonrisa? ¿Tu idea de cita perfecta pasa por estar a solas contigo mismo? ¿Te has excitado mirándote al espejo? Podrías ser autosexual.

La autosexualidad es una tendencia sexual al alza. Y no debería extrañarnos. Las relaciones sentimentales nos ayudan a entender el tipo de sociedad que hemos creado, y en la era del culto al ego y el individualismo feroz, mantener una relación amorosa con uno mismo parece un paso lógico.

Claro que estar enamorado de uno mismo no es un idea precisamente nueva. En el año 43 antes de Cristo, Ovidio ya relató el mito de Narciso en Las Metamorfosis. Pero cualquier persona que se identifique como autosexual te dirá que lo suyo no es narcisismo.

A grandes rasgos, una persona autosexual seria aquella que únicamente encuentra estímulo sexual en ella misma. Pero como vivimos en tiempos de identidades líquidas lo mejor será dejar claro qué no es la autosexualidad.

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Fotografía de Florian Hetz (@florian.hetz)

La autosexualidad no es autoerotismo. Masturbarte no te convierte en autosexual. A no ser que lo hagas pensando en ti mismo. Entonces sí.

La autosexualidad tampoco es la solosexualidad, un término que define aquellas personas cuya vida sexual se limita exclusivamente a la masturbación. Una persona autosexual puede mantener una relación con otra persona al mismo tiempo que está enamorado de sí misma. En este caso sería un autosexual que practica el poliamor.

La autosexualidad tampoco es exactamente sologamia, que vendría a ser el hecho de casarse con uno mismo. Esto es bastante común desde que en 2003 Carrie Bradshaw anunció que se casaba con ella misma en un episodio de Sexo en Nueva York. Pero la inmensa mayoría de mujeres que se casan consigo mismas lo hacen como un acto simbólico, no porque realmente estén enamoradas de su propia persona.

Entonces, ¿qué le ocurre exactamente a alguien auto-sexual?

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Fotografía de Florian Hetz (@florian.hetz)

Lo mejor será poner un ejemplo.

Ghia Vitale es editora de una revista online y probablemente sea la persona que más ha pontificado sobre la autosexualidad en internet. En distintos artículos y entrevistas ha explicado cómo siente mariposas en el estómago al pensar en sí misma o cómo se excita al ver su propio cuerpo desnudo al salir de la ducha. También ha explicado cómo sus citas románticas consisten en dar paseos por la naturaleza a solas. O cómo se viste con lencería sexy en ocasiones especiales. Es decir, cómo se trata a sí misma como a un amante.

Aclarado entonces: los autosexuales son personas que practican la autarquía románico-sexual.

¿Escéptico? No eres el único. Son muchos los que niegan que la autosexualidad exista realmente. La opinión mayoritaria es que se trata de un caso extremo de narcisismo. Pero lo cierto es que la autosexualidad parece una consecuencia inevitable de los tiempos en los que vivimos. Lo cual no quiere decir que sea fácil de comprender. Para intentarlo, a continuación proponemos tres posibles interpretaciones de esta... ¿tendencia?

1. La autosexualidad es el futuro

Las redes sociales han transformado nuestra percepción de nosotros mismos. Nos han hecho creer que todos somos dignos de tener fans, seguidores y aduladores. Que somos especiales y que merecemos todos los likes del mundo. Que somos, en definitiva, mejores que el resto. En este sentido, enamorarse de uno mismo parece una evolución coherente. Seria algo así como una nueva mutación de nuestro ego hambriento de atención.

2. La autosexualidad es un mecanismo de defensa

Pero también podría ser todo lo contrario. Podría ser algo una suerte de mecanismo de defensa ante el superávit de estímulos que nos rodea.

La hiper-conectividad ha multiplicado nuestras obligaciones sociales. Al mismo tiempo, la comunicación a través de pantallas ha convertido las interacciones en el mundo real en algo engorroso. Esto hace que cancelar planes se haya convertido en uno de los grandes placeres de nuestra época. Y ser autosexual es la cancelación de planes definitiva. Tinder permite ligar desde el baño de tu casa. Pero ser autosexual te libera incluso del swipe. De la necesidad de ser aprobado por otra persona.

En un mundo en el que la aprobación de los demás parece ser más importante que lo que uno realmente piensa de uno mismo, ser autosexual podría ser una manera más inteligente de cuidar nuestra autoestima que subir selfies a Instagram. Ser autosexual podría ser, pues, algo así como una forma de autoterapia.

Una cura que a la vez nos liberaría de otra angustia derivada de la irrupción de las aplicaciones de contactos: el exceso de opciones. Cuando uno cree que siempre puede estar perdiéndose algo mejor es inevitable paralizarse. Convencerse que no hay nadie mejor que uno mismo para compartir el resto de tu vida, en cambio, es una manera de cortar por lo sano con la ansiedad derivada del cortejo perpetuo.

3. La autosexualidad es la sublimación del neoliberalismo emocional

La autosexualidad también se ha relacionado con la llamada “anarquía de relaciones”. Este concepto hace referencia a aquellas relaciones amorosas que escapan las convenciones sociales y las jerarquías tradicionales. Pero la autosexualidad también podría ser mucho menos disruptiva de lo que parece. Podría ser, de hecho, la sublimación de un ideal capitalista aplicado a los amoríos.

Una de las características del capitalismo es convertirlo todo en un producto. Incluidas nuestras relaciones. Si aplicamos al amor la lógica empresarial de minimizar costes y maximizar beneficios y la llevamos al extremo, ¿qué nos queda? Querernos mucho a nosotros mismos y no necesitar a nadie más. Ya que nos dicen que somos los únicos responsables de todo lo que nos ocurre, ¿qué mejor manera de controlar lo que nos sucede en el amor que ser nuestra propia pareja? Así evitamos devaluarnos cuando nos dejan.

Claro que llegará el día en que una persona autosexual se dé cuenta de que su amor no es correspondido. Y ahí es cuando la cosa se pondrá divertida de verdad.

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