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Por qué los programas contra radicalización islamista en las aulas solo crean más racismo

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"Aplicar la lógica criminal a las escuelas es un error"

anna pacheco

19 Octubre 2017 06:00

Imagen vía Getty

Pocos días después de que tuviera lugar el atentado en las ramblas de Barcelona y Cambrils, una educadora social de Ripoll compartió una carta en la que se preguntaba cómo era posible que esos niños con quien ella había tratado se hubieran convertido en terroristas de la noche a la mañana.

“¿Cómo puede ser, Younes? Con lo responsable que tú eras…”, describía Raquel en una carta que no tardó en hacerse viral. La carta de Raquel, desde la tristeza y conmoción de los días posteriores al atentado, interpelaba la comunidad educativa: al qué hemos hecho mal o al por qué no nos hemos dado cuenta. El clásico ‘eran unos chicos normales’ se traducía, entonces, en una suerte de autocrítica en la que la educadora intentaba dirimir qué pasó por la cabeza de esos seis chavales para que acabaran con la vida de 16 personas. Y con las suyas propias.

Pero, ¿cómo evitarlo desde las aulas? Si es que acaso se puede. Desde hace algo más de un año, un programa del Ministerio de Ensenyament y los Mossos llamado Proderai establece un protocolo de actuación para detectar casos de radicalización islamista en las aulas. El protocolo plantea una propuesta pedagógica para trabajar con los alumnos que presenten “signos de riesgo”.

El problema, advierten las expertas, es que este protocolo con carácter preventivo “estigmatiza a la población musulmana”. Echando a un vistazo al protocolo, que se puede leer aquí, observamos que recomiendan prestar atención a aspectos cómo la baja autoestima de los jóvenes, dificultad para gestionar emociones o la falta de expectativas. Aspectos, en principio, aplicables a todos los jóvenes, pero que sin embargo aquí se utilizan como “síntomas de riesgo” para activar las alarmas.


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“El problema de este protocolo es que su esencia no viene del ámbito educativo, sino del ámbito de la criminología. Lo que estamos haciendo con el Proderai es sospechar de toda una población por la posibilidad de que se convierten en algo y esto viene determinado únicamente por quiénes son y no por lo que han hecho”, explica Ainhoa Nadia Douhabi, educadora social. Para ella el componente “racista” del protocolo está claro, por mucho que ahora se hayan apresurado en eliminar la palabra ‘islamista’ de la portada del dossier. Las mismas siglas de Proderai lo dejan bastante claro: Protocolo de Prevención, Detección e Intervención de Procesos de Radicalización Islamista.



Para ellos, indicadores de riesgo es también tener un relato diferente, no beber coca-cola, tener henna en las manos, presentar marcas de rezo o formar parte de una determinada corriente del Islam



A la hora de ser cuestionado por el Proderai, el gabinete de prensa de los Mossos encargado de gestionar este protocolo responde con evasivas. Algunos portavoces aseguran que el protocolo está suspendido desde los atentados; otros que lo está debido a la situación política de Cataluña. En una ocasión, una fuente de los Mossos nos llega a admitir que sí se aplica pero que ya no se realizan los cursos de formación con docentes y profesores. En ningún caso nos facilitan ningún dossier que nos explica en profundidad el contenido de dichos talleres. Ni tampoco alguna estadística o datos que reflejen en cuántos institutos se ha puesto en práctica o sus resultados. Intentar obtener información de Proderai es un camino que no te lleva a ninguna parte, como denunciaba aquí mismo el digital La Directa y este artículo del diario Educació.

Desde PlayGround, hemos intentando contactar sin éxito con algún profesor o profesora que haya participado en alguno de estos programas de detección de radicalismos. Douhabi nos explica alguna de las informaciones que les ha llegado de forma privada en relación a estos cursos. “Para ellos, indicadores de riesgo se considera tener un relato diferente, no beber Coca-Cola, mostrar henna en las manos, presentar marcas de rezo o formar parte de una determinada corriente del islam”, explica. Douhabi alerta que se trata de una forma “muy reduccionista” y “orientalista” de interpretar la cultura arabo musulmana. Y que, sin duda, “supone un grave riesgo para la convivencia pacífica de los alumnos en las escuelas”.

Imagen vía Memoria de las Migraciones de Aragón

Otro de los aspectos que presenta este programa es que el encargado de aplicar el protocolo —alguien en contacto directo con el niño o niña en cuestión— será, a su vez, el encargado de activar las alarmas en el entorno. “Esto tiene un efecto expansivo muy peligroso: no solo se sospecha del niño, la alerta se expande hasta directores de colegio, servicios sociales, familia. Esto pone bajo sospecha a todo el entorno del menor e incluso a la mezquita musulmana a la que van a rezar”, denuncia.



¿Qué es la tan famosa radicalización de la que todos hablan? ¿Y cómo se mide? La adolescencia es una etapa de cambios y de toma de conciencia, de elecciones. Muchos adolescentes musulmanes saben poco de su propia religión y es una etapa en la que se empieza a explorar. Yo empecé a usar hijab en el instituto, ¿eso supuso una radicalización?



“El problema de estos protocolos es que acaban legitimando la segregación racial y la exclusión en el marco de la escuela. Legitiman al profe que te dicen que tu cultura es violenta o peligrosa”, crítica Cheima El Jebary Amisnaou, de la Asociación Juventut Multicultural Musulmana. Para esta activista está claro: el Proderai, aunque camuflado en sus formas, solo crea alarma social respecto a la población musulmana. “Podría ser interesante si se aplicaran esas medidas para otros casos de radicalización ya sean chavales que se meten en grupos neonazis u otros grupos de sectas religiosas. Pero no parece ser lo que persigue este programa”.

Esta asociación recibe diariamente denuncias de casos islamofobia en colegios e institutos, por eso conocen la urgencia de erradicar programas como el Proderai que “solo agravan el racismo”. Amisnaou me explica la experiencia de una joven que pidió utilizar el velo identitario en la escuela y el profesor le giró la pantalla del ordenador para mostrarle a unas yihadistas con burka. Luego, el profesor le dijo algo así como: "¿Es esto en lo que te quieres convertir?".


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Douhabi entiende que los colegios se tienen que limitar a “enseñar, crear espacios donde se pueda pensar y debatir y crear a individuos libres y con capacidad de pensar. Pero no se puede transferir la lógica criminal a la escuela”. Además, explica, no existe ninguna estadística alarmante que hable del gran volumen de jóvenes radicalizados en las escuelas como para justificar dicha medida. Por su parte, la youtuber Ramia Chaoui, de 24 años, enfatiza: “¡Son centros educativos. No comisarías!”.

Chaoui, que tiene un canal de YouTube en el que habla de racismo e intenta desmontar los estereotipos racistas, entiende que medir la supuesta radicalización es algo complejo. “¿Qué es la tan famosa radicalización de la que todos hablan? ¿Y cómo se mide? La adolescencia es una etapa de cambios y de toma de conciencia, de elecciones. Muchos adolescentes musulmanes saben poco de su propia religión y es una etapa en la que se empieza a explorar y a interesarse. Yo empecé a usar hijab en el instituto, ¿eso supuso una radicalización?”.

Para Chaoui, la medida pone en el punto de mira a los estudiantes musulmanes. “Es un ejemplo claro de que si eres musulmán eres culpable hasta que se demuestre lo contrario”. Para ella, una buena forma de explicar unos atentados en el aula es invitar a personas de la propia comunidad a las escuelas para que hablen. Y a las que los estudiantes puedan preguntar todo tipo de dudas. “A veces, los profesores, no lo saben todo y hay muchos subtemas en el tema del yihadismo islámico”. Chaoui ha sido invitada en varias ocasiones a hablar sobre los atentados en escuelas. Para ella es necesario "dedicar el tiempo necesario para que no haya malentendidos, favorecer la comunicación y los intercambios culturales, poner en contextos. Y, sobre todo, no ventilarse un asunto tan serio en pocos minutos, perjudicando a los de siempre".


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