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Artículo Fue el mejor alumno de su promoción y ahora trabaja en un súper… por convicción Now

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Fue el mejor alumno de su promoción y ahora trabaja en un súper… por convicción

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Hablamos con Iván, un Bartleby en pleno año 2015

Rafa Martí

30 Octubre 2015 06:00

1. Bartleby en Terrasa

Siempre que a Bartleby le preguntaban que contara algo sobre su vida o le encargaban un trabajo, respondía lo mismo: “I would prefer not to”, “Preferiría no hacerlo”. Simplemente, no quería.

Lo mismo que sucede en la literatura, ocurre en las demás artes y en las ciencias. Están llenas de bartlebys, personas que encarnan la negación de la ambición. Y son personas que no lo hacen como una excusa a su pereza o mediocridad, sino como una actitud vital.

El mismo Will Hunting, aquel chico que resolvía los problemas de álgebra que quedaban escritos en las pizarras de Harvard después de limpiar los pasillos, es otro ejemplo de ello.


Iván Redondo fue el estudiante de su promoción con más Matrículas de Honor. Ahora regenta un supermercado



Bartleby y Hunting sabían que podían alcanzar todas las cimas del éxito y de la gloria a ojos de la sociedad, pero habían optado por mantener una existencia discreta. Eso sí, solo a ojos de los demás, porque sus interiores rebosaban la grandeza del genio.

Iván Redondo no es ningún personaje de ficción como los dos anteriores. Tiene 32 años, vive en Terrassa —en la periferia de Barcelona— y regenta un supermercado Día con su novia.

La otra cara de la moneda es que fue el estudiante de su promoción con más Matrículas de Honor en la carrera de Filosofía, tiene un doctorado, ha publicado en las revistas más prestigiosas y ha viajado por todo el mundo participando en congresos y conferencias.

2. De pasota a filósofo, y de ahí al supemercado

¿Cómo se explica esto? La misma pregunta comenzaron a hacerse sus amigos cuando él, en el instituto —y al igual que Will Hunting— se despertó de un letargo cuando conoció a su profesor de Filosofía.

“A mí se me daba bien estudiar pero era un pasota. Estaba ocupado con las niñas y por las cosas que preocupan a los chicos de mi edad. Sacaba buenas notas pero no me interesaba nada, hasta que aquel profesor, en lugar de enfrentarse a mí, me ridiculizaba por mi actitud. Eso me impactó de una manera especial e hizo que me lo planteara todo”, dice.

A partir de entonces, Iván comenzó a leer Platón y Hegel en su casa. La filosofía le había apasionado como nada lo había hecho antes en su vida.

“Yo seguía con interés por las cosas de la vida pero tenía la intuición de que ahí había algo muy interesante por descubrir, de que se me había abierto un mundo nuevo que no sabía adónde me llevaría pero que tenía que explorarlo. Era como una provocación”, asegura.

En ese momento, cuenta, Iván descubrió su vocación y se volcó en ella. Siendo consciente de su talento intelectual y de que podría cerrarse puertas profesionales, un día dijo a sus padres que iba a estudiar la carrera de Filosofía en la Universidad Autónoma de Barcelona.


Comenzó a sacar matrículas, a Iván se le acabó la beca por los recortes, dio clases de Diseño, cortó con su pareja y empezó a trabajar como comercial



En la carrera sacó las mejores notas de su promoción. Su media final quedó en 3.7 sobre 4. Es decir, sacó todo Sobresalientes y Matrículas de Honor. Más de las segundas que de los primeros, de hecho.

Sin saberlo, su buen expediente le abrió la posibilidad de una beca para trabajar en la universidad al tiempo que hizo el doctorado. Aceptó y, sin más pretensiones, se pasó allí 4 años.

“Como algo muy natural comencé a sacar matrículas, pero nunca lo hice pensando en nada. Me implicaba a mí personalmente. Las horas de estudio eran una extensión de mí mismo. No digo que fuera divertido, porque a todo el mundo le pesa, pero era mi naturaleza”, dice.

La crisis golpeó especialmente a la educación en España y a Iván se le terminó la beca por los recortes. No sabía muy bien qué hacer y, a través de un contacto, se puso a dar clases de Diseño. En Filosofía se había especializado en ciencias cognitivas y ahí encontró un punto de unión.

Para aquel entonces, llevaba 5 años con su pareja. Cortaron. Su vida cambió radicalmente y quiso hacer lo que fuera con tal de cambiar de aires. Se puso a trabajar de comercial de una de las principales operadoras de móvil en España. Al poco tiempo, cuenta, “ya lideraba un equipo”. Conoció entonces a su actual pareja, en Bilbao.

Una operación empresarial le dejó fuera de la plantilla y volvió a Terrassa. Él se puso a dar clases y su novia a trabajar en un Día. Con dinero que ambos habían ahorrado, y con ayuda de sus padres, compraron la franquicia del supermercado en el que ella trabajaba. Se puso un sueldo de 600 euros al mes.

3. "Jamás me he planteado si soy un genio o no lo soy"

La vida de Iván ha sido una mezcla de elección propia y de dejarse llevar. Aún así, se siente plenamente realizado.

“Aunque parezca que mi vida ha sido errática en lo profesional, la Filosofía siempre ha estado ahí como una columna vertebral y me ha servido para todo. Puedo decir que estoy satisfecho y, si me aseguran que dentro de 10 años tengo algo ahorrado para vivir sin trabajar tanto, lo firmo ahora mismo”.

Iván es consciente de que, si hubiera seguido otro camino, el de la ambición, podría haber alcanzado cualquier puesto alto en cualquier profesión a la que se hubiera dedicado. “He estudiado por vocación y jamás me he planteado si soy un genio o no lo soy. Seguramente si hubiera hecho otra carrera sería muy posible que hubiera llegado a puestos altos, pero eso nunca me ha llamado la atención”.

Su camino, como él describe, “era un imperativo personal que tenía”, del cual no podía huir.

Y así, también se iba alejando de los anhelos que la mayoría de sus amigos a su edad pudieran querer: dinero, coche, casa...


Soy antagónico al discurso de estudiar para conseguir algo



Simplemente, no.

“No creo que sea nada materialista. Soy antagónico al discurso de estudiar para conseguir algo. Nunca he tenido ambición por nada y soy austero por convicción. Detesto todo ese tipo de vida ambiciosa de tener más y más”, añade.

Él mismo reconoce que seguir este extraño camino a los ojos de los demás le ha dejado solo, pero sin ningún tipo de arrepentimiento. Hasta el punto de que se siente un extraño en el mundo, algo que incluso dice que ha hecho deliberadamente:

“Yo no tengo amigos, en el sentido de que me he ido alejando de todo el mundo. Me siento extraño y deliberadamente me he alejado del mundo. Por naturaleza no me entiendo con los demás, no estoy en su misma línea ni me preocupan las mismas cosas que ellos. No me considero ni mejor ni peor, busco lo que me satisface en la vida pero no es ni un coche ni nada. Lo único que quiero es un pisito para tener donde caerme muerto. Si no fuera por mi novia en mi casa no habría ni luz”.

4. Hacia una nueva sociedad

Pero, de todas formas, hay algo que sí le diferencia del resto de Bartlebys. Iván siente la pulsión de hacer algo por cambiar la sociedad. Reconoce que, si tuviera recursos y tiempo, se metería en política. “Es el único sitio desde donde se puede cambiar la realidad”.

Pero para él no es ningún imperativo, como sí lo fue la filosofía. Iván tiene ideología comunista. “De la clásica”, insiste, “la de Marx y Engels, no la de Rusia y Cuba”.

Podría parecer que su falta de ambición para los próximos 10 años le alejaría de su objetivo político, pero él dice que no: “No me resigno porque tengo la esperanza de hacerlo en el futuro, pero no tengo prisa. Si puedo hacerlo lo haré, y sino puedo hacerlo me moriré muy tranquilo”.


Lo único que quiero es un pisito para tener donde caerme muerto



La pulsión política de Iván es eso, una pulsión. No una ambición, ni ganas de eternidad. Es la desembocadura natural de todo un proceso de conocimiento y realización personales: “Mi único objetivo era conocerme a mí mismo. Es lo único que yo quería. Saber qué era el sufrimiento, por qué sufría... necesitaba estar contento y feliz conmigo mismo para luego tener algo que ofrecer al mundo”.

A partir de ahí, su proyecto político se basa en construir un edificio social sólido, que tiene que partir de un carácter bien formado. “Hay que ser muy imperturbable”, dice, en referencia a la corrupción de la política.

5. Los genes de un Bartleby

Al final de todo, siempre queda una pregunta: ¿Por qué? ¿De dónde le viene a un chaval que es el primero de toda su familia con estudios universitarios preguntarse por las cosas? ¿De dónde le viene querer realizarse personalmente cuando podría estar ganando cientos de miles de euros?

Y es la única pregunta a la que Iván, dice: “No tengo respuesta. Simplemente sé que me nace, que es una llamada, una necesidad interna”. O, posiblemente, los genes de un Bartleby.


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