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La odisea del manga español: el puedo y no quiero de una industria cultural

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Hablamos con expertos y autores españoles de manga para analizar la situación

31 Octubre 2015 11:01

La industria del manga funciona realmente bien en España. Las editoriales están encantadas de editar manga. Sus ventas están disparadas e incluso superan a las del cómic estadounidense.

Pero el manga no solo se produce en Japón. Un gran número de países se unen a este mercado que esconde un ritmo de trabajo frenético y salarios pobres para cualquier obra que no se encuentre entre el top de ventas. Entre estos países se encuentra España. Muchos historietistas se atreven a enfrentarse al reto de publicar una serie manga. Sin embargo, son muy pocos los que tienen éxito.

Así pues, ¿es el manga un mercado que solo funciona cuando viene desde Japón?

Para resolver esta duda, hemos aprovechado el XXI Salón del Manga de Barcelona para hablar con expertos en el tema y autores que han cosechando un éxito sin igual.

Nacho Fernández, autor de cómics como Los Mundos de Valken o Tijeras y Tiritas, es ampliamente conocido por haber llevado a cabo Dragon Fall. Lo que comenzó como una parodia entre amigos del famosísimo Dragon Ball, se convirtió rápidamente en un fenómeno de masas que llegó a igualar a la obra de Akira Toriyama en número de ventas en España.

“En un principio no buscábamos más que hacer una especie de fanzine. El número 0 lo hicimos por pura diversión, pero poco a poco la gente de todo el país comenzó a comprarlo”, explica el propio Fernández.



Dragon Ball masificó la cultura nipona en España



El hecho de estar respaldado por una serie como Dragon Ball fue una baza muy a favor de la serie. A fin de cuentas, Dragon Ball consiguió traer la cultura de la historieta nipona a España.

El manga en España no se entiende sin Dragon Ball. Se nota mucho en las distintas obras que fueron llegando después de Dragon Ball que tenían esta influencia. Aunque el crecimiento posterior fue escalonado, fue gracias a esta obra como la gente comenzó a interesarse por el manga en nuestro país” argumenta Alegría Jiménez, investigadora especializada en manga.

Hoy Dragon Fall sigue siendo una obra de vital importancia para el mercado español. Recientemente, la editorial Dolmen ha vuelto a editar la obra de Fernández y Álvaro López en una renovada impresión que está volviendo a cautivar a los lectores más melancólicos.


El manga en España no se entiende sin Dragon Ball. Fue gracias a esta obra como la gente comenzó a interesarse por el manga en nuestro país



“El fenómeno Dragon Ball parecía totalmente agotado hace ya 10 años, pero va por ciclos y se ha convertido en una serie de culto. Tiene un público fiel que se va a mirar cualquier cosa nueva que saquen relacionada con la serie, y por eso Dragon Fall sigue funcionando después de tanto tiempo”, cuenta Nacho Fernández.

Pero Dragon Ball no solo atrajo el interés por el manga de aficionados, sino que los propios autores de cómic se comenzaron a interesar en el producto cumbre de la cultura nipona. Artistas de toda la península vieron en esta vertiente una nueva forma de expresar sus ideas, y el mercado creció a pasos agigantados.

Las que más triunfaron en un principio, como en el caso de Dragon Fall, fueron las obras de parodia y humor. De hecho, este tipo de producto siempre ha funcionado en todas las vertientes de nuestro país. Solo hay que echar un vistazo al programa Polònia de TV3 o al propio cómic Mortadelo y Filemón parodia de las agencias de espías– para observar la capacidad inherente que hay en el ser humano español de “humorizarlo” todo.



El sexo y el humor dominaban el mercado del manga en España


Durante la primera etapa de éxito entre los autores de manga español, hubo otra obra que vio la luz y llegó a tantos españoles como Dragon Fall. Sueños, de Rafael Sousa y Javier Sánchez, cautivó al público más adulto gracias a sus muestras de erotismo que mamaba directamente de la lujuria japonesa.

Sexo y humor. Las dos claves del éxito español en cualquiera de sus vertientes culturales —véase nuestro cine más taquillero— poblaban el panorama del manga en España cuando todavía no sabían cómo llamarlo. Pero también aparecían autores de otros géneros que comenzaban a establecer su sello propio en el mundillo.


Las dos claves del éxito español en cualquiera de sus vertientes culturales han sido sexo y humor



Muchos de ellos comenzaron a publicar en la famosa revista Neko, que recogía las obras más importantes de Japón y daba oportunidad a autores españoles de darse a conocer. Neko dio paso a que las editoriales se atrevieran a realizar concursos y maquetar historias nacionales, aunque tuvo que cerrar en 1998 dejando un importante hueco en el mercado.

Pero el boom ya había estallado, y cada vez más autores soñaban con convertirse en “mangakas”. Entre todos ellos, Aurora García y Diana Fernández decidieron unirse a través del I Salón del Manga de Barcelona —realizado en 1995— y fundaron el denominado Studio Kôsen.



“Por aquel entonces realizábamos un fanzine sobre Sailor Moon. Fuimos con nuestras carpetas repletas de dibujos de ambas, cada una con sus aspiraciones de ser autoras, y hablamos con varios editores de entonces. Allí conocimos a una redactora de una revista que iba a estrenarse, Ladoka, y nos acabó pidiendo una historia sin especificar a quién. Entonces, en vez de echarlo a suertes decidimos hacerlo de forma conjunta, y el resultado fue Studio Kôsen”, explica Diana Fernández, que ahora se encarga de guionizar las historias del grupo.

Pese a que el objetivo de las historietistas era realizar mangas, el mercado que había por entonces les obligó a tener que realizar trabajos de todo tipo. Realizaron ilustraciones, portadas de disco e incluso un cartel para las Juventudes Socialistas.

“El trabajo de dibujante es sacrificado. Nunca se sabe cuándo va a llegar un encargo. A veces llegan todos a la vez y luego hay épocas en la que no tienes nada. Así que hemos tenido que ir cogiendo de todo, aunque no tuviera que ver con nosotras, y adaptarnos”, comenta Aurora García.




Artistas como Studio Kôsen, referentes del manga en nuestro país, se han visto doblegados ante las zarpas del mercado, dejando claras las dificultades que existen para ganarse la vida en este género. Tanto es así que, tal y como destaca Alegría Jiménez, “en la actualidad, el único español capaz de vivir exclusivamente del manga es Jesulink".

La historia de Jesulink —Jesús García Ferrer— es bastante curiosa. Siguiendo el ejemplo de Dragon Fall, comenzó a publicar el fanzine Raruto por diversión propia. “En ese momento, Naruto estaba muy de moda. Veía parodias que había por internet, así que quise hacer mi broma propia. La subí en un blog con el objetivo de que la vieran algunos conocidos. Pero nunca pensé que fuera a pasar lo que pasó. En muy pocos meses ya la estaban leyendo unas 30.000 personas”, explica el autor.


El secreto del manga en Japón es que se complementa con el anime y los videojuegos


Pero lo cierto es que supo aprovechar el momento. Junto a Raruto, comenzó a publicar 5 Elementos, un manga de tipo juvenil y con tintes humorísticos completamente original. Editándose él mismo y gracias a internet, llegó a un público que antes se antojaba impensable. Hoy, de hecho, continúa subiendo los capítulos de esta serie de manera gratuita, financiándose a través del marketing y de los recopilatorios que vende en forma de tomos.



“Muchos mangakas occidentales empiezan haciendo un webcomic y si funciona se puede plantear sacar un tomo, pero aquí tardamos mucho más en producirlos. Además, el manga forma parte de una triada que funciona en perfecta simbiosis en Japón: Manga – Anime – Videojuegos”, cuenta el autor de Dragon Fall.

Quizás este sea el secreto de Jesulink. Con Raruto se atrevió a llevar a cabo un anime partiendo desde cero y con la colaboración de sus seguidores. En la actualidad realiza la serie Kofi en Youtube y patenta videojuegos basados en sus obras. Lo da todo gratis a través de la red, y solo cobra por las colecciones en físico y productos derivados.

"Si tú quieres plantear a una editorial importante, con medios y recursos, lanzar un producto con opciones a convertirlo en figuritas, en serie de animación o en videojuego, te mandan a paseo educadamente", dice Nacho Fernández. "El manganime es una simbiosis de medios, pero aquí es imposible lograr esa coordinación. ¿Por qué? porque la mentalidad empresarial española, hija de la historia tan jodida que hemos tenido y de la cultural del pelotazo, es cortoplacismo y no arriesgar un céntimo. Ese es el modelo empresarial patrio".


Gracias a internet, los autores noveles tienen una gran oportunidad



Parece que la única posibilidad de hacer algo así es la fórmula de Jesulink, aunque para llegar a ello antes se necesita contar con un público fiel que siga todas tus obras. Internet, no obstante, es la herramienta diseñada para lograr tal logro.

“Gracias a Internet existe la posibilidad de autoeditarse sin contar con ninguna editorial. No es tan caro autopublicarse, o directamente publicar en digital”, destaca Diana Fernández. “Además, hay plataformas que te lo ponen muy fácil, como Amazon. Subes el título, se llevan un porcentaje y el autor el resto, pero no hay intermediarios. Eres tú y el lector".

Aun así, la división entre el manga japonés y el que se hace en el resto del mundo difiere bastante. La afluencia del carácter occidental al manga que se hace en España provoca que el producto derivado sea una mezcla entre las dos culturas. Este hecho favorece un nuevo estilo, pero lo aleja mucho del manga original.


El manga está tan arraigado en Japón que llamar manga a lo que se hace aquí me parece una falta de respeto a los japoneses



“No me gusta llamar manga a la imitación que se hace aquí, por mucho que sus autores amen el manga, porque el manga está tan arraigado en el modo de vida japonés, y nosotros tenemos tan poco que ver con todo eso, que me parece faltar al respeto a los japoneses”, destaca el autor de Dragon Fall. “Prefiero llamarlo cómic estilo manga o mangoide”.

“Denominar manga a las obras españolas es algo temerario, ya que no lleva todo el bagaje cultural ni el modo de trabajo que tienen en Japón. Un concepto que se ha propagado mucho es el iberomanga, ya que tiene su base en el manga pero con todo lo que comporta que se haya realizado aquí”, añade Alegría Jiménez.



Ya sea manga, iberomanga o mangoide, lo que está claro es que nadie es profeta en su tierra. Los propios españoles infravaloran cualquier obra que no salga de sus fronteras, un problema que se suma a la ya de por sí difícil industria con la que tienen que lidiar.

“Es un pensamiento intrínseco en la mentalidad española. Se suele hacer con todo: el cine, las series, los autores... Por ejemplo, he escuchado mucho aquello de 'Buah, El Ministerio del Tiempo tiene buena pinta... pero es española'. En el mundo del cómic, solo valoran a españoles cuando publican algo fuera. Incluso a nosotras nos pasó. Publicamos en Estados Unidos y de repente todos nos hacían caso. Pero señores, si publicar en EEUU es lo mismo que publicar aquí”, explica la guionista de Studio Kôsen.


La cultura ha estado décadas apartada y considerada como algo decorativo


La cultura ha estado décadas apartada y considerada como algo decorativo. Se ha preferido invertir en ladrillo. Beneficio rápido, beneficio fácil. Un sistema educativo al servicio de intereses económicos y políticos de los partidos que manejan las distintas autonomías, y una población cuya percepción de la cultura es de 3º de primaria. Vamos a la cola de Europa en muchas cosas y no me vale que me digan eso de que 'aquí se vive mejor'. Necesitamos cambios muy profundos o no lograremos tener de una vez una industria del entretenimiento fuerte, con ganas de invertir y llevado por gente de talento que ama de verdad el medio, no por mediocres”, sentencia Nacho Fernández.

Así están las cosas. Artistas que deben irse a otros países para editar sus propias obras —que luego llegan aquí a través de licencias, ya que es más fácil comprar una licencia que editar una obra– ; aficionados que echan por tierra la obra local al considerarla “cutre”; un mercado que no apuesta lo suficiente; y un sector cultural con capacidad y ganas de igualar a otros países pero sin posibilidades reales de hacerlo.

El manga español es muy rico, pero ¿le estamos haciendo suficiente caso?


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