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Artículo Así es la guerra electoral en el distrito más pobre de Barcelona Now

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Así es la guerra electoral en el distrito más pobre de Barcelona

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Allí donde nadie espera nada de los políticos, ¿cómo hacen campaña electoral?

Rafa Martí

16 Junio 2016 06:00

Imagen de cabecera de Stephen Lyne

I

Pocas veces vemos a los políticos tan atentos a la situación de los más desfavorecidos que en las elecciones. En campaña electoral hay auténticas bofetadas por sus votos; más aún en un país que ha sufrido una de sus peores crisis económicas, dejando en la pobreza a millones de personas.

Estamos en Barcelona, en el distrito de Nou Barris. De sus trece barrios, ocho baten el récord de la renta más baja por familia en los últimos años.

Aquí es donde Albert Rivera arranca el acto más grande de la campaña de Ciudadanos en Catalunya. Sus padres tuvieron un negocio en la Vía Júlia, una zona importante del distrito. En las pasadas elecciones autonómicas, de hecho, este tradicional fortín obrero y de la izquierda votó en masa a Ciudadanos.



Rivera quiere convencer a las clases populares de que Ciudadanos no es solo una opción antinacionalista. Quiere convencerles de que también es una opción para solucionar sus problemas cotidianos. El público apenas se acerca a las 700 personas sentadas en sillas plegables, muy lejos del baño de masas febril que cualquier político espera.

De pronto, el mítin es interrumpido por un activista de Arran, la formación junenil de la CUP. Rivera tiene aquí la excusa perfecta para recordar a su audiencia que esa izquierda no es su aliada: “El antídoto frente al sectarismo, frente a la intransigencia, es Ciudadanos”, dice.

La interrupción estimula al auditorio: “¡Yo soy español, español, español!”, corea la gente, y entonces ya no es necesario que Rivera vuelva a hablar de problemas sociales. Luego añade:

“La señora Colau piensa que el cambio en Barcelona es pagarle los edificios a los okupas (…) ¿Por qué los barceloneses de sus impuestos tienen que pagar edificios a okupas? Si el cambio a mejor es prohibir las terrazas, eso es no tener ni idea de lo que es Barcelona, es tener sectarismo e intransigencia”.



Desencanto

A pesar de sus críticas a los okupas, ocurre que algunas calles más allá, en Ciutat Meridiana, se encuentra un gran número de okupas barceloneses. Es muy probable que no coincidan con el prejuicio de Rivera sobre este colectivo. Se trata de gente que ha tenido que ocupar pisos vacíos porque la han desahuciado. A juzgar por su aspecto, podrían pasar por hermanos de Rivera. “No somos perroflautas”, dice Sandra, una de ellas.

Son las 12 del mediodía y Sandra celebra junto a sus vecinos la fiesta mayor del barrio, ajenos a cualquier mítin. Han instalado dos castillos hinchables en la zona deportiva. Aquí el campo de fútbol sigue siendo de tierra y no hay terrazas. Solo vecinos que comen al aire libre e intentan dibujar sonrisas a sus hijos en medio de la representación más brutal de la crisis económica.

El caso de Sandra explica por sí mismo esta situación: tiene 28 años y sus abuelos fueron los primeros que fueron a Ciutat Meridiana, hace 50 años. Ella nació aquí, se crió aquí, se casó aquí y se separó aquí. Con una hipoteca de 400.000 euros imposible de pagar y una hija, fue desahuciada. Luego, no le quedó más remedio que ocupar una de las centenares de viviendas vacías que los bancos poseen en el barrio. Ahora está en paro.


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?"No sé cómo Rivera tiene la cara de venir al distrito. Eso sí, los partidos del cambio también nos han decepcionado" (María, vecina de Ciutat Meridiana)?

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Al igual que la mayoría de vecinos, Sandra espera poco de los políticos y de las próximas elecciones. “Con la campaña se están gastando 192 millones de euros. Cualquiera que venga aquí a pedir el voto se le tendría que caer la cara de vergüenza”, asegura. Afirma que su voto será nulo.

De Albert Rivera piensa que “solo se trata del mismo perro con diferente collar”. Su discurso no se lo cree, como tampoco cree a las alternativas. Lo mismo pasa con otros vecinos que están sentados a su mesa, esperando a comer fideuà. Votarán nulo.

Una de las compañeras de mesa de Sandra es María Granados, de 69 años. Lleva toda su vida trabajando y defendiendo con firmeza a sus vecinos. Y ese mismo celo lo pone en cuidar su imagen y estética. Granados es un monumento a la dignidad, inalterable a pesar de las penurias experimentadas.

“Con mi voto no gobernará nadie”, dice. No soporta la idea de que alguien como Rivera “tenga la cara de venir al distrito”. Pero tampoco oculta su decepción por los partidos del cambio. “Quisimos darles un voto de confianza, pero nos han decepcionado. ¡Ada luchaba con nosotros parando desahucios, pero ahora se ve que el sillón le ha venido a la medida!”, asegura. “¡Ni me la nombres!”. 

Fili

Filiberto Bravo encarna a la perfección la desafección política de los vecinos. El presidente (o “responsable”, como él dice) de la Asociación de Vecinos de Ciutat Meridiana es bajo, corpulento y carga con 64 años a las espaldas. Su imagen es inconfundible: viste con boina, gafas redondas y una prominente perilla blanca. Es vegetariano y podría pasar todavía por un carismático líder sindical del siglo XIX, cuando el vegetarianismo no estaba de moda.

Llegó de Extremadura con 14 años para trabajar como obrero textil. Lleva 22 años en la asociación. De ella forman parte cameruneses, nigerianos, ecuatorianos, filipinos… Las nacionalidades son infinitas, al igual que su nivel de implicación. Cuenta con alrededor de un centenar de personas y es de las más activas de Barcelona. Así lo ha impuesto la necesidad del barrio.

Foto de Joaquín Jordán

Fili, como le nombran, está en el bar en frente de la zona deportiva donde se organiza la fiesta. Todos le conocen. En el bar acaba de dar carpetazo a una conversación sobre cómo todos los políticos se pasarán por el barrio hasta el 26 de junio.

“Los políticos solo vienen aquí para utilizar lo que nos pasa contra su adversario político. Pero mientras, nosotros tenemos que quitar a los niños de la escuela para evitar desahucios”, dice Fili. Se refiere a la dramática medida que ha adoptado recientemente la Asociación de Vecinos para impedir que la policía se meta en las casas. Solo del 13 al 17 de junio hay nueve desahucios. “Aquí los políticos no son bienvenidos, y menos si vienen en campaña electoral”, prosigue.

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?"Nosotros tenemos que quitar a los niños de la escuela para evitar desahucios (Fili , Asociación de Vecinos de Ciutat Meridiana)"?

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Para él, los cuatro años anteriores de legislatura del PP han sido los peores de la historia después de la dictadura. “El PP lo ha hecho muy bien, pero para sus amigos del capital”, dice. “Para los demás ha sido un desastre absoluto”.

Tampoco cree que los actuales partidos de izquierdas vayan a suponer ningún cambio: “Me dio pena cuando vino Ada a un acto en la Plaza Roja y nadie del pueblo estuvo ahí. Cuando pasan a las instituciones no saben conectar con nosotros y ha habido mucha decepción”.

Sale del bar y se dirige donde está la fiesta. Abronca a unos vecinos que discuten sobre un especulador inmobiliario que ha despedazado al barrio. “¡Dejad este tema ya!”, dice. Fili es tan duro como pragmático en sus palabras. Es un activista de la vieja escuela y esa es su forma de entender la política: un día una fideuà con el barrio; al otro parar un desahucio. Nada de partidos.

“La política que nos ofrecen los partidos son las aspiraciones de una persona que cree que puede hacer cosas por los demás. Pero lo que ellos saben es completamente insuficiente. Al final, aunque vayan con buenas intenciones, solo son vendedores de palabras”, dice.

II

Podemos

Toni Tallada ha parado decenas de desahucios junto a Fili y María Granados. En los años de la crisis ha sido una de las cabezas visibles del movimiento por la vivienda en Nou Barris. Comparte con sus compañeros el activismo, la lucha desde la base y el liderazgo vecinal. Pero él decidió ir más allá: desde las elecciones municipales de mayo de 2015 es concejal de Vivienda del distrito por Podemos.

En las elecciones locales de 2015 Nou Barris se convirtió masivamente en morado. En las generales del 20 de diciembre repitió resultados. Ya se ha establecido como la fuerza más votada del distrito.

Toni Tallada, al centro con camiseta verde y Filiberto Bravo a su lado, con boina, en una protesta de la PAH

Tallada está en el vermut que ha organizado En Comú Podem (el nombre bajo el que se presenta Podemos junto a otros partidos en Catalunya) el primer domingo de campaña. Es corpulento, viste camisa de cuadros y entre sorbo calada habla de su evolución del activismo a la política de partido.

“Desde mi lucha por el barrio me di cuenta de que era necesario que pasáramos de los movimientos sociales a las instituciones. Gente como Fili es anarquista, pero yo entiendo que desde el poder se pueden cambiar las cosas. Hemos desarrollado un plan de choque contra la precariedad y vamos a invertir 40 millones de euros en el distrito... Lo bueno nunca se dice”.




*Imagen vía El Periódico


Tallada tiene muy claro que en Podemos hay “gente del barrio trabajando por el barrio”, en contra de lo que los vecinos de Ciutat Meridiana entienden como el “todo por el pueblo pero sin el pueblo”. Él comprende las críticas pero es consciente de que el cambio no puede llegar de la noche a la mañana:

Muchos se piensan que con poner la papeleta cambia todo, pero esto no va así. Nosotros no venimos a vender humo. Primero tenemos que acabar con la precariedad material y formativa, terminar con la exclusión social, hacer que la participación aumente y así, poco a poco vencer su escepticismo. No venimos a instrumentalizar a la gente por votos, sino a solucionar sus problemas”, dice Tallada.

De alguna manera, Podemos ha logrado mantener el contacto con la calle gracias a gente como Tallada. También hay recién llegados, como Raquel, de 23 años, graduada en trabajo social, en paro y una de las más activas del círculo de Podemos en Nou Barris.

Ambos podrían servirle a Pablo Iglesias para hablar de confluencia: un líder vecinal anticapitalista que ha continuado su activismo en las instituciones al lado de una joven precaria, recientemente interesada en la política y que se autodefine como socialdemócrata.

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?"Se ha demostrado que el ascensor social es una falacia que toca a muy pocos. Estamos convenciendo a la gente que con individualismo no resolveremos nuestros problemas" (Toni Tallada, concejal de Vivienda del distrito por Podemos)?

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A pesar del apoyo que le ha demostrado el distrito, Podemos se enfrenta con el problema de la participación. Mientras en uno de los barrios más ricos de la ciudad, Sarrià, vota alrededor del 80% del censo, hay barrios de Nou Barris que no llegan al 40%. Parte de esta abstención se debe al escepticismo y a que la política siga organizándose en movimientos vecinales como el de Fili. Pero también tienen la culpa de la abstención la exclusión social y, como dice Tallada, “la semilla neoliberal de ascender socialmente que está inculcada en muchos jóvenes”.

“Se ha demostrado que el ascensor social es una falacia que toca a muy pocos. Estamos convenciendo a la gente que con el individualismo no resolveremos nuestros problemas, pero sí si formamos colectivo, participamos en la vida del barrio y nos enfrentamos unidos a los problemas”, añade.

Proletarios contra propietarios

Antes de que llegase la ola de Podemos en las municipales de 2015, Nou Barris había sido un distrito predominantemente socialista. En todas las elecciones de la democracia, sin excepción, el PSC se había hecho con la confianza de una población que procedía mayoritariamente de Andalucía, Castilla y Extremadura. Eran migrantes que habían llegado del campo a trabajar en a las fábricas catalanas: españoles, obreros y de izquierdas.

Así fue también en la dictadura franquista, cuando Nou Barris vivió su mayor expansión. Bajo el desarrollismo, el régimen y la Iglesia experimentaron en Nou Barris con aquella máxima de “queremos un país de propietarios, no de proletarios”.

El distrito creció sin criterio urbanístico. De alguna manera, esa configuración “condicionó la vida de sus vecinos para siempre”, explica Joaquín Jordán, fotógrafo y autor del proyecto documental La Ciudad Imaginaria.


La Ciudad Imaginaria. Historia from La Ciudad Imaginaria on Vimeo.


Los barrios se construyeron como grandes colmenas formadas por bloques de viviendas de mala calidad que recuerdan a cajas de cerillas, con una gran especulación inmobiliaria, sin espacios verdes, sin equipamientos urbanos y sin apenas conexión. Ciutat Meridiana, por ejemplo, solo tenía un punto de acceso hasta que se construyó una ampliación del Metro en 2003.

La incidencia de esa planificación urbanística ha llegado hasta el punto de que los barrios que forman Nou Barris batan año a año el récord de renta más baja, que aquí se sitúa en 10.000 euros anuales por familia. A esta estadística se unen las las mayores tasas de paro y de desahucios de la ciudad.

En este contexto, aunque los vecinos eran el objetivo del régimen, solo les quedó la opción de revelarse. Nou Barris se definió durante la dictadura como un foco del movimiento clandestino de izquierdas.

El historiador y vecino de Nou Barris Ricard Fernández explica que, con los partidos políticos ilegalizados, “la clase obrera de Nou Barris se organizó con la vertiente más social de la Iglesia que estaba en el barrio”. Posteriormente, cuando el régimen permitió el derecho de asociación, las Asociaciones de Vecinos como la que representa Fili “se convirtieron en órganos políticos totales”. “Luego vino la democracia y el barrio convivió entre su activismo de base y el voto al PSC”, concluye Fernández.

El historiador matiza que, sin embargo, la intensidad de la lucha obrera ha bajado por las nuevas generaciones. “La democracia y el relevo generacional implicaron un aumento de la derecha. La segunda fuerza más votada en Nou Barris siempre ha sido el PP por detrás del PSC. Ahora que gana Podemos, Ciudadanos es la segunda fuerza, cuando no la primera, como en el caso de las autonómicas”, dice.



Jaime Palomera. Antropólogo from La Ciudad Imaginaria on Vimeo



Que Ciudadanos ganase las autonómicas es leído por la mayoría de analistas con que Podemos no supiera comunicar bien su postura sobre la independencia. Gente como Fili describe al electorado de Nou Barris de izquierdas, pero reconoce “que todavía recela de la cultura catalana”. Pero para Ricard Fernández, mucha gente también ve a Ciudadanos como un sucedáneo de un PSC que ha perdido la identidad.

¿Quién vota a los liberales aquí?

“¡No hay nada peor que un obrero de derechas!”, o “¡sois la marca blanca del PP!” son algunos reproches que se ha encontrado Manuel en las carpas que Ciudadanos ha montado en el barrio para la campaña. Él trabaja por cuenta ajena en un comercio. Es vecino de Nou Barris, votó al partido comunista cuando era joven, luego se pasó al PSC y, en los últimos años, con el debate nacionalista en primera línea, vota a Ciudadanos.

“Me considero una persona de izquierdas pero no podía seguir votando al PSC por su ambigüedad con el nacionalismo”, señala. La misma ambigüedad ve en En Comú Podem. Y aunque reconoce que el programa económico de su formación está más cerca del PP, para él Ciudadanos es la opción no nacionalista más al centro. “Como yo piensa mucha gente en Nou Barris”, asegura.

Para Ciudadanos, al igual que para PP y PSOE, la piedra de toque de su campaña es el voto no nacionalista. Son conscientes de la composición social de Nou Barris a pesar de sus propuestas económicas impopulares.

Foto de Joaquín Jordán

"Lo único que quiere Rivera es captar votos de donde sea, pero no está nada preocupado por los problemas que puedan pasar los vecinos de un distrito como este. Sus propuestas solo perpetúan el sistema que los ha llevado a esta situación", asegura Raquel de Podemos por su parte.

En Nou Barris unos luchan la batalla de la unidad de España, pero algunos les ven como los mismos perros con distinto collar, como a la derecha de siempre o como a la derecha camuflada. Otros luchan la batalla del rescate al precariado, pero algunos también les reprochan con impaciencia su desconexión con el pueblo cuando alcanzan las instituciones.

Para vecinas como Sandra o María, los políticos ya no tienen nada que ver con la política. Su política es la de levantarse todos los días a implorar a la policía que no les eche de las casas que ocupan por necesidad, una detrás de otra. Estos días esperan con escepticismo acumulado el circo político que intentará convencerles de que ellos pueden solucionar sus problemas.

Siempre que hay elecciones parece quelos políticos se preocupan como nunca de quienes peor lo pasan. Encampaña electoral hay hostias por sus votos, y más en un país queha sufrido una de sus peores crisis económicas, dejando en lapobreza a millones de personas. Estamos en Barcelona, en el distritode Nou Barris. De sus nueve barrios (de ahí el nombre), ocho batenel récord de la renta más baja por familia en los últimos años.Posiblemente, también lo batieran antes, cuando no habíaestadísticas.


Aquí es donde Albert Rivera arranca elacto más grande de la campaña de Ciudadanos en Catalunya. Suspadres tuvieron un negocio en la Vía Júlia, una zona importante deldistrito. Además, en las pasadas elecciones autonómicas, estetradicional fortín obrero y de la izquierda votó en masa aCiudadanos.


Rivera quiere convencer a lasclases populares de que Ciudadanos no es solo una opciónantinacionalista. Quiere convencerles de que también es una opciónpara solucionar sus problemas cotidianos. El público apenas seacerca a las 700 personas sentadas en sillas plegables, muy lejos delbaño de masas febril que cualquier político espera.


Sin embargo, el mítin lo interrumpe unactivista de Arran, la formación junenil de la CUP. Y eso le sirve aRivera como la excusa perfecta para recordar a su audiencia que esaizquierda no le va a traer nada bueno. “El antídoto frente alsectarismo, frente a la intransigencia, es Ciudadanos”, diceRivera.


La interrupción hace que el éxtasisse apodere de su auditorio: “¡Yo soy español, español,español!”, corea la gente. Ya no es necesario que hable deproblemas sociales. Bueno, sí, lo hace, pero su declaración pasadesapercibida:


“La señora Colau piensa que elcambio en Barcelona es pagarle los edificios a los okupas (…)¿Por qué los barceloneses de sus impuestos tienen que pagaredificios a okupas? Si el cambio a mejor es prohibir lasterrazas, eso es no tener ni idea de lo que es Barcelona, es tenersectarismo e intransigencia”.


Desencanto


Unas calles más allá, en CiutatMeridiana, se encuentra un gran número de los okupas deBarcelona. Es muy probable que no coincidan con el prejuicio deRivera sobre este colectivo. Se trata de gente que no va con rastas,pero que ha tenido que ocupar pisos vacíos porque la handesahuciado. Por las pintas, podrían pasar por hermanos de Rivera.“No somos perroflautas”, dice Sandra, una de ellas.


Son las 12 del mediodía y Sandracelebra junto a los demás vecinos la fiesta mayor del barrio, ajenosa cualquier mítin. Han instalado dos castillos hinchables en la zonadeportiva. Aquí el campo de fútbol sigue siendo de tierra y no hayterrazas. Solo vecinos que sí, comen al aire libre, e intentandibujar sonrisas a sus hijos en medio de la representación másbrutal de la crisis económica.


El caso de Sandra explica por sí mismoqué significa miseria: Tiene 28 años. Sus abuelos fueron losprimeros que fueron a Ciutat Meridiana, hace 50 años. Ella nacióaquí, se crió aquí, se casó aquí y se separó aquí. Con unahipoteca de 400.000 euros imposible de pagar y una hija, fuedesahuciada. Luego, no le quedó más remedio que ocupar una de lascentenares de viviendas vacías que los bancos poseen en el barrio.Está en paro.


Ella, al igual que la mayoría devecinos, espera poco de los políticos y de las próximas elecciones.“Con la campaña se están gastando 192 millones de euros.Cualquiera que venga aquí a pedir el voto se le tendría que caer lacara de vergüenza”, asegura. Y añade que su voto será nulo.

De Albert Rivera piensa que “solo setrata de un perro con diferente collar”. No se lo cree, perotampoco cree a las alternativas. Lo mismo pasa con otros vecinos queestán sentados a su mesa, esperando a comer fideuà. Todos votaránnulo.


Una de esas personas es MaríaGranados, de 69 años. Lleva toda su vida trabajando y defendiendocon celo a sus vecinos. Y ese mismo celo lo pone en cuidar su imageny estética. Granados es un monumento a la dignidad, que no se havisto alterada ni un ápice a pesar de las penurias de un barrio comoCiutat Meridiana.


“Con mi voto no gobernará nadie”—dice. No soporta la idea de que alguien como Rivera “tenga lacara de venir al distrito”. Pero tampoco oculta su decepción porlos partidos del cambio. “Quisimos darles un voto de confianza,pero nos han decepcionado. ¡Ada luchaba con nosotros parandodesahucios, pero ahora se ve que el sillón le ha venido a lamedida!”, asegura. “¡Ni me la nombres!”.


Fili


Filiberto Bravo encarna a la perfecciónla desafección política de los vecinos. El presidente (o“responsable”, como él dice) de la Asociación de Vecinos deCiutat Meridiana es de estatura baja, corpulento y carga con 64 añosa las espaldas. Su imagen es inconfundible: viste con boina, gafasredondas y una prominente perilla blanca. Es vegetariano, pero podríapasar todavía por un carismático líder sindical del siglo XIX,cuando el vegetarianismo no estaba de moda.


Llegó de Extremadura con 14 años paratrabajar como obrero textil. Lleva 22 años en la asociación. Deella forman parte cameruneses, nigerianos, ecuatorianos, filipinos...Las nacionalidades son infinitas, al igual que su nivel deimplicación. Cuenta con alrededor de un centenar de personas y es delas más activas de Barcelona. Así lo ha impuesto la necesidad delbarrio.


Fili está en el bar en frente de lazona deportiva donde se organiza la fiesta. Todos le conocen. En elbar acaba de cerrar una conversación con cierta ironía sobre cómotodos los políticos se pasarán por el barrio hasta el 26 de junio.


“Los políticos solo vienen aquípara utilizar lo que nos pasa para atacar a su adversario políticopero, mientras, nosotros tenemos que quitar a los niños de laescuela para evitar desahucios” —dice Fili, como le conocen. Serefiere a la dramática medida que ha adoptado recientemente laAsociación de Vecinos para impedir que la policía se meta en lascasas. Solo del 13 al 17 de junio hay nueve desahucios. “Aquí lospolíticos no son bienvenidos, y menos si vienen en campañaelectoral”, prosigue.


Para él, los cuatro años anterioresde legislatura del PP han sido los peores de la historia después dela dictadura. “El PP lo ha hecho muy bien, pero para sus amigos delcapital” —dice. “Para los demás ha sido un desastre absoluto”.


Pero tampoco cree que los actualespartidos de izquierdas vayan a suponer ningún cambio: “Me dio penacuando vino Ada a un acto en la Plaza Roja y nadie del pueblo estuvoahí. Cuando pasan a las instituciones no saben conectar con nosotrosy ha habido mucha decepción”.


Sale del bar y se dirige donde está lafiesta. Abronca a unos vecinos que discuten sobre un especuladorinmobiliario que ha despedazado al barrio. “¡Dejad este tema ya!”,les%

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