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No, no necesitarás firmar un contrato cada vez que te acuestes con alguien

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La propuesta de la vicepresidenta del Gobierno de reformar la ley al modelo sueco ha levantado revuelo. Pero, ¿es necesario un sí expreso para manifestar el consentimiento en el acto sexual?

anna pacheco

12 Julio 2018 13:48

Esta semana la vicepresidenta del gobierno Carmen Calvo propuso reformar el Código Penal y la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Se trata solo de un titular, una propuesta, pendiente aún de su desarrollo, pero eso ha bastado para reabrir el debate sobre el consentimiento. Calvo propuso tipificar como agresión sexual cualquier acto sexual que se lleve a cabo sin el sí expreso de una mujer. Estas declaraciones han generado una ola de reacciones, tanto en redes sociales, como en juristas y expertas. ¿Cómo se manifiesta un sí? ¿Es concretable esta medida a la práctica? ¿Urge cambiar el código penal o es preciso promover otras medidas?

“Sin saber sus detalles, parece una banalidad”, se expresa la catedrática en Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Mercedes García Arán. Aran se muestra muy prudente, pero avanza que independientemente “cómo se defina el consentimiento, la clave es luego poder probarlo”. Para la jurista, la reforma pondría en peligro la diferenciación entre agresión y abuso, una diferenciación para ella “muy necesaria”. “Si decimos que todo lo que no se exprese con un sí es violación, ¿qué puede pasar? Que los tribunales podrán dejar impunes algunos otros casos hasta ahora contemplados, pero no tan graves”, argumenta. Hablamos de casos, por ejemplo, con el “consentimiento viciado” en los que un jefe coacciona a una empleada para tener relaciones sexuales con ella. Es posible que exista consentimiento, incluso consentimiento expreso. Pero también es posible que esté viciado por una relación de poder.

En otras palabras se expresa la catedrática en Derecho Penal en la Universidad de Zaragoza, M. Ángeles Rueda Martín quien también cree que, a priori, “suena desproporcionado”. Rueda cree que habrá que esperar a ver “cómo se concreta la propuesta”. Asegura que para evitar las incongruencias anteriormente citadas, de distinción entre casos más graves o menos, seguramente requerirá de “matizaciones”. “Es lo más lógico”, zanja.

“La propuesta haría que los tribunales dejen de exigir a la víctima que se resista. Y ya va siendo hora" (Patricia Feraldo Cabana, catedrática en Derecho Penal)

¿Diferenciar agresiones y abusos?

Patricia Feraldo Cabana, también catedrática de Derecho Penal en la Universidad de A Coruña, se desmarca sustancialmente de sus colegas y admite sin vacilaciones. “Son unas declaraciones positivas en el sentido de que abren el camino a una reforma del delito de violación”. Para Feraldo, esta reforma es un paso importante.

“Por el momento, en España, la regulación contempla que la violación se concreta contra, y no sin, la voluntad manifiesta de la víctima. Este entendimiento exige a la víctima resistencia. Y si no hay resistencia (porque estás borracha o bloqueada emocionalmente, por ejemplo) entonces nos vamos a un escalón valorativo más bajo: los abusos”, aclara. La catedrática recuerda que esta distinción entre agresión y abuso no tiene por qué ser la norma. No existe en otros países como Suecia, Reino Unido o Bélgica. “Y desde luego no es la tendencia internacional”, agrega.

Feraldo cree que se ha intentando “banalizar” la propuesta de la vicepresidenta, pero, en el fondo, lo que no se está viendo es que “nos lleva en la línea del Convenio de Estambul—texto con carácter internacional y suscrito por España— y del modelo sueco”. Según el Convenio de Estambul, es violación cualquier penetración no consentida y con carácter sexual del cuerpo de otra persona con cualquier parte del cuerpo o con un objeto. Haya o no violencia. Es decir, el Convenio de Estambul no exige para que se de la violación atentar contra la voluntad de la otra persona. Basta que esa voluntad sencillamente no exista. “La propuesta de limitar a un sí expreso el consentimiento tiene que ver con todo esto. Entre otras cosas, haría que los tribunales dejen de exigir a la víctima que se resista. Y ya va siendo hora”.

No, no vas a tener que firmar un contrato cada vez que te acuestes con alguien

Algunos usuarios, esencialmente hombres, incluso se han jactado de esta medida, preguntándose, con sorna, si ahora habrá que firmar un contrato antes de cada relación sexual. Si, en otras palabras, se habrá acabado mantener relaciones sexuales como siempre y tranquilamente.

“Todas esas reacciones de hombres indignados me llevan a mí a otro planteamiento: ¿urge modificar el código penal o es más necesario intervenir a la sociedad de la forma que sea? Pienso que es más útil la formación en perspectiva de género a los jueces y las campañas de educación sexoafeciva a la gente”, se pregunta la abogada penalista Julia Humet, miembro de Dones Juristes.

"Al final, da igual lo que reformes. Lo que hay que preguntarse es cómo estos hombres ven las relaciones sexuales, el consentimiento, el placer del otro, etc” (Julia Humet, abogada penalista y miembro de Dones Juristes)

Las reacciones de todos estos hombres, para Humet, ponen de manifiesto el problema real de base: “Al final, da igual lo que reformes. Lo que hay que preguntarse es cómo estos hombres ven las relaciones sexuales, el consentimiento, el placer del otro, etc”, explica. Humet añade algo más: “Esta reforma me genera dudas. Temo que se dé una imagen de que el consentimiento es sencillamente sí o no. El consentimiento va mucho más allá, es mucho más complejo. A la hora de aplicarse, quizás encuentran una forma de legislar, pero de cara a la población creo que tal vez se da un mensaje un poco simplificador”.

Feraldo quiere, además, advertir que se ha deformado la propuesta hasta el punto de llevarla al “absurdo”. No, no es cierto que vas a tener que firmar un contrato antes de acostarte con alguien. “Suecia, por ejemplo, no lo entiende así. El ordenamiento sueco habla de palabras o hechos para expresar el consentimiento”, razona. Y recalca la palabra hechos.

“Si estás con una mujer que no dice nada, pero está llorando, está claro que no es un sí. La reforma se tiene que mirar en esa línea. Esto, en definitiva, es un cambio de paradigma para que nos preocupemos por la actitud de nuestra pareja en la cama”, concluye Feraldo.

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