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El albergue de mujeres en el Pacífico que sacó a flote a una isla entera

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Isla Chira, en Costa Rica, se ha convertido en ejemplo de cómo las mujeres pueden girar por completo la economía de una región

clara gil

28 Noviembre 2016 18:33

Lisístrata, la comedia de Aristófanes escrita en la Grecia Clásica, cuenta la historia de un grupo de mujeres que, cansadas de la guerra, deciden organizarse, tomar la Acrópolis ateniense e iniciar una huelga sexual para conseguir que sus maridos abandonen las armas. Abatidos por la abstinencia sexual a la que se ven sometidos, los guerreros griegos deciden ceder a sus demandas y terminar con la guerra del Peloponeso.

La historia de las mujeres de lsla Chira, en Costa Rica, no es una comedia ni implica abstinencia sexual. Es el relato de valentía de un grupo de mujeres que, hartas de verse relegadas al papel de cuidadoras de sus hijos y del hogar deciden organizarse para conseguir sacar adelante a sus familias.

Liliana Martínez es una de las caras visibles de las Damas de Chira, la asociación de mujeres que se creó a principios del año 2.000: “Comenzamos siendo tan solo un par de mujeres, abuelas y madres que, preocupadas por la situación económica, decidimos organizarnos para buscar alternativas”. 

Isla Chira es la historia de un grupo de mujeres que, hartas de verse relegadas al papel de cuidadoras del hogar, deciden organizarse para sacar adelante a sus familias

La Isla de Chira es la segunda más grande del país y una de las regiones más pobres. No contó con agua potable ni con electricidad hasta finales de los años 90. Tampoco hay hospital. Es Isabel Cruz, una de las mujeres de la isla, quien se encarga de llevar en bote a los enfermos hasta el centro de salud en Puntarenas. 

En la isla existen importantes problemas de nutrición porque tienen que comprar las frutas y verduras fuera de la isla a un precio que muchas veces no pueden permitirse, ya que el 90% mayoría del terreno está en manos de grandes terratenientes que ni siquiera vive en la isla.



Este paraíso natural de 4.300 hectáreas cuenta con una población que no supera los 2.500 habitantes. Hasta hace unos años, la principal y única fuente de ingresos había sido la pesca. Pero como suele ocurrir con los paraísos naturales, los pescadores acabaron explotando los recursos con la pesca masiva, quedándose sin ingresos para mantener a sus familias.

Fue así como las mujeres de Chira comenzaron a organizarse para encontrar una solución que aportase ingresos a la comunidad. Junto a un árbol se reunían a diario, bajo la mirada de sus maridos que no alcanzaban a entender cómo ese grupo de mujeres iba a conseguir sacarlos de la pobreza. De estas reuniones surgió la idea de montar una pequeña posada bajo el nombre de La Amistad. Con ella atraerían turismo a la isla.


Nuestros maridos decían que la libertad de poder trabajar era desobediencia. Nos daban dos opciones: la libertad o la familia



Las primeras cabañas las construyeron ellas mismas. Sin ayuda ni conocimientos de carpintería y con apenas herramientas.

“Lo que más nos costó fue romper con el machismo —dice Liliana—. No teníamos recursos y necesitábamos apoyo de nuestras familias, pero nuestros maridos decían que la libertad de poder trabajar era desobediencia. Nos daban dos opciones: la libertad o la familia. Pero seguimos luchando para que entendieran que estábamos buscando el bienestar de todos”.



Poco a poco, su determinación fue tomando fuerza y se hizo eco entre varias organizaciones que decidieron ayudarlas. ACTUAR (Asociación Comunitaria Conservacionista de Turismo Alternativo y Rural) les consiguió con varios talleres: desde conocimientos básicos de gestión, artesanía o idiomas.

“La gran mayoría de las mujeres de la isla no tienen estudios y este proyecto, que un principio estaba destinado a salvar a nuestras familias, se ha convertido en una salvación para nosotras mismas. Estábamos empoderándonos, adquiriendo conocimientos así como una autonomía y confianza que antes no teníamos”, apunta Liliana.  

Los inicios fueron difíciles. Solo se invertía, no se ganaba. Tenían apenas 10 camas y entre todas se repartían las tareas: cocinar, guías turísticas, artesanía… A los seis meses ganaban 500 colones cada una (un euro), lo suficiente para comprar un kilo de arroz. Con la ayuda de ACTUAR y de la Universidad de Costa Rica consiguieron llevar su proyecto al PNUD (Programa de Desarrollo de las Naciones), que les concedió un fondo económico que invirtieron en la compra de tres hectáreas para construir más cabañas, algo bastante complicado dada la legislación del Gobierno costarricense.  

“En Costa Rica el terreno de las islas es patrimonio del Estado”, explica Félix Zumbado, del departamento de desarrollo de la Universidad de Costa Rica. “Tuvimos que presentar varios planes para que les concedieran el terreno y les dejaran continuar con la actividad”.

Actualmente la posada recibe gran número de visitantes. Ellas cocinan, ofrecen un tour por la isla y les enseñan sus tradiciones. Han crecido en número de cabañas y visitantes, pero de manera sostenible.  

Uno de los principales requisitos de las mujeres de Isla Chira era el de no repetir los errores de sus maridos y construir un modelo de turismo sostenible, que respete la isla. La mayoría de los visitantes son europeos, pero cada vez se amplía más el abanico de destinos.

Quienes vienen a la Posada rural de La Amistad buscan conocer la historia de estas valientes mujeres y  poder disfrutar del paraíso natural de la isla en armonía. Ya han ganado varios premios internacionales de turismo sostenible, algo que les ayuda a atraer visitantes y que les proporciona unos ingresos económicos. 

Con el proyecto han conseguido mantener a sus familias y abrir una tercera escuela de secundaria en la isla. Sus maridos ayudan activamente en la posada. Además, han cambiado su modelo de pesca: ahora respetan los meses de veda y trabajan sin arpones. Un modelo de pesca sostenible que poco a poco están importando al resto del país.

Sin embargo, todavía queda trabajo por hacer y machismo por superar, pero esta vez, las mujeres de isla Chira cuentan con el completo apoyo de sus maridos. Las decisiones de este territorio se toman en base a una figura institucional, la denominada Asociación de Desarrollo Integral, lo que viene a ser una especie de comunidad vecinal.





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