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El milagro de un pueblo que sobrevive sin violencia rodeado por las maras

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Se llama Berlín y no, no es Alemania. Es El Salvador

Rafa Martí

Vestían gorras de visera plana y pantalones anchos. Antes de salir del pueblo, los policías les cogían las gorras y les enconchaban la visera, para que no parecieran pandilleros. Los jóvenes de Berlín, en El Salvador, no sabían que, si iban vestidos así fuera del pueblo, podrían ser confundidos con miembros de una mara. No conocían qué era una mara más que por las imágenes de la televisión.

Berlín, con solo 17.000 habitantes, no se parece en nada a la capital de Alemania. Pero sí se le acerca más que el resto de pueblos de la zona caliente de Usulután: es el único pueblo de la zona que se ha librado de la violencia sistemática que impone el crimen organizado en el país centroamericano.

A solo 13 kilómetros de Berlín está Santiago de María. Tiene solo 2.000 habitantes más que Berlín, y una escuela secundaria, al igual que Berlín. Ambas localidades se fundaron a finales del siglo XIX y crecieron con la economía cafetera. En Berlín, en 2014 solo se registró un homicidio. En 2015 ha habido dos homicidios, de los cuales, uno ha sido por la violencia organizada. En Santiago de María los homicidios llegaron hasta 25.

Según relata el cronista salvadoreño Roberto Valencia en El Faro, en Berlín no hay rejas, ni guardias de seguridad armados, ni cadáveres en las cunetas. La gente sale a trabajar y camina tranquila por las calles a cualquier hora del día.

Berlín es como el órgano de un cuerpo con una enfermedad terminal que se resiste a ser contagiado. ¿Cómo lo ha hecho?

Los 17.000 vecinos actúan como una sola familia

Los habitantes de Berlín se conocen entre todos. Se han tomado a pecho el dicho de que si uno no mantiene limpia su propia casa, rápido se le llena de suciedad. Se unieron hasta tal punto que lograron paralizar la construcción de un reformatorio de menores en el pueblo.

La violencia descontrolada en El Salvador y la estrategia de mano dura del Gobierno para terminar con el crimen organizado solo ha traído más muertos y en Berlín se han organizado ellos mismos, sin recurrir a las armas y colaborando con la policía.

La policía desempeña un papel de proximidad

Los policías en Berlín son unos vecinos más. No son matones que practican ejecuciones sumarias, detenciones arbitrarias o redadas sin justificación. Los únicos altercados y perturbación que ha provocado la policía han sido con agentes de sustitución procedentes de otros lugares, y contaminados de la represión y brutalidad que el cuerpo ejerce en otros lugares del país.

La policía en Berlín patrulla poco y responde a las denuncias de los vecinos cuando estos creen que algún sospechoso quiere entrar en el pueblo para extorsionar comercios o captar a chicos jóvenes.

El Instituto de educación secundaria es tan sagrado como la iglesia

Los chicos jóvenes de Berlín tienen un solo Instituto de educación secundaria en el que sus profesores y director se encargan semanalmente de recordar a los alumnos cómo les gustaría que quedara la escuela para sus hijos. El instituto no está custodiado por la policía. Los chicos participan en actividades sociales como la banda de paz.

En los baños han aparecido espontáneas pintadas de apoyo al Barrio 18 o a la Mara Salvatrucha. Pero nunca han ido más allá que la admiración de unos adolescentes por organizaciones fuertes y aspiracionales.

Sin embargo, la solución de Berlín es un parche.

Y es una solución que deja dudas sobre si es extrapolable a otros lugares de uno de los países más violentos del mundo. Berlín no es una solución a las maras sino un ejemplo de cómo la organización vecinal se resiste a ser infectada por el cáncer. Un ejemplo de cómo los sanos se cuidan de no entrar en contacto con los leprosos ni que ellos entren en sus lugares. Pero no una cura para los leprosos.

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