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La mala ciencia del Flibanserin: el antidepresivo que acabó siendo viagra femenina

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Entre el debate feminista y la creciente medicalización de la sexualidad, la pastilla contra la falta de deseo sexual femenino llega al mercado rodeada de sombras. ¿Cuánto hay de ciencia y cuánto de marketing?

Luis M. Rodríguez

26 Agosto 2015 10:11

A partir de octubre, la falta de apetito sexual de las mujeres se resolverá con una sencilla visita a la farmacia. Esa es la idea que se insinúa, de forma interesada, desde Sprout Pharmaceuticals Inc., la compañía fabricante de la flibanserina. Pero es una idea que sigue estando lejos, muy lejos, de la realidad.

Al final, a la tercera fue la vencida. El pasado 18 de agosto, la Agencia de Administración de Drogas y Alimentos norteamericana (FDA) daba el visto bueno a la comercialización de la llamada "viagra femenina" en Estados Unidos. La aprobación de la flibanserina como tratamiento del trastorno de deseo sexual hipoactivo ponía fin a un complicado camino en el que la evidencia científica se ha visto enredada en argumentos más propios de la lucha de géneros.

Mientras unos celebran el fallo positivo como una victoria de la lucha feminista y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, otros se preguntan qué ha cambiado realmente para que ahora, después de dos negativas previas, la droga haya logrado el sí de la agencia reguladora de los fármacos en EEUU.

¿Existen nuevas evidencias científicas que inviten a pensar que la flibanserina es más efectiva o más segura ahora que hace un año, cuando fue rechazada por la FDA por segunda vez?

En realidad no. Lo único que ha cambiado es el discurso. Y es un discurso con doble filo.

Adaptando el diagnóstico al producto (y no al revés)

Del mismo modo que ocurrió con la viagra masculina, cuya intención era, en un primer momento, ser un medicamento para la hipertensión, la flibanserina no se creó para mejorar la sexualidad femenina. Al contrario, la flibanserina fue concebida originalmente como tratamiento antidepresivo. Los primeros ensayos clínicos demostraron la escasa eficacia del medicamento, pero ciertos efectos secundarios abrieron la puerta a un segundo uso.

Durante los tests, algunas mujeres reportaban haber experimentado un incremento de sus pensamientos sexuales. Fue entonces cuando Boehringer Ingelheim, su fabricante original, decidió proponer la flibanserina como tratamiento para los trastornos del deseo sexual femenino.

Cada vez que una farmacéutica asegura haber logrado una nueva solución para los problemas del deseo sexual femenino, las supuestas causas de esa disfunción sexual cambian. Hoy las causas de la inapetencia sexual femenina siguen sin estar claras

Desde que la viagra comenzó a venderse en farmacias hace 17 años, la industria farmacéutica no ha cesado en su empeño de lograr su equivalente femenino. El problema es que nunca han sabido bien a qué se estaban enfrentando. Nadie niega que exista una gran cantidad de mujeres que presentan trastornos del deseo sexual, o de la excitación, o que tiene problemas para llegar al orgasmo, pero no existe un estándar clínico para evaluar esos trastornos. Se sabe lo que sucede, pero es difícil acotar las causas.

En un primer momento, los laboratorios abordaron el asunto de la disfunción sexual en mujeres como un problema de vasocongestión genital. Querían curar la falta de deseo femenino de la misma manera que estaban tratando la disfunción eréctil masculina. Se trasplanta el esquema mental de la viagra a la erótica femenina, presuponiendo que si hay vasodilatación, habrá excitación y deseo. Pronto se probó que aquello no funcionaba.

Originalmente, la viagra femenina fue concebida como antidepresivo. Como en los ensayos hubo mujeres que reportaban haber experimentado un aumento de sus pensamientos sexuales, el laboratorio cambió de idea

Luego lo intentaron con los parches de testosterona, argumentando que la disfunción sexual femenina estaba causada por una deficiencia hormonal, pero no acabaron de despegar. Ahora es el turno de la flibasterina, una pastilla de toma diaria que actúa a nivel cerebral, estimulando la producción de dopamina y norepinefrina e inhibiendo la producción de serotonina.

El hecho es que, cada vez que una farmacéutica asegura haber logrado una nueva solución para los problemas del deseo sexual femenino, las supuestas causas de esa disfunción sexual cambian.

"Lo que estamos viendo es cómo estas compañías farmacéuticas financian y a veces modifican las investigaciones para adaptarlas a sus propios intereses, y eso contribuye a crear un problema que pueda ser abordado con los fármacos que ellos ya están fabricando", explica la sexóloga Ana García Mañas.

El diagnóstico se adapta al producto, y no al revés. De ahí, quizás, la escasa efectividad demostrada hasta ahora por las "viagras femeninas".

El delicado equilibrio entre beneficios y efectos secundarios

Descartada como antidepresivo, los laboratorios Boehringer Ingelheim se decidieron a presentar por primera vez la flibasterina como medicamento para resolver la inapatencia sexual femenina en 2010. Entonces la FDA la rechazó. Consideraba que los tests revelaban demasiados efectos secundarios para una efectividad demasiado escasa.

Boehringer Ingelheim decidió detener su desarrollo, pero Sprout Pharmaceuticals Inc. salió al rescate, comprando la patente.

Sprout volvió a presentar la flibanserina a revisión en 2014, y la respuesta de la FDA fue la misma: negativa.

En torno a un 15% de las mujeres participantes en los ensayos clínicos abandonaron el estudio señalando a los efectos secundarios como causa

Los estudios realizados arrojaban unos resultados nada espectaculares —según los datos del fabricante, se demostró eficaz en un 10 por ciento de los casos— que no compensaban, a juicio del órgano regulador, unos efectos secundarios demasiado abultados. ¿Y cuáles son esos efectos? Fatiga, nauseas, mareos, somnolencia, molestias estomacales, caída de la presión arterial, problemas para conciliar el sueño, episodios de ansiedad, alteraciones cardiovasculares, pérdida de consciencia... Síntomas comunes a muchos otros fármacos que, sin embargo, llevaron a un alto número de pacientes —en torno a un 15 por ciento— a abandonar los ensayos clínicos.

Además, a día de hoy no existen estudios sobre las posibles contraindicaciones de la "viagra femenina" en relación a medicamentos comunes. Por ejemplo, no se sabe cómo funcionaría tomada con la píldora anticonceptiva o antidepresivos del grupo de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (como el Prozac o el Zoloft). Lo que sí se sabe es que su uso está contraindicado con el alcohol.

En los estudios realizados con ratones, se vio relación entre la flibanserina y el aumento de tumores de mama. La FDA consideró que las pruebas no eran suficientes para sacar conclusiones

Más allá de los efectos secundarios comunes, algunos investigadores han llamado la atención sobre posibles efectos fatales derivados de la somnolencia y la fatiga —durante los estudios para desarrollar el fármaco, el número de lesiones accidentales fue más de dos veces mayor entre las personas tratadas con flibanserina que entre aquellas tratadas con placebo— y otras consecuencias serias como anomalías congénitas en algunos fetos. En los estudios realizados con ratones, incluso se vio relación entre la flibanserina y el cáncer de glándula mamaria.

Por estas razones, a principios de este año un grupo de unos 200 investigadores remitió una carta conjunta a la FDA pidiendo que la agencia rechazara la droga. Pero la FDA cambió de parecer en junio, después de que un panel de asesores se mostrara favorable a su comercialización.

¿Qué había cambiado desde la última negativa? Llamémoslo relaciones públicas, o presión social. Una presión ejercida alrededor de un argumento central: la negativa a la comercialización de una "viagra rosa" responde a prejuicios sexistas.

Guerra de sexos en la farmacia

El cambio de signo en la decisión de la FDA tiene mucho que ver con la entrada en escena, el pasado mes de enero, de Even the Score.

Even The Score ("Igualar el marcador") se define como campaña enfocada a persuadir a la agencia de que la aprobación de la "viagra femenina" es una cuestión de derechos, un asunto de igualdad.

La campaña pivota sobre la idea de que no existe —o no existía— un sólo medicamento aprobado para el tratamiento del deseo sexual hipoactivo en las mujeres, frente a los 26 productos similares dirigidos a tratar la disfunción sexual en los hombres.

A la luz de ese desequilibrio, muchos medios de comunicación han relacionado la tardanza en la llegada de la "viagra rosa" con la moral conservadora y patriarcal estadounidense: hay miedo a las vaginas, a la promiscuidad femenina.

Algo de eso hay, pero también es cierto que la campaña de Even The Score se sostiene en una serie de datos maquillados de forma interesada.

Quizás porque detrás de Even The Score está la misma industria farmacéutica.

Un simple vistazo a su página web revela nombres como Sprout Pharmaceuticals Inc. o Trimmel Pharmaceuticals entre los miembros de la coalición. Otra compañía implicada en el desarrollo de medicamentos para la disfunción sexual femenina, Palatin Technologies, estaba entre sus miembros fundadores, aunque el año pasado se desvinculó de la campaña. En declaraciones a BuzzFeed News, Cindy Whitehead, CEO de Sprout, reconoció que su empresa ha contribuido a la financiación de Even The Score, aunque declinó dar datos precisos sobre el montante de su participación.

Existen no más de seis fármacos aprobados para el tratamiento de la disfunciuón sexual masculina, que se venden, eso sí, bajo 26 nombres comerciales distintos

Si hiciéramos caso a Even The Score, un 43% de la población femenina sufriría algún tipo de disfunción sexual. Casi una de cada dos mujeres. Esa afirmación proviene de una encuesta realizada por Edward o Laumann en 1994 cuyas conclusiones han sido ampliamente cuestionadas por su falta de rigor. Y es que, según otras lecturas, el porcentaje de las mujeres que dicen sufrir dificultades sexuales frecuentes estaría en torno al 7%.

Tampoco es rigurosamente cierto que existan 26 fármacos diferentes para el tratamiento de la líbido masculina. Existen no más de seis fármacos aprobados, que se venden, eso sí, bajo 26 nombres comerciales distintos. Y todos están dirigidos a reparar la disfunción erectil, una cuestión hidráulica que poco tiene que ver con el deseo o la falta deseo.

Even The Score ha transformado la conversación en un asunto de igualdad de género, y hay quien opina que es un esfuerzo interesado —una jugada de marketing que utiliza la guerra de sexos en busca de beneficios empresariales— que además puede resultar desorientador para el conjunto de las mujeres.

Las mujeres que tomaron flibanserina indicaron haber tenido, en promedio, 4,4 encuentros sexuales satisfactorios en un mes, frente a los 3,7 encuentros en el grupo que consumió el placebo. Ninguno de los estudios realizados demostró significación estadística a la hora de analizar el incremento de deseo sexual.

La creciente medicalización de la sexualidad

Para Francisca Molero, sexóloga, ginecóloga y directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona, la aprobación de la flibastenira es una buena noticia. "Puede ser útil, asociada siempre a una terapia sexual o a un asesoramiento", comentaba recientemente en declaraciones a El País. Aún así, Molero reconoce que la falta de deseo responde, en la mayoría de los casos, a causas no fisiológicas.

En el mismo sentido se expresa la sexóloga Ana García Mañas, acostumbrada a tratar con la falta de deseo de sus pacientes en Primera Vocal. Para ella, remedios como la flibastenira son el reflejo de una creciente medicalización de la sexualidad que oculta o minimiza los factores contextuales e interaccionales que intervienen en el deseo sexual.

"Están definiendo el deseo femenino en equivalencia al deseo masculino, y las mujeres no desean como los hombres", nos cuenta. "Si las definimos en equivalencia al hombre, nos parece que prácticamente todas están enfermas. A la hora de lograr el orgasmo, se sabe que prácticamente el 80% de las mujeres nunca lo consigue con penetración vaginal, y se nos sigue vendiendo la idea de que es así como tenemos que seguir intentándolo, con lo cual hay muchas mujeres problematizadas que vienen a consulta cuando en realidad no les pasa nada. Simplemente que son mujeres. Su organismo funciona de otra manera".

Se nos sigue vendiendo la idea de que es así como tenemos que seguir intentándolo, con lo cual hay muchas mujeres problematizadas que vienen a consulta cuando en realidad no les pasa nada

Para Mañas, la flibastenira se está vendiendo de una manera que puede dar lugar a muchas falsas expectativas. "Pensar que una pastilla te pueda solucionar la vida, y que vas a poder acceder fácilmente a ella... Yo la imagen que veo es que nos damos cabezazos contra un muro, al intentar disfrutar como nos dicen que tenemos que disfrutar, y ver que no llegamos a eso".

La lucha de la organización Even The Score se ha centrado en que sean las propias mujeres las que decidan si tomar o no el medicamento. A partir del 17 de octubre podrán hacerlo.

"La solución vía pastilla es a priori más atractiva que el entrenamiento en crecimiento erótico, que arroja resultados positivos en prácticamente todos los casos, pero que conlleva un proceso largo", nos comenta Mañas. "La verdad es que si funcionara, yo también me pensaría si recomendarla. Pero en estos casos, que un antidepresivo nos vaya a ayudar a desear más a nuestra pareja... Creo que cuando lo prueben, en la mayoría de los casos van a ver que no es así".

¿Y si el argumento de la igualdad de géneros hubiera privado a las mujeres de algo mucho mejor que la flibasterina?

[Vía European Journal Of Pharmacology, FDA, Aeps, Journal Of Medical Ethics, Journal Of Sex & Marital Therapy, Archive for Sexual Behaviour, NPR, PharmedOut, National Women's Health Network, Washington Post, WSJ, Salon, The Atlantic, Popular Science, Sex, Lies, and Pharmaceuticals]

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