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Científicos logran por primera vez trasplantar la memoria de un animal a otro

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Getty
 

El equipo transfirió los recuerdos de un caracol abriendo el camino hacia los trasplantes en humanos

A.O.

15 Mayo 2018 16:27

Aunque que trasplantar los recuerdos de una persona a otra parece ficción, una investigación científica ha abierto un sendero.

Un equipo de la Universidad de California dirigido por el biólogo David Glanzman ha trasplantado con éxito una memoria al inyectar un tipo de información genética, el llamado ARN, de un caracol marino a otro.

La prueba consistió en provocar a unos caracoles marinos para que adoptaran una postura defensiva. Con leves descargas eléctricas repetidas cada 20 minutos y luego 24 horas después, los caracoles marinos pasaron a contraerse durante 50 segundos.

Cuando los investigadores les tocaban con un dedo, estos caracoles acudían a la postura de defensa mientras los que no habían sido sometidos a los shocks solo se contraían durante 1 segundo.

El trasplante

Los investigadores extrajeron el ARN de los caracoles entrenados y lo transfirieron a los otros caracoles marinos a través de una inyección. Luego estos caracoles pasaron a comportarse como si hubieran vivido la experiencia. Tenían reacciones defensivas de 40 segundos cuando les tocaban con el dedo.

Esto ha llevado a una pregunta crucial: ¿dónde se guardan nuestros recuerdos?

Hasta ahora, la teoría más extendida plantea que los recuerdos a largo plazo se guardan en las sinapsis del cerebro, el punto de confluencia entre dos neuronas. Cada neurona tiene miles de sinapsis.

Sin embargo, el equipo de Glanzman plantea que si se almacenarán en las sinapsis su experimento no hubiera dado ningún fruto. Su hipótesis es que las memorias se atesoran en el núcleo de las neuronas.

Aquí hay discrepancias. En declaraciones a The Guardian, el bioquímico Thomas Ryan, del Trinity College Dublin que no participó en el estudio, valora que la investigación es interesante pero que no han transferido recuerdos. Ryan plantea que los resultados podrían deberse a que “las respuestas conductuales más básicas implican algún cambio en el animal” y eso es lo que se traspasó, no recuerdos.

Sin embargo, los autores defienden su hipótesis. Si se demostrara que tienen razón, su trabajo ayudaría a comprender cuál es la base física de la memoria, lo que tendría implicaciones para enfermedades como el Alzheimer y también abriría la puerta a tratamientos para borrar traumas que atormentan.

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