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Cuando la tienda de al lado de tu casa desaparezca, te acordarás del TTIP

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Barcelona se ha declarado "ciudad libre del tratado de libre comercio", ¿por qué?

Rafa Martí

07 Octubre 2015 11:05

Fotos de Andreas Gursy

El pasado 2 de octubre, Barcelona se declaró ciudad libre del Tratado Transatlántico sobre comercio e inversión (TTIP, por sus siglas en inglés). Así, la ciudad capitaneada por Ada Colau se erigía en rebeldía contra la monstruosidad del neoliberalismo, como la perciben sus críticos.

Lejos de la épica de la Barcelona de Colau, la celebración por que la ciudad condal se libre del monstruo no es más que un espejismo: tan solo fue una declaración formal que posicionaba a la ciudad en contra de las negociaciones que se llevan a cabo entre Washington y Bruselas, pero nada más lejano que declarar a Barcelona un espacio libre e inmune al TTIP.

Si la UE y Estados Unidos llegan a un acuerdo, no habrá territorio de la UE que se libre del libre comercio. Así que, en caso de que se apruebe, el TTIP afectará claramente a Barcelona y a todos aquellos que, a lo Tsipras, se declaren en rebeldía. No obstante, su declaración ha sido un paso más para concienciar a la opinión pública del mal que viene.

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Pero, ¿por qué es tan malo el TTIP y el libre comercio? ¿Por qué según el ayuntamiento de Barcelona todas las ciudades deberían seguir su ejemplo?

Según Juan García, economista y experto sobre el TTIP de ATTAC en Cataluña, el paso de Barcelona es simbólico pero importante: “Barcelona defiende un modelo de ciudad inclusiva que quiere proteger el pequeño comercio y los derechos de las personas. Al fin y al cabo, el TTIP culmina en la debilidad del tejido productivo y social, afecta a las pequeñas empresas y solo beneficia a los grandes accionistas y CEOs de las grandes corporaciones. ¡Ni siquiera de las grandes empresas, sino de las grandes, muy grandes empresas!"

Para García, la normativa común, que impondría un tratado de libre comercio con el fin de facilitar las transacciones y la movilidad de capitales y de empresas, “hubiera permitido que Eurovegas ya estuviera construyéndose en España”.

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Por así decirlo, el TTIP sería la madre de todas las normas, independientemente del color político que los ciudadanos de un país eligieran para que les gobernara. Sería lo mismo que le pasó a Grecia frente al poder de la troika pero a una escala masiva.

Un ejemplo de los efectos negativos que podría tener el TTIP sería México que, desde 1994, está en un área de libre comercio con EEUU, el famoso NAFTA. Como cuenta García, en México, la aplicación del tratado ha causado pérdidas masivas en el sector agrícola o ha afectado a poblaciones vinculadas a sectores industriales de EEUU que se trasladaron a México porque los costes laborales eran más baratos.

Por otro lado, el nivel de pobreza extrema de México subió desde la implantación del acuerdo pasó del 16% al 28% solo en los primeros cinco años. 5 millones de campesinos tuvieron que abandonar sus tierras, según el economista Vicenç Navarro, uno de los redactores del programa económico de Podemos.

García dice que el contenido del TTIP está “altamente sesgado” y que todas sus promesas de crecimiento y creación de empleo son falsas, porque “estarían condicionadas a la supranormativa neoliberal” que impondría.

Por ejemplo, las grandes transnacionales estadounidenses que se instalaran en Europa con los beneficios legales del TTIP podrían llevar a juicio a estados que fueran firmantes del pacto si estos decidieran cambiar su legislación y afectaran a la actividad de las empresas. Sería una pérdida de soberanía en toda regla.


El TTIP sería la madre de todas las normas, independientemente del color político que los ciudadanos de un país eligieran


Así, entre otras consecuencias, las normas de etiquetado o de control de alimentos o medicamentos serían más laxas ya que no tendrían que ajustarse a normativas nacionales o se producirían deslocalizaciones de empresas a aquellos lugares donde la mano de obra fuera más barata —como ya sucedió con el NAFTA—, sin por eso mejorar el nivel de vida de los trabajadores.

¿Por qué entonces los Gobiernos quieren avanzar hacia la firma de este tratado? 

Según García, los Gobiernos están presionados por una “agenda oculta” manejada por las grandes corporaciones. Con la aplicación de un tratado de libre comercio las grandes empresas serían las más beneficiadas, multiplicando sus dividendos.

Sin embargo, los defensores del TTIP tienen otro punto de vista. Como comparten varios economistas liberales como Daniel Lacalle, los efectos de un TTIP serían sobre todo positivos.

La flexibilización de normas nacionales permitiría que los países firmantes fueran más atractivos para las inversiones extranjeras.

Para ellos, la ecuación es sencilla: cuantas más facilidades da un país para que se desarrolle la actividad económica, más empresas y dinero entra, con la consecuencia de crear más trabajo y, por tanto, mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Las empresas, además, podrían vender a más mercados y ofrecerían mejores productos porque competirían entre sí. Por el lado de los consumidores, pondría a su disposición una mayor oferta de servicios.

Junto a la mejora de la vida de los trabajadores, las inversiones extranjeras traerían la implantación de infraestructuras que permitirían el desarrollo del país. Además, defienden que las normativas laborales no cambiarían porque cada país ya tiene las suyas.

En definitiva, el TTIP vendría a ser una simplificación de las normas en una norma superior —al igual que pasa con la UE— que, aparte, traería otros beneficios como la libre movilidad de las personas entre EEUU y Europa y viceversa.

En esta línea de argumentación, los partidarios del TTIP añaden que esto lograría catapultar las economías en vías de desarrollo y mantener la actividad de las más grandes.

Y al igual que para los defensores la aplicación de un TTIP sería positiva sin importar el tamaño de la economía de cada país, los detractores aseguran que tan malo sería para los países más desarrollados como para los menos desarrollados. Al final, para ellos, el desarrollo solo sería disfrutado por el 1% mientras que la calidad de vida del 99% restante disminuiría.


Cuanto más libres, ¿más esclavos?



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