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Las surcoreanas son espiadas con cámaras en tornillos, baños públicos o incluso zapatos

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Hengstream
 

Salir a la calle se convierte en un infierno en el que cualquiera puede grabarte sin tu consentimiento y subir el vídeo a páginas pornográficas

PlayGround

12 Junio 2018 17:21

Las autoridades de Corea del Sur investigan una lacra cada vez más problemática en el país: acosadores que utilizan técnicas muy refinadas para espiar a las mujeres sin su consentimiento.

Desde 2013, según apunta el portal Gizmodo, las autoridades han registrado más de 6.000 denuncias de este tipo. La mayor parte de estas tienen que ver con la instalación de cámaras espía en espacios públicos como baños o centros comerciales.

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Las cámaras pueden permanecer ocultas en agujeros en la pared, pero también se han registrado en zapatos femeninos. Incluso, según el mismo portal, dentro de tornillos en las cerraduras de puertas. Muchos de estos vídeos acaban circulando, luego, con total impunidad en Internet, incluso existe un propio género para ellas llamado "molka".

Según la asociación de abogadas coreanas (KWLA), esta es una problemática que no para de crecer. En 2006, más de un 3% de los delitos sexuales envolvían algún tipo de cámara espía. En 2015, esta cifra alcanzaba más del 24%. Se estima que en los últimos años estas cifras no han parado de crecer.

Bajo el lema “Mi vida no es tu porno” o "No soy el porno coreano" alrededor de 20.000 mujeres surcoreanas salieron a las calles de Hyehwa en Seúl el sábado pasado, según Al Jazeera. Las mujeres denuncian la creciente ola de delitos de este tipo y la impasibilidad de las autoridades en un país en el que la ley es demasiado ambigua y la pornografía ilegal, difícilmente sancionable.

Las mujeres salieron a las calles con atuendos de color rojo. Muchas de ellas también aparecieron con la cara tapada para evitar ser identificadas o acosadas sexualmente en línea. El punto de inflexión de estas propuestas lo marcó el caso de una estudiante de 25 años de la Universidad de Hongik, detenida al cabo de 24 horas por distribuir un vídeo de un compañero suyo desnudo.

Activistas y feministas criticaron, indignadas, el doble rasero del gobierno: tan rápido y eficaz para detener a una mujer, pero impasible frente a tantos otros casos.

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