PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left
Artículo La guerra que puede terminar la tarea que comenzó el cambio climático Now

Now

La guerra que puede terminar la tarea que comenzó el cambio climático

H

 

La lucha militar y diplomática por hacerse con el Ártico en deshielo puede significar un daño irreversible

Rafa Martí

04 Junio 2016 06:00

El cambio climático no solo está terminando con el planeta por sí mismo, sino que está creando nuevos campos de batalla para que sigamos peleando. Es como si en el Call of Duty el calentamiento global desbloqueara nuevos mapas. Y, en este caso, mapas de hielo, con uniformes blancos, raquetas, motos de nieve y submarinos nucleares. El espectáculo que parecía enterrado en las películas de la Guerra Fría ha vuelto con la que ya podríamos llamar la Guerra del Hielo.

Jugando al Risk

Hay cinco países que tienen aguas jurisdiccionales en el Océano Ártico: Estados Unidos, Rusia, Noruega, Dinamarca y Canadá. Estas aguas se extienden a 200 millas de la costa de cada uno de estos países. En medio, queda un “agujero” denominado aguas internacionales.

Hasta ahora, este agujero nunca había representado una disputa demasiado seria: era un desierto de hielo. Sin embargo, en los últimos años el hielo está derritiéndose. La tendencia indica que cada 10 años desaparece un 12% del hielo marino ártico. Y la desaparición del hielo ha provocado que los 5 actores se pongan a jugar al Risk: todos quieren avanzar sus posiciones y reclaman la ampliación de su jurisdicción hacia estas aguas.

Desde 2011, según revelaron los cables de Wikileaks, las tensiones entre ellos han ido en aumento.

En este tiempo, los cinco países han movilizado tropas en la zona. Su objetivo no es invadirse unos a otros, como se presumía en la Guerra Fría. Lo que quieren ahora es hacerse con el 30% de las reservas de gas natural que quedan intactas en el planeta, el 13% de las de petróleo y con el control de las nuevas rutas comerciales a las que ha dado pie el deshielo.



El control del Ártico derretido puede tener la misma relevancia que para Estados Unidos ha tenido durante décadas dominar el Canal de Panamá. El Ártico sin hielo ha dado lugar a dos nuevas rutas marinas por el Noreste y el Noroeste de este Océano. Las compañías mercantes han visto cómo las nuevas han reducido hasta en un 40% sus costes de transporte. Y el país que domine las aguas por donde pasen los barcos podrá establecer sus condiciones de tránsito, o firmar suculentos acuerdos con otros países que están desesperados por usarlas, como China.

Luego están los recursos naturales. “El deshielo suma a esta posibilidad de utilizar nuevas rutas marítimas el acceso a ingentes recursos naturales”, dicen Blanca Palacián, analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) e Ignacio García Sánchez, capitán de navío.


Lo que quieren es hacerse con el 30% de las reservas de gas natural que quedan intactas en el planeta, el 13% de las de petróleo y con el control de las nuevas rutas comerciales a las que ha dado pie el deshielo



Según los expertos, el ártico no solo alberga oportunidades para el gas y el petróleo, sino también para la minería a gran escala de minerales como oro, platino y diamantes. China quiere invertir desde 2013 1.700 millones de euros en un proyecto minero en Groenlandia que podría suponer el envío de 2.300 trabajadores a la isla. Sin embargo, el proyecto se ha retrasado por la bajada del precio del hierro. 

Y esto, sin contar la pesca de la colonia marina que, hasta ahora, protegía la capa de hielo. Varias potencias pesqueras como Japón están interesadas en firmar acuerdos de explotación con quienes tengan jurisdicción sobre las aguas árticas.

Dobles discursos

En medio de la maquinaria diplomática y militar que ha movilizado el ártico se han plantado algunas ONGs como Greenpeace. Ven en esta lucha geopolítica la estocada a un Ártico malherido por el cambio climático.

La ambición de las multinacionales patrocinada por los países a los que pertenecen puede agravar todavía más la situación. No solo por las actividades extractivas, sino por el riesgo de derrames tóxicos de los nuevos barcos que naveguen esas aguas. Según la ONG, la huella humana podría destruir esta último reducto natural del planeta y elemento clave para su equilibrio medioambiental.

La huella humana podría destruir esta último reducto natural del planeta y elemento clave para su equilibrio medioambiental

La presión de Greenpeace ha logrado que los Gobiernos tengan que posicionarse para defender el Ártico. Pero según dice la analista de la ONG Elvira Jiménez, todos los pasos políticos que se han dado en esa dirección “se han quedado en declaraciones”.

“Cuando Obama se hizo con la presidencia del Consejo del Ártico declaró su compromiso para luchar contra el cambio climático y proteger el Ártico. Sin embargo, semanas después EEUU autorizaba nuevas licencias para perforar en aguas árticas con jurisdicción estadounidense”, asegura Jiménez.

El Consejo del Ártico se creó en 1996 como una especie de Unión Europea de la que forman parte los países Árticos. Los cinco principales (Canadá, EEUU, Rusia, Noruega y Dinamarca) junto a Finlandia, Islandia y Suecia. Estos últimos han sido los más colaborativos para la protección del Ártico. Pero también son los que tienen menos intereses.



BBC

Por eso, los miembros principales han mantenido a este Consejo con un poder no vinculante. Es decir, cualquier acuerdo que apruebe el Consejo termina por no interferir en la soberanía de cada uno de los países. Soberanía que, por su parte, está condicionada a la enorme presión que las empresas extractivas ejercen sobre sus gobiernos. Son el caso de Lukoil y Gazprom en Russia o de Exxon en EEUU. Así, los intereses particulares se imponen a lo que el Consejo pueda decidir.

Algo parecido pasa con Naciones Unidas. A pesar de las diferentes declaraciones de este órgano, los países con mayores intereses árticos han bloqueado cualquier acción sobre la zona. Y con la Unión Europea, lo mismo: a pesar de que varios países miembros forman parte del Consejo, este ha decidido excluir a la UE como observadora. La UE se ha pronunciado en varias ocasiones a favor de la protección del Ártico, implicando a países miembros a no pescar en esas aguas, por ejemplo.

Hasta el momento, solo la opinión pública mundial promovida por Greenpeace ha logrado pequeñas victorias.

Para la ONG, no obstante, la única victoria válida sería que el Ártico se declarase una zona para fines pacíficos. Es el estatus que posee la Antártida desde 1959 gracias al Tratado Antártico. Este documento ha logrado perseverar el continente blanco de la huella imborrable del hombre. Quizá es momento de que el Ártico tenga la misma condición. Sobre todo, porque la Guerra del Hielo solo hará irreversible lo que comenzó el cambio climático.

share