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El juez estrella de la AN ha estado en el punto de mira por encausar a humoristas o no investigar denuncias de torturas a detenidos etarras
07 Junio 2018 14:24
La euforia por el nuevo Gobierno de pedro Sánchez podría verse defraudada por uno de sus nombramientos. En concreto, el del juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska. Si bien su trayectoria estelar y su look de traje ajustado entonan con el gabinete de Sánchez, su historial judicial podría ponerlo más bien cerca del imaginario de juez osco de traje verde oliva, al estilo Ricardo González (el magistrado del voto particular en el caso de La Manada) o Pablo Llarena.
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Grande-Marlaska tiene un reconocido talante conservador y fama de "mano dura". Incluso fue nombrado vocal del Consejo General del Poder Judicial a petición del PP. Ha ocupado la vocalía desde 2013 hasta ahora. Nacido en Bilbao, su implacabilidad en la lucha contra ETA desde la Audiencia Nacional han hecho que se le identifique como el un azote de todo el entorno de la banda terrorista. Hasta el punto de pasarse. Nada más trascender su nombramiento, las redes recordaban que Grande-Marlaska no investigó las denuncias de Beatriz Etxeberría por vejaciones sexuales y torturas estando detenida en régimen de incomunicación. La denuncia de la etarra provocó que el Tribunal Supremo anulara su condena y las de Iñaki Zapirain y Saioa Sánchez y obligase a repetir el juicio.
Grande-Marlaska, de hecho, ha sido el juez instructor de 6 de 9 casos en los que no se han investigado las denuncias de torturas de los detenidos y por los que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha condenado a España.
El caso que le lanzó al estrellato fue el del Yak-42. El juez archivó la causa de los 62 militares españoles muertos en un accidente de avión el 26 de mayo de 2003 a su regreso de una misión en Afganistán. El archivo de la causa por la fraudulenta identificación de 30 de los fallecidos imposibilitó que se estableciesen responsabilidades (algunas señalaban al entonces ministro de Defensa Federico Trillo) por supuestas neglicencias.
Grande-Marlaska también procesó a dos humoristas de la revista El Jueves por una portada satírica de los entonces Príncipes de Asturias en una posición sexual. Además, ejerció su voto particular contra la absolución de los manifestantes condenados por intentar el asalto del Parlament de Catalunya durante las jornadas de protesta que siguieron el 15-M. Su voto particular también estaba en contra de la absolución de un tuitero que bromeó sobre Carrero Blanco. Igualmente, ha llegado a declarar que en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs) no se violan los Derechos Humanos, en contra del criterio del Comité de DDHH de Naciones Unidas.
Preguntado en una entrevista en la televisión vasca EiTB sobre su connivencia con los presuntos casos de tortura, Grande-Marlaska se defendió diciendo que en "el ADN de cualquier juez está el respeto y la defensa de los derechos humanos", y más de los procesados (detenidos). En contra de los hitos anteriores, Grande-Marlaska excarceló a 9 presos de ETA nada más anularse la doctrina Parot por parte del Tribunal de Estrasburgo. Lo hizo sin esperar al criterio del Tribunal Supremo sobre la aplicación concreta de la resolución del tribunal europeo. Abiertamente homosexual, también ha sido un importante activista por los derechos de este colectivo.
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