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El debate del Aquarius va mucho más allá de salvar vidas o no

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Arte PG
 

Italia o Europa: ¿quién tiene más responsabilidad en la vergüenza que está siendo la gestión del Aquarius?

Rafa Martí

12 Junio 2018 15:12

A estas alturas habrás oído la noticia de que un barco de nombre Aquarius operado por la ONG Médicos sin Fronteras se dirige a España con 629 inmigrantes a bordo rescatados cuando estaban a la deriva en el Mediterráneo. También habrás oído que el nuevo gobierno populista de Italia y uno de sus líderes xenófobos, Matteo Salvini, rechazó acoger a los inmigrantes. Y, ante esta negativa, ha sido el nuevo gobierno de Pedro Sánchez quien ha tenido el gesto de ofrecer el puerto de Valencia para que se acoja la nave.

El resumen con el que te habrás quedado de todas las informaciones sobre el caso del Aquarius podría ser este: Italia es un país donde la ultraderecha tiene el poder y no quiere rescatar inmigrantes (>_<), la UE no puede hacer nada porque no tiene competencias (:_I), y España es el ejemplo a seguir en el momento de abordar este tema (:D).

Lo que no se entiende demasiado, sin embargo, es que el propio Aquarius está siendo escoltado por navíos de guerra italianos que además se han repartido a los pasajeros. Es una operación que quizá tenga más costes económicos que los de la acogida. También se ha apartado del análisis que Salvini haya considerado el gesto de Sánchez como una victoria. ¿Una victoria? Sí.

Salvini contra la Unión Europea… y Europa contra sí misma

Para Salvini, la decisión de rechazar al Aquarius solo tiene una finalidad política: poner entre las cuerdas a la UE y hacerle cargar a ella el peso de la vergüenza. Mientras Italia recibe cada semana miles de inmigrantes, el resto de países de Europa no se ha comprometido con arrimar el hombro. En 2017 la UE previó que se repartiesen entre los estados miembros 160.000 migrantes llegados a Grecia e Italia pero solo se han reubicado 28.000. Países como Francia o Alemania o Austria ponen trabas para repartirse los migrantes que recibe Italia, cuando esta, solo en 2017, ha recibido a 120.000. Mientras tanto, el problema de la inmigración en el país del sur de Europa ha pasado a ser una preocupación de apenas el 2% de la población en el año 2012 a serlo del 36% en el año 2017.

La UE ha cargado contra este tipo de decisiones por inhumanas. De hecho, lo son. Pero se lava las manos en el momento de aplicar medidas eficaces y justas para todos. O, más que lavarse las manos, no tiene competencias para corregir los intereses particulares de cada estado miembro. Esto aplica para Italia, pero también para Francia y Alemania. Es decir, la UE no puede obligar y presionar a Italia a acoger inmigrantes, y no quiere hacerlo a coste de que su población se acerque inminentemente a un referéndum para la salida de la Unión. Pero tampoco puede obligar a las poderosas Francia o a Alemania a que cumplan ayudando a Italia. Por tanto, la UE tiene, una vez más, un papel nulo o casi nulo.

La situación empeora más con el tiempo, cuando vemos que la tendencia de los rescates por parte de las ONG es que se produzcan en la misma costa de Libia. Las mafias de tráfico de personas dejan los botes a la deriva a escasas millas de la costa y se garantizan la llegada a Europa a través del trabajo de las ONG, que llevan a los refugiados a los puertos más cercanos, en este caso los de Italia. Estas ONG, sin embargo, no se encargan del proceso posterior, que sí recae en el estado italiano y debería recaer en toda la UE.

El caso del Aquarius es el mismo que con el barco secuestrado a la ONG catalana Proactiva Open Arms. El debate no es sobre si rescatar o no a personas. Está claro que hay que hacerlo ni siquiera por empatía, sino por obligación moral. Pero más allá de esto, la realidad va mucho más allá de definir buenos y malos ante un problema complejo. La repugnante decisión de Salvini de poner en riesgo 629 vidas para una estrategia política no debe desviarnos del tema de fondo y donde se encuentra el debate: que es responsabilidad de todos los países de Europa ponerse de acuerdo para absorber el flujo de inmigrantes de forma equitativa y proporcional, mientras se actúa en los países de origen para evitar más catástrofes.

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