PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

'Dejé de ser Sonia, era la tijeras': la historia de la policía víctima de homofobia

H

PlayGround
 

Empieza el juicio por el caso Sonia Vivas. Los tres compañeros que la acosaron por ser lesbiana se enfrentan a penas de prisión de entre 4 y 10 años

anna pacheco

13 Junio 2018 13:12

Sonia Vivas dejó de ser Sonia cuando ingresó en la unidad motorizada de la unidad policial de Palma entre 2007 y 2009. Dejó de ser Sonia para ser “la tijeras” o “la tijeritas”. Era el insulto denigrante, y homófobo, que utilizaban sus compañeros para referirse a ella debido a su orientación sexual. También jugaban a “piedra, papel y tijera” cuando ella pasaba por su lado. Y se reían porque siempre daba tijera. O la llamaban “bollera de mierda”. Sonia se levantaba cada día para ir a trabajar y tenía que hacer frente a multitud de insultos de lo más zafios y variados. Cada día de su vida. En cada jornada laboral.

Los hechos fueron a peor cuando ella decidió contar el trato discriminatorio en una entrevista en la Cadena SER: llegaron a amenazarla de muerte, le marcaron su coche con spray negro, le pinchaban las ruedas, le tiraron huevos en su coche particular y le preguntaron que si le había gustado la tortilla. Ahora, la agente Vivas, quien tuvo que dejar el trabajo porque no podía más, ha podido relatar estos episodios, y otros más, durante la primera sesión del juicio de la Audiencia Provincial de Palma. Nueve años después de los hechos, Viva está más cerca de reparar su dignidad, y algo del dolor, a manos de un tribunal.

“Empecé a formar parte de ese núcleo, era una unidad muy pequeña, y a llevar una moto de más cilindrada, y ahí empezaron todos los problemas. A ellos no les parecía bien”, relató Vivas en una entrevista para PlayGround hace algunos meses.

Los agentes Rafael Puigrós y Alberto Juan, y el comisario, Rafael Estarellas, le hacían literalmente la vida imposible. Ahora se enfrentan a un total de 21 años y 9 meses de prisión a petición de la fiscalía. Los dos agentes se enfrentan a 10 y 6 años de prisión, respectivamente; mientras que el ahora excomisario del cuerpo podría ser condenado a 4 años y seis meses de cárcel por delito contra la integridad moral y lesiones. Se les imputa por un delito contra la integridad moral, lesiones psíquicas, denuncia falsa, falso testimonio, tentativa de presentar testigos fraudulentos y contra la administración de justicia. Todo ello con el agravante de actuar por motivos de discriminación por orientación sexual.

"El mío no es un caso aislado. Es un rosario de denuncias de compañeras, acoso, agresiones y mobbing, dentro de los cuerpos policiales. Los cuerpos policiales son machistas y homófobos" (Sonia Vivas)

Ellos están sentados en el banquillo; y eso que, incluso, pretendieron que fuera al revés: “Una mañana me desperté y vi un titular: 'La policía que denuncia homofobia agrede a un detenido en el calabozo'”, relató Vivas a PlayGround. La demanda fue archivada porque el juez constató que los agentes habían denunciado unos hechos falsos. La agente pudo demostrar que ella se encontraba de baja esos tres días que supuestamente había agredido a alguien. Era otra jugada más. Otra ofensiva en la insoportable campaña de acoso y derribo por parte de los agentes.

Hay una pregunta que me interpela y me sigue interpelando: ¿qué podría haber pasado si ese día yo estaba trabajando? ¿si no hubiera podido demostrar que estaba con una licencia médica? Me podrían haber procesado por una mentira”, denuncia Vivas en su relato. La agente denuncia que lo suyo “no es un caso aislado”. “Es un rosario de denuncias de compañeras, acoso, agresiones, mobbing, dentro de los cuerpos policiales. Los cuerpos policiales son machistas y homófobos”, crítica. Viva reclama más órganos supervisores e independientes que vigilen estos cuerpos donde, asegura, existen “problemas estructurales y de ideario colectivo”. "Si yo hubiera tenido otro supervisor, u otro órgano a quien denunciar, no haría falta llegar hasta estas instancias".

Para ella, denunciar y hablar públicamente es una cuestión de “lealtad” consigo misma. No podía callar más: “Por poco que ayude mi testimonio, para mí ya habrá valido la pena”.

share