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Por qué la decisión del TC no significa que los toros vayan a volver a Cataluña

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Levantar la prohibición no lo es todo: la tauromaquia debería antes superar una complicada maraña de intereses políticos, animalistas y emplresariales

Rafa Martí

22 Octubre 2016 06:00




La reciente decisión del Tribunal Constitucional español de levantar la prohibición de las corridas de toros en Cataluña ha sentado como una patada en el hígado a los colectivos animalistas. También a los políticos nacionalistas, que ven en los toros un símbolo de colonización cultural española. La indignación se desató en las redes, como si los toros fueran a volver: en 2011 parecía que el espectáculo había recibido una estocada fulminante. Y ahora parece que esa estocada quizá se quedó en pinchazo. Eso, sin embargo, está por ver.

Que vuelvan los toros a Cataluña entraña un complicado laberinto de intereses políticos, animalistas y empresariales. La única manera de que los toros volvieran a ver el sol y el acero en una plaza catalana —La Monumental de Barcelona, la única que queda— sería resolviendo esa maraña. Y es más probable que el toro muera en el intento de superarla que no en la plaza.

Un solo hombre en el centro del debate

A diferencia de otras ciudades como Madrid, la única plaza toreable de Cataluña no es propiedad de un ayuntamiento. Si este fuera el caso de La Monumental, las garantías de que no volvería a celebrarse una corrida superarían el 100%. Pero no es el caso. La Monumental es propiedad de un hombre y de su familia, ahora en el centro de la cuestión.

Se trata de Pedro Balañá, de 90 años de edad. Él y su grupo familiar son los dueños de la plaza desde el año 1927. Gracias a ella han forjado un imperio de salas de teatro y de cine que se expande por toda Barcelona, además de una importante fortuna y un lugar destacado en la jerarquía de la burguesía catalana.

Siendo fiel a su estilo, nadie de los Balañá se ha pronunciado sobre la decisión del TC. Algunas voces importantes del mundo taurino, como el periodista Zabala de la Serna, aseguran que lo primero que dijo el nonagenario empresario al conocer la noticia fue: “Oye tú, ¿ya podemos dar toros?”.

Balañá no es especialmente amante de los toros, pero le han dado toda su fortuna

Sea cierta o no la pregunta que hizo Balañá en su círculo más íntimo, lo que tiene claro es que quiere hacer dinero y quiere hacerlo con los toros. “Balañá no es especialmente amante de los toros, pero le han dado toda su fortuna”, señala el periodista conocedor de la idiosincrasia del personaje y de su entorno, José Ignacio Castelló.

La Generalitat se apresuró a decir que los Balañá prefieren que no haya corridas, porque dan más dinero los conciertos y el circo. Pero, por añadidura, las corridas también. Por ello, “Balañá ha conservado la plaza de toros cerrada pero mantenida a lo largo de 6 años”, apunta Castelló. Balañá, además, ha recibido una indemnización por la suspensión de los espectáculos de 330.000 euros.



En todo este tiempo ha habido numerosas propuestas para darle otro uso a la plaza. Una de ellas, incluso, proponía reconvertir la plaza en la mezquita más grande de Europa, a golpe de petrodólares del Golfo Pérsico. Pero ni la mezquita ni otras opciones han convencido al bolsillo del empresario, que ha mantenido la determinación de conservarla como plaza de toros. Cuesta creerlo, pero sí: los toros mueven mucho dinero, a pesar de que la afición en Cataluña se ha ido apagando.

Los toros todavía serían rentables

Barcelona ha pasado de ser una ciudad que en algún momento del siglo XX llegó a tener tres plazas de toros ofreciendo festejos simultáneos —más que ninguna otra ciudad en el mundo— a casi no tener afición taurina. Antes de que el Parlamento catalán prohibiera las corridas, la Generalitat impidió que los menores de 14 años pudieran asistir a la plaza. Con ello, el relevo generacional de los taurinos nunca sucedió.

Sin embargo, “La Monumental puede ser muy rentable si se organizan dos ferias de temporada potentes, en julio y en septiembre”, asegura Castelló. “La ausencia de afición en Cataluña se compensa con gente de Valencia, Zaragoza y el sur de Francia. Si se pone un buen cartel, como sucedió en las últimas corridas, con José Tomás, la plaza se llena. Las entradas son caras y eso da mucho dinero”, añade el periodista.

Un intento de Balañá de volver a organizar una corrida puede perjudicar otros negocios suyos por presiones políticas. La fórmula podría ser que se cediese la gestión a empresarios de fuera de Cataluña

Los intereses comerciales de Balañá, sin embargo, pasan también por el teatro y el cine. “Un intento de Balañá de volver a organizar una corrida puede perjudicar otros negocios suyos por presiones políticas”, señala Castelló.

Según el entorno de la familia, los hijos de Balañá son los menos proclives a entrar en un enfrentamiento con los políticos. “Sin embargo, alguno de los nietos es taurino, y eso podría alargar la vida de la saga frente a la plaza”, apunta Castelló.

¿Empresarios de Salamanca y de Madrid organizando corridas en Cataluña?

Otra fórmula a la que podría acogerse Balañá sería la de ceder la gestión del espectáculo a otro empresario. De hecho, en los últimos festejos que se celebraron en Barcelona, el ganadero de Salamanca Toño Matilla fue quien se encargó de dar luz a las corridas.

Junto a Matilla puede haber otros grupos empresariales que se interesen por la gestión del coso, y que estén dispuestos a dar la batalla contra el Ayuntamiento y la Generalitat sin temer por otros intereses en Cataluña, como sí es el caso de Balañá.

La situación podría pasar del intento de convertir La Monumental en la mezquita más grande de Europa a una plaza de toros gestionada por un empresario de Salamanca o de Madrid. Por eso los obstáculos políticos para que vuelvan los toros serán casi insuperables

Por ejemplo, la empresa madrileña Taurodelta acaba de quedarse sin la gestión de la plaza de Las Ventas de Madrid, que ha pasado a manos del francés Simon Casas. “Si ve opciones y tiene tripas suficientes para organizar corridas en Barcelona, podría ser una candidata, igual que cualquier otro empresario taurino que vea potencial”, señala Castelló.

El escenario que podría quedar sería el siguiente: del intento de convertir La Monumental en la mezquita más grande de Europa a una plaza de toros gestionada por un empresario de Salamanca o de Madrid. Y por esto, la política catalana tampoco se lo pondrá fácil, aunque ya no sea Balañá quien dé la cara. Los próximos meses son clave para ver quién gana el pulso. Pero a pesar del TC, a los toros les queda todavía un largo camino para que vuelvan a ser apuntillados en una plaza catalana.

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