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"Los nuevos corresponsales de guerra son unos narcisistas"

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Hablamos con Loretta Napoleoni, que publica Traficantes de personas (Paidós, 2016), sobre el negocio de los secuestros y las mafias de refugiados

Rafa Martí

28 Octubre 2016 06:00

Loretta Napoleoni (1955) ha llegado a ese punto en el que es consciente del placer que produce hablar con libertad. Porque no se corta nada: lo mismo le da cargarse el romanticismo centenario de los corresponsales de guerra como decir que un Gobierno no debería pagar para facilitar la puesta en libertad de sus ciudadanos secuestrados.

Lo mejor es que no lo hace con desconocimiento. Estudió Economía y Relaciones Internacionales en la Universidad Johns Hopkins y un máster sobre Terrorismo en la London School of Economics. Fue corresponsal en Londres y ha escrito para El País, La Stampa o La Repubblica. Su labor de periodista siempre ha estado lejos de las botas cubiertas de arena y de las tertulias en el hotel Palestina de Bagdad. Al contrario, ha viajado a decenas de rincones del mundo siguiendo una minuciosa labor de despachos e investigación. Su trabajo ha dado luz a las partes más oscuras de la economía de la globalización, como la financiación de las redes terroristas o el negocio del tráfico de personas.

Ahora publica Traficantes de personas (Paidós 2016), sobre los secuestros de occidentales en zonas de conflicto, y sobre las mafias que manejan el éxodo de los refugiados a Europa.

¿Cuánto dinero mueven los secuestros en el mundo?

Es difícil calcularlo porque se trata de una economía ilegal. Lo que sí sabemos es que en 2003 se pagaba por un rescate unos dos millones de euros, mientras que en el 2015 Italia llegó a pagar 13 millones de euros por dos personas. En concreto, sí que te podría decir que el Estado Islámico (EI) ha recibido alrededor de 6 millones por cada persona que ha liberado. Los precios han subido mucho porque los grupos terroristas han visto que es fácil y rentable.

¿Es importante esto en la economía de los grupos terroristas?

En el caso del EI es insignificante, porque no está interesado en los secuestros como algo para ganar dinero. Lo hace con fines políticos y de propaganda. Sin embargo, sí que es un negocio importante para grupos pequeños, como Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI).

¿Qué porcentaje de secuestros terminan mal?

Hasta la aparición del EI, que un rehén muriese en un secuestro era una excepción o un accidente. Ambas partes querían que terminase bien. Pero llegó el EI y no quería vender ni a los americanos ni a los ingleses. Quería matarlos por motivos políticos. Por eso, los compró a otros grupos criminales. Son inversiones para resultados políticos, como sucedió con John Cantlie y James Foley. 


Hasta la aparición del EI, que un rehén muriese en un secuestro era una excepción o un accidente. Ambas partes querían que terminase bien. Pero llegó el EI y no quería vender ni a los americanos ni a los ingleses. Quería matarlos por motivos políticos.



En el libro también hablas de que hasta los cadáveres han entrado en este negocio.

Sí, parece una locura. Al italiano Giovanni Lo Porto, secuestrado en Pakistán, lo querían liberar. Pero finalmente murió en el ataque de un dron americano. Entonces, los secuestradores ofrecieron vender el cuerpo. Italia lo compró un año después de que lo mataran... No se sabe ni siquiera si el cuerpo era realmente de Lo Porto. Al final, los análisis de ADN los hizo el gobierno italiano y la familia ni siquiera vio los restos. Pero para la familia era importante tener el cuerpo porque así cobró las indemnizaciones que le correspondían.

¿Se puede hablar de “comprar” un cuerpo o una persona?

Para mí no, pero es la lógica en la que funcionan los traficantes de personas... Y los gobiernos.

Y hay personas que valen menos que otras...

Esta no es una sociedad en la que todos somos iguales. Aunque siempre ha sido así, ha habido momentos en los que la desigualdad se veía como algo políticamente incorrecto. Ahora no. Ahora se muestra la desigualdad sin ningún tipo de pudor y el tema de los rescates es un claro ejemplo. Está bien visto que, si secuestran al hijo de alguien importante, o a la sobrina, se pague un rescate y se muevan todos los elementos políticos y diplomáticos para lograr tal fin. Los hijos de unos tienen un valor más alto que los de otros, y eso lo defienden todos los países.


Ahora se muestra la desigualdad sin ningún tipo de pudor y el tema de los rescates es un claro ejemplo. Está está bien visto que, si secuestran al hijo de alguien importante, se muevan todos los elementos políticos y diplomáticos para liberarlo



Entonces, ¿los Gobiernos qué deberían hacer?

Para empezar, no pagar ningún rescate. Suena fuerte, pero es un error que sean los gobiernos quienes hagan ese tipo de gestiones. El gobierno tiene que defender a todos por igual. Sí que soy partidaria de que sean empresas privadas quienes se encarguen de esto, porque ellas no distinguen entre la importancia de una u otra persona. Les interesa salvar una vida. Obviamente, sus honorarios son altos.

¿Quiénes son esas empresas privadas?

La mayoría las llevan agentes de inteligencia retirados, u operativos de las fuerzas especiales de diferentes ejércitos. La mayor parte se concentra en Inglaterra y suelen ser exmiembros del SAS o del MI6. Es gente que, por la exigencia de sus carreras, se jubila pronto y monta este tipo de negocios. Las empresas están especializadas en diferentes regiones y países. Por ejemplo, si te secuestran en Siria, hay un grupo de gente que tiene contactos y recursos en la zona. Pero el mismo grupo sería inútil para gestionar un rescate en Colombia. Son profesionales: hablan el idioma local, conocen el terreno, a los personajes influyentes y pasan la mayor parte del tiempo comprando información. También son personas totalmente anónimas. Al contrario de lo que pudiera parecer, no son mercenarios. Creen realmente en que están ayudando a salvar vidas. 

Me imagino que no cobrarán poco... Sin la ayuda del gobierno, muchas familias no recuperarían a sus seres queridos.

Los honorarios diarios suelen estar en los 3.000 dólares de promedio. A veces, eso sin contar los gastos, que van aparte. Parece mucho pero arriesgan sus vidas y ese dinero no se lo compensa. Por los que yo conozco, lo hacen por vocación o por una necesidad de adrenalina. Además, la gran mayoría de estas empresas solucionan los secuestros en pocos días. Cuando los secuestros son largos es cuando el gobierno negocia.


El mundo de los rescates es un mundo de hombres: hombres de las fuerzas especiales, políticos, diplomáticos, altos funcionarios, agentes de espionaje ¡La testosterona está por todas partes!



Describes muchas veces las negociaciones de los rescates como una competición de testosterona.

Se trata de un mundo de hombres: hombres de las fuerzas especiales, políticos, diplomáticos, altos funcionarios, agentes de espionaje ¡La testosterona está por todas partes! Todo eso hace que el foco se pierda en la competición, y que no se centre en la víctima o la familia.

¿Pero qué pasa cuando un gobierno no paga y la familia tampoco puede hacer nada? Hay países como EEUU que consideran que si pagas un rescate estás financiando a los terroristas.

Ahora la Patriot Act ha cambiado, pero, antes, en efecto, las familias no podían pagar. Era una tragedia. En el caso de Theo Padnos, la familia pagó el rescate a través de un tercero pero nunca estuvo en las manos del Estado Islámico, por lo que la familia no se enfrentaba a una persecución del gobierno de EEUU. En el caso de James Foley, la familia fue a un negociador que inició las gestiones, pero el gobierno les dijo que si seguían adelante les acusarían de financiar al ISIS. Tuvieron que parar.

¿Qué pasa con la carne de cañón de los secuestros? Cientos de chicos y chicas quieren ser fotoperiodistas o trabajadores humanitarios... ¿Han hecho demasiado daño Kapuscinski y películas de corresponsales de guerra?

No sé si han hecho mucho daño. Pero sinceramente, no entiendo por qué todo el mundo quiere ser periodista. No es un trabajo prestigioso como fue antes. Ser periodista hoy es que te paguen nada, la gente no lo reconoce ni tiene el status social que tenía hace 20 años. No hemos vuelto a ver otro Watergate... Creo que muchos de estos jóvenes que van a la guerra tienen un afán por ser reconocidos y son unos narcisistas. Por ejemplo, John Cantlie representa el narcisismo total.


Todo el mundo tiene blogs, y todo el mundo piensa que sus ideas y sus reportajes son los más importantes, y que la gente lo va a leer. Nada más lejos de la realidad: eso es narcisismo.



¿Qué dices a la repetida frase de que “alguien tiene que contar lo que está pasando”?

¿Tú crees que por la prensa sabemos lo que pasa? En el caso de Siria, todo el mundo fue a hacerle la propaganda al Ejército Libre de Siria (el FSA por sus siglas en inglés). Contaron que fue un grupo valiente que se levantó contra la tiranía de Assad. No es verdad. El FSA no existe ni existía. Había grupos yihadistas y criminales. Ahora la prensa hace lo mismo con Hillary Clinton: todos los medios la apoyan. O con la toma de Mosul y el discurso pro-kurdo. Por mucho que leas, es imposible que te enteres de lo que pasa. Por mucho que estés ahí, no contarás lo que está pasando. 

No solo hay periodistas, también trabajadores humanitarios...

Es duro decirlo, pero no sirve para nada. Hay demasiadas organizaciones internacionales no gubernamentales que ya hacen ese trabajo. En general, no son organizaciones a las que uno puede ir a trabajar sin saber nada solo porque le gusta viajar. Yo les diría: ¿por qué no se ponen a estudiar, por ejemplo, Medicina? Y luego sí, entonces sí que tiene sentido que sean de Médicos sin Fronteras. Lo de irse a países en conflicto es una moda. 

¿Por qué crees que sucede esto, si el mundo es más peligroso que antes?

Creo que la gente, no toda, está aburrida de su vida y busca aventura. Y luego, porque todo el mundo tiene un teléfono y puede publicar lo que quiera. Siempre habrá este tipo de personas. El caso de Kayla Mueller, secuestrada en Aleppo, es increíble. Se fue a El Cairo por la Primavera Árabe. No lo comprendo. ¿Si leo en el periódico que hay una revolución en Egipto, me voy a Egipto? ¡Todo lo contrario! Hay un montón de estadounidenses jóvenes que se fueron allí para ver, para testimoniar lo que sucedía con blogs. Todo el mundo tiene blogs, y todo el mundo piensa que sus ideas y sus reportajes son los más importantes, y que la gente lo va a leer. Nada más lejos de la realidad: eso es narcisismo.


Las ONGs no son organizaciones a las que uno puede ir a trabajar sin saber nada solo porque le gusta viajar. Yo les diría: ¿por qué no se ponen a estudiar, por ejemplo, Medicina? Y luego sí, entonces sí que tiene sentido que sean de Médicos sin Fronteras. Lo de irse a países en conflicto es una moda



¿Hay que pagar millones por un narcisista? 

Desde luego, un gobierno no tendría que hacerlo. Las familias están en todo su derecho y deben hacerlo. Los gobiernos tienen que informar de esos riesgos y dejar de pagar. Pagar rescates es una forma de incitar a que gente que ha sido secuestrada vuelva a la guerra. Todos los que han vuelto sabían que había un grupo que se llamaba Estado Islámico y que secuestraba... Entonces, ¿qué hacían allí? Además, sus reportajes nunca fueron importantes. Se leían en la página 26 de El País. Los periódicos sabían del peligro y conozco casos en los que los directores decían a los reporteros que no iban. Y ellos desobedecían y se iban igualmente. Lo que hay que tener claro es que si tú te vas a estos lugares es tu responsabilidad.

¿Cuándo terminará la locura de los secuestros?

Nuevamente, cuando los gobiernos dejen de pagar. Si pagan las familias o empresas privadas, los terroristas verán que ha dejado de ser un negocio rentable.

¿Y cuándo terminará el EI? Anteriormente has escrito mucho sobre el grupo y fuiste una de las voces más críticas contra los bombardeos.

Los bombardeos solo alimentan la guerra. Y luego, cortar la financiación es imposible, porque el EI tiene un territorio. Es una ilusión. Tenemos que darnos cuenta de que el EI ha venido para quedarse y que la única solución es una negociación política. En España, en Irlanda o en Colombia, solo se ha terminado con el terrorismo a través de la política. Tenemos que hablar con todas las fuerzas.


Los bombardeos solo alimentan la guerra. Y luego, cortar la financiación es imposible, porque el EI tiene un territorio. Es una ilusión. Tenemos que darnos cuenta de que el EI ha venido para quedarse y que la única solución es una negociación política



¿Qué podría querer el EI más allá de la destrucción?

No. El EI no quiere destruir Occidente. Es el mensaje que los políticos difunden por motivos de propaganda. Así justificamos los bombardeos, donde mueren inocentes. El EI ha construido el califato y quiere quedarse allí. No estoy diciendo que después de todo lo que han destruido, violado y asesinado no haya que hacer nada. Pero se negocia. No entiendo por qué tenemos un concepto de política exterior si la única que hemos hecho desde el 11-S ha sido la de las bombas. Los países occidentales deberían integrar sus ministerios de Exteriores en los de Defensa, porque sirven para lo mismo.

El resultado de este tipo de política ya lo vemos: terrorismo en todo el mundo, muertos en Europa, millones y millones de muertos en Oriente Medio y tenemos el éxodo más grande en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Por tanto, ¿quién está destruyendo Occidente? No es el EI, es el propio Occidente.

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