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Artículo El corazón de las tinieblas 2.0: un retrato robot de la Deep Web Now

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El corazón de las tinieblas 2.0: un retrato robot de la Deep Web

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El Internet que no conoces tiene una arquitectura de infierno dantesco; conforme desciendes, todo empeora

25 Abril 2014 12:23

La Deep Web o Darknet permanece invisible cada vez que te conectas, pero representa la mayor parte de los contenidos en la red: un mercado libre en el que todo está en venta y donde nadie deja rastro. Hemos querido conocer qué se cuece en este subterráneo virtual en el que el anonimato y el caos dibujan el retrato más oscuro de los internautas.

“¿Estás segura de que quieres meterte? Verás cosas que preferirás no haber visto”. Barbarroja me lanza la advertencia. Él es un hacker que se ha ofrecido voluntario para guiarme en mi primera incursión en el Internet secreto, conocido como Deep Web. La Darknet (también se la conoce así) representa aproximadamente un 80% de los contenidos de la red: es la base del iceberg, lo oscuro, lo profundo, lo que no debería ser visto excepto por aquellos que saben lo que van a buscar.

La mayoría de usuarios de Internet desconocen la existencia de estas profundidades virtuales, pero hacerse una idea de su funcionamiento es fácil: todo lo que consultamos en Internet está indexado por grandes buscadores que nos alimentan, como Google o Yahoo. Sin embargo, la mayoría de páginas son invisibles para estas grandes corporaciones y son imposibles de rastrear. Escapan, por lo tanto, a su registro y control.

“¿Y cómo nos metemos? No me gustaría que mañana se presentara aquí la poli”, le hago saber a Barbarroja, que suelta una carcajada y no puede encender el cigarrillo. “Hay que utilizar TOR, un programa de software libre que permite navegar anónimamente”. Como los demás navegantes del inframundo, debemos ocultarnos.

TOR, forma abreviada de The Onion Router tiene, como el mismo Internet, un origen militar. El Laboratorio de Investigación Naval de EE.UU. creó el “sistema de la cebolla” para navegar de forma anónima en 2002. Pero en los últimos años el programa ha cosechado éxito entre aquellos que no desean que sus datos sean controlados por empresas, gobiernos o autoridades: disidentes políticos, activistas y, sobre todo, crackers, criminales y aficionados a todo tipo de aberraciones. Mediante una extensión propia en los dominios (.onion), TOR consigue indexar mucha de la información que pasa de largo para los buscadores normales, y permite navegar en ella. El símbolo de la cebolla encaja: las capas protegen el núcleo y dificultan el acceso. Si la pelas, puedes llorar.

“Ahora estás utilizando una IP de Hungría. De todos modos navegar con TOR nunca es del todo seguro, aquí abajo no hay seguridad”, comenta Barbarroja. El programa de navegación anónima permite que cambiemos de IP cuantas veces queramos. Es decir, usamos el rastro de otros, una conexión ajena, para navegar. Como quien lleva un carné falso para entrar en la discoteca.

Iniciamos la navegación. Escribimos en el buscador Torch las palabras más demenciales que se nos ocurren, como “murder”, y damos con una curiosa plataforma de crowdfunding: The Assasination Market. En esta web los usuarios proponen personajes públicos, escriben un breve resumen de su trayectoria (poco favorecedor) y hacen una puja. No es que estén financiando el asesinato de Obama directamente, o el de los otros políticos en cartel, sino que apuestan sobre el día de su muerte. Una porra: si aciertan, se llevan el bote. “¡Pero esto no es tan malo!”, exclamo con alivio. Aunque claro, si la idea prospera y las apuestas alcanzan cotas suficientemente suculentas, sería un móvil de magnicidio.

"En la Deep Web, los clientes saben quienes son los proveedores fiables. Saben quién es Amazon, Ebay o un simple estafador"

“Vamos a los supermercados, eso es lo más común”, propone Barbarroja con tal de iniciar la degustación. La web Bit Pharma nos ofrece cocaína pura, speed, marihuana, LSD, Viagra, Xanax, Valium, Tramadol: “Quédate con los precios”, comenta el hacker. Efectivamente, los costes de estos productos sin aranceles son muy bajos, y en su opinión los distribuidores reputados no suelen decepcionar.

En la Deep Web, los clientes saben quienes son los proveedores fiables. Saben quién es Amazon, Ebay o un simple estafador. Silk Road fue el más importante de los supermercados anónimos, y también el primero de los grandes negocios en el Internet oscuro en toparse con la ley (la de afuera).

A finales del año pasado, tras dos seguimientos con agentes de paisano, el FBI cerró el sitio y detuvo a un único sospechoso, conocido como Josh Terry por sus compañeros de piso y Temible Pirata Roberts en la red. En realidad se llama Ross Ulbricht, es físico, tiene 29 años y ha sido acusado por el Gobierno estadounidense de dirigir el mayor supermercado mundial online de estupefacientes: narcotráfico, piratería informática y blanqueo de dinero. Presuntamente, Ulbricht se quedaba con el 15% de comisión en transacciones de drogas pero también manuales para piratear cajeros automáticos y hasta documentos falsificados. Su supuesta contabilidad (un pantallazo aportado como prueba por el Gobierno Federal) reflejó unos ingresos de 600.000 bitcoins, que en ese momento tenían un valor de 80 millones de dólares.

La “criptomoneda” es el dinero de la Deep Web, actualmente cotiza a 487 dólares y tampoco está exenta. En su día el Bitcoin se consideró un paso revolucionario: un modo de pago alternativo, ajeno a los circuitos bancarios, descentralizado y anónimo. Pero ya se habla de burbuja incontrolable, de vía para el fraude fiscal y hasta de granjas donde estas monedas virtuales se fabrican. “La gente que dice que los Bitcoins son para hacer el bien miente. Sirven para esto. Para la especulación y el blanqueo”. A pesar del pesimismo de Barbarroja, el futuro de esta moneda virtual está por ver, ya que sus creadores afirman que aún no se ha desarrollado debidamente.

El cierre de Silk Road tampoco ha detenido los supermercados en la Deep Web, más bien ha advertido al cártel y a la mafia rusa de las posibilidades que les brindan las nuevas tecnologías. Barbarroja y yo lo comprobamos rápidamente: Visitamos Pandora, Utopia. Encontramos armamento barato (una Walther de calibre 7 por 600 euros), más droga, pasaportes del Reino Unido. Todo al alcance de un clic, todo expuesto: números de teléfono, correos electrónicos.

Cambio de IP

"¿Tienen derecho los ciudadanos a navegar de forma anónima por la red? ¿Se puede, en nombre de la seguridad, coartar la libertad?"

En el Internet profundo no todo es venta de drogas, armas y cibercrimen. Cada vez más usuarios legítimos desean controlar la privacidad de sus datos y utilizan TOR.

Hemos encontrado foros de discusión política y bibliotecas donde leer a escritores amateur, y es sabido que este navegador es una herramienta utilizada en países con censura, como China, o en lugares con conflictos bélicos. Es sabido que los rebeldes sirios comparten información de forma anónima a través de TOR.

Pero es fácil dejarse sorprender por toda la oferta ilegal. “Esto es muy bestia, ven a ver”. Ahora mismo Barbarroja y yo somos voyeurs de un bazar ilegal, Data Bay. Aquí no existen las categorías ni las etiquetas: ante nosotros se despliega un muestrario de ofertas amontonadas en frases de texto, tipografía Times New Roman, una detrás de otra. Lo que vemos al principio es lo último que ha entrado en subasta. Scroll infinito.

Data Bay es el mercado popular, la esencia del comercio oculto en Internet, sin orden: sólo variedad y caos. La yuxtaposición de las ofertas da una idea de la vitalidad de este bazar exótico. Por ejemplo: Obra completa de Nietzsche en PDF, 56K de direcciones de ciudadanos polacos interesados en interiorismo, 10.000 contraseñas de acceso a páginas porno, manual de fabricación de una pistola automática, libro sobre ciencia de los Illuminati, localización IP de los servidores del Pentágono, contacto con exportadores venezolanos (patrocinados por el gobierno, sólo comandas de al menos 1 quilo), todas las letras de las canciones del grupo de punk The Meters, ebook: cómo desarrollar una memoria perfecta, 7 fotos de una niña de 14 años perfecta, planos de un proyecto de ingeniería mecánica en Catar, listado de empresas en las que invertir según las predicciones de Reinhardt, Credit Reports de gente famosa (abrimos el de Arnold Schwarzenegger), 16.000 números de la seguridad social finlandeses y un documento que detalla las ideas sobre el futuro de George Orwell. Un final coherente para una enumeración sin sentido aparente.

Como si se trataran de souvenirs del infierno, hacemos pantallazos de todo. Nadie nos ve, pero hemos estado aquí.

La oscuridad está de suerte

La Deep Web es un agujero para la seguridad de todos los estados, pero supone una gran preocupación para Washington. Silicon Valley tiene muchos más recursos para contratar a especialistas en seguridad informática que el FBI. “El desarrollo tecnológico para luchar contra la Deep Web no está recibiendo la financiación adecuada”, declaró Marcus Thomas, antiguo asistente de dirección de la división tecnológica del FBI a la revista Time. “Antes estaba bien financiado, pero ahora está siendo difícil con los recortes”. Después de las revelaciones de Snowden, la revisión de la ley que rige las escuchas telefónicas, y que aclarará los recursos disponibles para luchar contra el ciber crimen, está congelada en el Congreso. De algún modo, y al menos oficialmente, hay vía libre, también porque no se trata de una prioridad en la agenda de la administración estadounidense. “Estados Unidos es el que más investiga sobre ciber crimen, y el que más genera. La mayoría de los internautas no lo usan y a los estados tampoco les importa”, dice Barbarroja.

El debate de fondo no es nuevo: ¿Tienen derecho los ciudadanos a navegar de forma anónima por la red? ¿Se puede, en nombre de la seguridad, coartar la libertad? ¿Es el ciber crimen un mal colateral inevitable? Por el momento, el crecimiento exponencial de la dark net y la defensa de la red libre por parte de los internautas está dejando la discusión en algo que abordar a largo plazo.

Mientras tanto, aparecen nuevas herramientas para navegar en la Deep Web. La más reciente es Grams, el que promete ser el Google para realizar búsquedas en la Dark net. “Me di cuenta de que en los foros y en Reddit la gente estaba constantemente preguntando cómo conseguir ciertos productos, en qué mercados online conseguirlos y cuáles eran fiables”, explicó a Wired su creador, que no quiso revelar su identidad. Grams supone una fase más de legitimación del mercado negro en Internet, y aunque todavía está en fase beta, ya sirve como motor de búsqueda en los ocho mercados principales.

El mercado español

"Hay grupos que se preguntan sobre los límites de la pedofilia, sobre las diferencias que hay entre tocar y violar"

“¿Y no hay Deep Web en español?”, pregunto a Barbarroja. “Nunca he visto ningún foro. Busquemos”, responde. Entonces accedemos al foro Cebollachan y leemos los títulos de cada conversación, también las visitas que ha recibido cada una.

En Cebollachan existe un gran interés por temas metafísicos: “Inmortalidad”, “Soy vampiro”, “Cómo logro poder? (magia)”, “CONTACTO EXTRATERRESTRAL”, “Por qué el mundo sigue girando cuando estoy sentado”. Y también asuntos más mundanos (“Whatsap de putas”, “Cómo cocinar cristal”, “Soy hacker y si tienes acceso a un PC que mueva dinero yo la hackeo y robamos todo”).

Sin embargo, todas estas discusiones son minoritarias, en número y visitas. Cebollachan es, sobre todo, un foro para pedófilos: “Dejé embarazada a mi hija”, “fotos de mi niña”, “software que extrae todas las fotos de la máquina de tu víctima y las guarda online” (este, con miles de visitas), “busco nenas de 8 a 11 años”, “vendo GHB (la droga de la violación) para dormir niños”.

Los archivos son reales. Las imágenes de niños y niñas en situaciones inimaginables se comparten, se venden al mejor postor abriendo una conversación misteriosa y dejando un correo de contacto. También hay quienes lanzan archivos al foro como si fueran carnaza, los usuarios corren para morder. Hay grupos que se preguntan sobre los límites de la pedofilia, sobre las diferencias que hay entre tocar y violar. Algunos buscan, incluso, un vídeo snuff de las niñas de Alcàsser: “¿Alguien sabría donde puede haber imágenes del supuesto snuff?”. Respuesta: “pendejo ese material no lo vas a encontrar gratis, suponiendo que alguien lo tenga”. Seguido, un usuario pega el texto íntegro de las autopsias. Atardece, y Barbarroja y yo ya no hablamos.

“Mira esto. Es un fixer”, dice Barbarroja. Después de tres horas de inmersión en la Deep Web vuelvo a asomarme a su pantalla. Alguien que se hace llamar Old Man se ofrece como barquero, como guía para navegantes inexpertos: “No es lo que sabes, sino a quién conoces”, escribe en su perfil. Barbarroja me mira fijamente: “Supongo que lo sabes”. “¿El qué?”, pregunto. “Que todo este tiempo hemos estado en la superficie”.

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