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Cada vez más personas están esnifando heroína con consecuencias catastróficas

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Getty
 

La droga de los 80 experimenta un aumento consumida en polvo o líquido, una forma de drogarse que acaba comiéndose la materia blanca del cerebro

PlayGround

10 Julio 2018 15:27

El consumo de heroína, la lacra de los años 80, ha encontrado otras maneras de mantenerse en las calles. En los últimos años, los hospitales han visto mayores ingresos por heroína esnifada.

En EEUU, la inhalación de la droga por la nariz se ha propagado rápidamente desde que cogió fuerza en los 90. En 2014, médicos alertaban en una investigación de que esta forma de consumo estuvo detrás del 21% de las hospitalizaciones por abuso de heroína en el país.

En España, ese mismo año, saltó a las noticias que durante la Nochevieja murió una una joven francesa de 25 años en Madrid después de esnifar heroína y desplomarse en una calle del barrio de Lavapiés. Las ambulancias se llevaron también a un amigo suyo, que logró recuperarse. Proyecto Hombre difundió que era una forma de drogarse minoritaria en España pero que había experimentando un repunte.

"En todo el mundo, esto se está convirtiendo en una forma lucrativa de abuso de heroína, especialmente entre los individuos jóvenes y las personas que hacen la transición de la adicción a píldoras", escribe ahora un equipo médico en la página de MedPage Today, en la que explican criterios de diagnóstico. Según un estudio publicado en Jama Neurology, el uso de la heroína inhalada está alcanzando niveles epidémicos al este del río Misisipi y en las ciudades estadounidenses. EEUU ya tiene de por sí una grave crisis sanitaria de adicción a los opiáceos que alcanza a 2,4 millones de personas, 1 millón de las cuales son adictos a la heroína.

El negocio de esta droga ha cambiado. La forma de consumir la sustancia está pasando de pincharse a fumarse y de ahí a esnifarse. El abandono de las jeringuillas evita la transmisión de enfermedades como el VIH o hepatitis y, esnifada, esta droga es menos adictiva ya que no libera la sustancia al cerebro tan rápidamente y se acumulan dosis con menos rapidez. Según el estudio publicado en JAMA, las consecuencias de esta inhalación son "complicaciones cerebrales peculiares y a menudo catastróficas".

Pero los daños en el cerebro de este consumo, llamado coloquialmente 'Persiguiendo al dragón', golpea a la materia blanca del cerebro “hasta el punto de que el tejido cerebral afectado se ve bajo microscopio como una esponja con orificios irregulares”, escriben los investigadores.

En apenas 5 minutos, los vasos sanguíneos de la nariz absorben la droga y el torrente sanguíneo envía el chute al cerebro. La afección que dispara se conoce como leucoencefalopatía, una inflamación viral que se come la materia blanca. A la larga solo tiene un final: coma o la muerte.

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