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Caceroladas y repulsa a los neonazis: en los barrios alemanes Siria vuelve a contar

En 2017 hubo alrededor de 2.200 ataques contra migrantes y casas de refugiados. El partido ultraderechista AfD reivindica dejar de sentir culpabilidad por los crímenes nazis. Frente a la barbarie, los refugiados están compartiendo sus experiencias en los barrios como el berlinés Neukölln

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En 2017 hubo alrededor de 2.200 ataques contra migrantes y casas de refugiados. El partido ultraderechista AfD reivindica dejar de sentir culpabilidad por los crímenes nazis. Frente a la barbarie, los refugiados están compartiendo sus experiencias en los barrios como el berlinés Neukölln

20 Julio 2018 12:13

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Las caceroladas de los vecinos son de repudio. Ocurren frecuentemente, cada vez que las cabezas rapadas se acercan al barrio judío del centro de Berlín. ¡Fuera, nazis!, les gritan.

Causa shock la ligereza con la desfilan grupos supremacistas desde los últimos dos años por Alemania. Envalentonados por las calles, vestidos de negro, defendiendo un Estado blanco sin refugiados ni migrantes, sobre todo musulmanes. Esta vez estos son el principal objetivo de su odio.

Desde que en las pasadas elecciones Alternativa para Alemania (AfD) se convirtió en el primer partido de extrema derecha en irrumpir en el Parlamento desde la Segunda Guerra Mundial -con el 12,6% de los votos-, el tabú de sentir orgullo nacional ya no es tan tabú. Ya no hay tanta vergüenza, algo que antes sucedía por motivos obvios como seis millones de asesinados en el Holocausto.

En uno de sus mítines, el ultra Björn Höcke proclamó que los alemanes tenían "mentalidad de un pueblo totalmente vencido". "[Somos] las únicas personas en el mundo que plantaron un monumento de la vergüenza en el corazón de su capital". Luego gritó Alemania, Alemania, Alemania. Están llamando a poner fin a la culpabilidad colectiva por los crímenes nazis: pasar página -en su 'ya no somos responsables'-, pero sin interiorizar nada.

Manifestación nazi en Alemania. Getty

Desnudar la perversa ideología que hay detrás de estos discursos es algo que está haciendo Hamdi, un refugiado sirio que lleva tres años en Berlín. No es consciente de su punch contra la extrema derecha, pero hay efecto. Él entró en 2015, cuando Angela Merkel abrió las fronteras y popularizó el We Will Manage: el somos un país rico, podemos, todo saldrá bien.

Lejos de las plazas turísticas e incluso del céntrico barrio judío, Hamdi ofrece tours ideados por la organización Querstadtein. Recorren el distrito de Neukölln, a las afueras de la capital. Son calles llenas de tiendas, bares donde sirven falafel y viviendas de clase trabajadora. Con más del 40% de vecindario de refugiados o hijos de migrantes, a los ciudadanos alemanes de todas partes les vuelve a hablar de Siria.

"Soy periodista. Trabajaba en la televisión nacional en Damasco. Pasé a ocuparme de la sección de música o sociedad para no tener que hablar de asuntos políticos. Yo nunca pensé en salir de Siria", comienza.

Tiene a su esposa aún en Damasco. Él se vio obligado a huir de repente. Cogió unas pocas cosas y se largó. No sabía dónde. ¿Dublín? ¿París? Tomó una patera para cruzar el Mediterráneo, el mar-cementerio. Se salvó, pero en la frontera con Macedonia vino el segundo peor momento.

"Como los refugiados tenemos que cruzar en mitad de la noche, nos topamos con las mafias. Esos hombres con bolsillos abultados de dinero apuntan con el arma y dicen: si no mes das, disparo. Y lo hacen, así que cedes. Es infinitamente peor para las mujeres porque abusan sexualmente de ellas. No puedes llamar a la policía porque eres ilegal. No hay nadie que nos proteja", relata.

Cuando llegó a Alemania sintió calor. Al poco de estar allí, la canciller llamó a solidarizarse con mantas, dinero y tiempo con los venían. Miles de ciudadanos fueron a las estaciones de tren con carteles de Welcome Refugees. Las autoridades de las ciudades telefonearon en mitad de la noche a los directores de los colegios para que abrieran los pabellones. Los bomberos facilitaban las entradas. Se inscribieron como voluntarios más personas del número de refugiados que llegaron.

Barrio de Neukölln,Berlín. Getty

Hay un salto entre ese momento y la situación actual. En 2017 se registraron alrededor de 2.200 ataques en el país contra migrantes o casas de refugiados.

La apatía o el rechazo hacia los refugiados ha aumentando en la población después de conocidas agresiones que implicaron a migrantes, entre ellas: el atentado bomba en el festival de música de Ansbach, el ataque terrorista en el mercado navideño que causó la muerte de 12 personas y las agresiones sexuales durante la nochevieja en Colonia.

"La extrema derecha aprovechó para capitalizar el descontento y sacar toda su propaganda xenófoba. Quieren convertir a todos los refugiados y migrantes en enemigos. Han propuesto el uso de armas en las fronteras para disparar a las familias solicitantes de asilo, pero no tienen suficiente fuerza política en el Parlamento", comenta en una conversación telefónica Ulrich Kober, director del programa de integración de fundación pro refugiados Bertelsmann.

AfD clama volver a sentir orgullo nacional y dejar de sentir culpabilidad por los crímenes nazis. Elaboran una nueva retórica para intimidar a los refugiados

Los primeros meses de Hamdi en Alemania no fueron fáciles. "Tienes la sensación de que estás solo. En el centro de refugiados ayudaba a traducir para hacer algo y mantenerme ocupado. Me costó un año recibir el asilo y dos alquilar un piso. En Berlín para todo el mundo es complicado encontrar vivienda por los precios, pero para los refugiados más", subraya.

Fadi, sirio residente en otra ciudad -Bielefeld-, todavía espera el asilo definitivo. Tuvo permiso de un año y luego se lo extendieron a dos. Aunque los refugiados pueden trabajar después de pasar los tres primeros meses, cuenta que el empleo es difícil sin estos documentos.

Acorralada por su propio socio de gobierno -la Unión Social Cristiana (CSU)- y ante el avance de los xenófobos AfD, Angela Merkel firmó este mes un acuerdo para restringir la migración.

Paradójicamente, la medida se produce en un momento en el que el número de refugiados que llega ha caído en picado, aunque los líderes europeos de la extrema derecha estén logrando transmitir que se vive una "avalancha". "Se habla de crisis migratoria y esa crisis no existe", dice el politólogo Lorenzo Gabrielli. Los que buscaban asilo en 2016 -el punto más álgido- rondaban los 62.000 al mes. En Alemania, esa cifra se ha desplomado a menos de 15.000, número más bajo desde 2013.

Barrio de Neukölln,Berlín. Getty

"Yo escapé de Siria en 2015 porque recibí una carta del Gobierno para ingresar a las tropas militares. Era profesor en dos escuelas. No podía empuñar un arma ni matar", dice Fadi.

A todos los arropó alguien al cruzar la frontera. A Suzanna, una joven editora de Damasco, le acompañaba una mujer a rellenar todo el papeleo. Esa mujer sigue en su vida tras el lazo que crearon. Los vínculos son el frente contra la barbarie. A cada marcha nazi, diferentes barrios acallan sus voceos con cacerolas. Vivir en el Neukölln de hoy significa resistir a las falsas caretas de la AfD. La nueva estrategia del partido neonazi pasa por venderse como los salvadores de la clase trabajadora alemana -y están ganando peso en ciudades industriales en declive sobre todo de Alemania del Este- pero Alice Weidel, una de las fundadoras de AfD, trabajó como banquera para el Goldman Sachs.

Al periodista sirio Hamdi le hacen muchas preguntas. De eso también va la cosa de los encuentros organizados. Las dos que más le sorprendieron eran si en Siria tenían coches y si las llegadas de migrantes islamizarían Alemania. "Queremos que la gente resuelva sus dudas directamente, sin que sea a través de los medios", expresa. "Hay sorpresa cuando les cuento que Siria no era ni es un país pobre y que no está regida por el islam".

Lo que tienen son los cristales reventados y los edificios molidos a balazos. Lo que no quieren es morir en el mar cuando escapan de eso.

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