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El agua en tiempos de sequía II. Acuíferos que lloran vertidos, nitratos y drogas

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Uno de cada cuatro acuíferos españoles está contaminado. Las reservas de agua serán clave para la gestión de las sequías, pero en España se prefiere levantar polémicas presas

astrid otal

05 Diciembre 2017 06:00

Debajo de la tierra corren venas de agua. Están ahí y hacen que los muertos no puedan enterrase en cualquier lugar. Aunque se les vista con galas fúnebres, los cadáveres se descomponen: liberan cadaverina y putrescina y algunos, desinflados, dejan las prótesis o marcapasos que albergaban. Todo puede filtrarse y contaminar las corrientes subterráneas.

Pero en España –y puede que tampoco en el resto del mundo- los difuntos no tienen la culpa principal de la contaminación de los acuíferos. Los vivos sí. En Huelva el agua va cargada de metales de la industria minera. En Barcelona hay droga. En Huesca lindano. Uno de cada cuatro acuíferos, de media en el país, está contaminado por el problema más grave: los nitratos y pesticidas de la agricultura, según el Instituto Geológico y Minero de España (IGME).

LEER MÁS: El agua en tiempos de sequía I. El negocio de la gestión privada en manos de dos multinacionales

“La mentalidad de aquí es que solo importa lo que se ve. El Gobierno se preocupa por el agua superficial y con la subterránea, mira para otro lado. Qué gran error. Se han vendido los embalses como solución a la sequía y eso, en gran parte, a quien más beneficia es a las constructoras”, señala Pedro Arrojo, doctor en Física que fue premio medioambiental Goldman y ahora es diputado Podemos.

Dice que los acuíferos son un pulmón. Pero que barbaridad tras barbaridad se esquilman y destrozan.

I. La gran laguna subterránea y el arsénico

A Villanueva de Gómez, un pueblo de Ávila de 140 vecinos, tuvieron que llevarles agua embotellada durante cuatro años enteros. Prohibían beber del grifo. El alcalde, Emilio Martín De Juan, cuenta que en las mediciones salían niveles altos de nitratos. No sabe de qué: “puede que de las granjas de cerdos, porque en nuestros alrededores no abundan cultivos”, expresa.

Ese pueblo tiene debajo Los Arenales, la laguna subterránea más grande de la península: 7.700 kilómetros cuadrados bajo Salamanca, Ávila, Zamora, Valladolid y Segovia. En 2011, la Confederación Hidrográfica del Duero reconocía que la “popularización de las electrobombas” había rebajado, entre otras causas, 30 metros el nivel de su caudal en comparación con los años 70. La proliferación de pozos para los cultivos había obligado a perforar más hondo para encontrar el agua de la que se abastecen numerosos municipios.

Bajo las provincias de Castilla y León descansa la laguna subterránea más grande de la península

En 2006, con Los Arenales a uno de los niveles más bajos, el anterior alcalde de Villanueva de Gómez, José Martín Llorente (PP), autorizó una macrourbanización sin sentido de 7.500 viviendas, tres campos de golf, un centro hípico y un hotel con balneario. Sondearon a 600 metros para sacar el agua caliente y talaron 10.000 pinos “de una zona de las más bonitas de la provincia”, se apena Lolo, un vecino de las inmediaciones.

El macrocomplejo se paralizó en 2009, cuando estaban a punto de asfaltarlo y colocarle las farolas. Al exalcalde Martín Llorente se le imputa un posible delito de prevaricación. Todavía no se ha emitido una sentencia.

A la par se espera que un vertedero de residuos de construcción sin licencia se desmantele. Lo dejaron a rebosar de yesos sobrantes, botes de pintura, disolventes o aerosoles que traían camiones de Madrid y otras ciudades en pleno boom urbanístico. A la compañía a la que se denunció, Rio Arimosan, jamás retiró los escombros que puede que sean peligros para el agua subterránea.

La laguna subterráea Los Arenales abarca 7.700 kilómetros cuadrados. La sobreexplotación del acuífero provoca que se detecten reiteradamente arsénico y se corte el suministro a los municipios

Cuando se abusa de Los Arenales, la laguna muestra su peor cara: el arsénico. A principios de los 2000, se detectó por primera vez en las provincias de Segovia y Valladolid. Luego alcanzó a las de Ávila. La sobreexplotación, sobre todo la agrícola, provoca que las concentraciones de la sustancia, que está de forma natural en el medio, se disparen. La OMS pone el máximo permisible en 10 microgramos de arsénico por litro. En puntos de Valladolid se han llegado a los 500 mg/litro. Desde entonces resulta un problema recurrente en la cuenca del Duero.

“Venimos de una política que hasta 1985 no reconocía al agua del subsuelo como dominio público. Se dejaba en manos privadas. La gente podía hacer un pozo y el agua era suya. En ese año cambió la ley, pero el Estado no se atrevió a hacer la medida retroactiva”, contextualiza Arrojo.

A las incontables concesiones otorgadas, se suma que las perforaciones ilegales no cesan. Se excava y da igual. Se desconoce el número de pozos ilícitos específicamente en Los Arenales. En el conjunto de España rondan el millón.

Los nitratos y pesticidas de la agricultura se inflitan en el subsuelo contaminando las corrientes de agua

"Descontaminar un acuífero es difícil, se debe dejar que se depure. ¿Y nosotros por qué estamos optando ante las sequías? Por sobreexplotar y encima caer en un error: construir presas", dice Julio Barea, de Greenpeace.

II. Solución a las sequías: más embalses, más ladrillo

Hace unos días Greenpeace colgaba en el puente de un embalse vacío en León su pancarta más grande hasta el momento. “Mala gestión = Sequía”. “España es el país de Europa con más embalses. Hay unos 1.300. Sin embargo, deja de llover tres meses y los tenemos en estado crítico. Parece que sigamos en los años 50 cuando eran sinónimo de desarrollo. Pero es que no son la apuesta”, alega Barea.

Más de una veintena de embalses están en la lista para construirse. La mayoría para seguir con el lucrativo regadío en tiempos en los que no llueve. Pero algunos proyectos se cuestionan de entrada.

Huelva está verticalmente atravesada por el río Odiel, que a veces llora un color rojizo. El pasado mayo reventó el tapón de una balsa minera abandonada que pertenece a las empresas Ormonde España y Nueva Tharsis. La cascada ácida vertió 250.000 metros cúbicos de aguas tóxicas. Solo en Huelva existen unas 100 minas en desuso y cien millones de metros cúbicos de residuos acumulados en depósitos y pozos. Debajo, acuíferos.

En un tramo de ese río se va a construir la presa Alcolea para bañar 25.000 hectáreas de regadío de las localidades circundantes. Se dice que generaría unos ingresos anuales de 370 millones y que habrá muchos, muchísimos, puestos nuevos de trabajos: 13.000. La presa se catalogó de “interés público”, se adjudicó a una UTE liderada por Sacyr y comenzó en 2012. La obra está ejecutada en un 20%.

"España es el país de Europa con más embalses. Hay unos 1.300 y, sin embargo, deja de llover tres meses y los tenemos en estado crítico. No son la apuesta"

Si iba a costar 52,1 millones de euros, ahora más. A Sacyr se le rescindió el contrato este año. La constructora alega sobrecostes. Se está a la espera de quién construirá, pero el proyecto se mantiene.

“La financiación exacta nunca estuvo clara. Había documentos que hablaban de que podía ascender a 200 millones de euros. Y todo, ¿para qué? ¿Qué haremos con una obra inútil?”, denuncia Felipe Fuentelsaz, de WWF, organización que ya hizo un informe en 2010 acerca de la inviabilidad de usar esa agua.

"Existe algo más fácil que no se hace. Cerrar el grifo, quitar los pozos ilegales y preocuparse por las reservas estratégicas del subsuelo con un plan definido, pero eso no da votos", resume Pedro Arrojo.

III. En el Eixample, cocaína. En Paral·lel, éxtasis

Pronto habrá que mirar debajo del suelo y cada vez más profundamente. Hace cinco años supimos las drogas más populares en Barcelona por barrios. En el Eixample eran más de cocaína. En Paral·lel y Poble Sec abundaba el éxtasis. En el Besòs, la metadona. Fugas del sistema de alcantarillado habían llevado los rastros hasta los acuíferos. El CSIC hizo el estudio para esclarecer su situación por si se necesitaba esa agua en las sequías. No representa un peligro para la salud. Las concentraciones eran muy bajas.

Aguas residuales bajo el Eixample

Se llaman contaminantes emergentes a sustancias que ya estaban, pero no se detectaban. Las drogas. Los fármacos. En el acuífero aluvial de Blaix Fluvià se hizo uno de los estudios más en detalle en 2016.

"Lo que encontramos son antibióticos a nivel de nanogramos que procedían de las granjas y de los humanos. Pueden tener un efecto nocivo para las comunidades microbianas que habitan ahí, alterar sus genes. Hacerse resistentes, lo que implicaría un posible riesgo sobre la salud humana. No hay que ser alarmista porque hablamos de nanogramos, pero se debe estudiar", nos explica Josep Mas-Pla, hidrogeólogo del ICRA y de la Universidad de Girona.

Sin incluir a los contaminantes emergentes, la Unión Europea, con la Directiva Marco del Agua, obliga a la protección de las masas de agua. No corren buenos tiempos para el despilfarro y los ecocidios. No queda mucha y la que queda no quieren recuperarla. "El agua será oro", resume Barea, de Greenpeace. Pero los vivos la estamos contaminando.

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