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¿Es posible parir un bebé y no sentir que es tu hijo?

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8 declaraciones científicas sobre el debate de los vientres de alquiler

13 Junio 2016 06:00

¿Es posible no tener vínculo afectivo, maternal, con un bebé que has parido? Queremos saber qué opina la ciencia sobre la gestación subrogada, popularmente conocida como vientres de alquiler.

Actualmente, la maternidad subrogada constituye un mercado global que se expande y va ganando apoyos e iniciativas para su regulación en los países desarrollados. Las causas son varias: aumenta la infertilidad humana, las mujeres retrasan cada vez más su maternidad y las parejas LGTBI van conquistando derechos alrededor del mundo.

Así, los derechos reproductivos —y el negocio que los acompaña— ganan protagonsimo mientras las adopciones internacionales siguen plagadas de obstáculos. 

Más allá de partidarios y detractores, hemos hablado con dos especialistas de distintos ramos: los médicos y autores del libro El Encarnizamiento Médico con Las Mujeres (Los Libros del Lince, 2016), Juan Gérvas y Mercedes Pérez-Fernández; y Francesca Puigpelat, catedrática de Filosofía del Derecho y miembro del Comité Consultivo de Bioética de Cataluña. Estas han sido sus respuestas acerca de las implicaciones médicas de la maternidad subrogada.

1. "El feto cambia a la mujer"

Si hablamos de vínculos afectivos y biológicos entre la gestante y el feto, para Juan Gérvas y Mercedes Pérez cada caso es único: "Ni siquiera se repite en la misma mujer en diferentes embarazos". Sin embargo, hay que tener en cuenta que en todo embarazo se transfiere material genético del feto a la madre, lo que se conoce como ADN libre: "También pasan células fetales que perviven para siempre en la mujer, y la cambian. Pero de todo esto no se suele hablar en el caso de la mujer subrogada", dice Gérvas. 

2. "¿Secuelas? Pocas, pero pronto para saberlo"

"Son pocas las investigaciones empíricas sobre los efectos de la gestación subrogada sobre las gestantes, las personas que recurren a ella y las criaturas nacidas por esta vía", explica Puigpelat.

"La ausencia de un vínculo gestacional entre los padres y los hijos no interfiere significativamente en las relaciones"

Las expertas que han analizado el tema, como Susan Golombok, Eleonora Lamm o Debora L. Spar, tienen opiniones más bien tenues: "Golombok, por ejemplo, aborda los pocos casos que hay en Gran Bretaña y afirma que las familias formadas de este modo funcionan generalmente bien", dice Puigpelat. "La ausencia de un vínculo gestacional entre los padres y los hijos no interfiere significativamente en las relaciones. Es consciente, sin embargo, de que no se sabe cómo evolucionarán a largo plazo ni lo que afectará a estos niños el conocimiento de su origen".

En opinión de Puigpelat y el resto de estudiosas, faltan estudios porque es una práctica relativamente reciente. El primer caso de gestación por subrogada —en el que la gestante sólo aporta el útero— fue en 1984. Antes de esta fecha la aportaba también sus óvulos, y el primer caso documentado se remonta a 1976.

3. "Un embarazo siempre es complicado, y en algunos países más"

Los doctores Gérvas y Fernández creen que el proceso de gestación de un embrión ajeno tiene los mismos efectos adversos que las fertilizaciones in vitro, tanto para la mujer que lo va a parir como la mujer que debe extraer su óvulo: son problemas relacionados con la hormonación y las intervenciones quirúrgicas necesarias. "En general, el embarazo tiene complicaciones físicas y psíquicas y todas ellas se pueden dar en el caso de la madre subrogada, desde embolias a lo largo del embarazo a depresión post-parto (con el riesgo de suicidio), sin la 'compensación' de tener un hijo al lado. Puede tener una grave repercusión mental en la mujer".

Sin embargo, Gérvas coincide con Puigpelat en que no hay estudios de rigurosos al respecto y casi todos se han hecho con muestras pequeñas.

"Puede tener una grave repercusión mental en la mujer"

Conclusión: la gestación subrogada no tiene por qué ser un proceso poco saludable y traumático, no más que los casos generales de fertilización in vitro. "Otra cosa es el salto cultural", añaden Gérvas y Fernández, "en los casos en los que una pareja de un país desarrollado contrata a una gestante de un país en desarrollo. Las condiciones de atención al embarazo y parto son muy distintas, y el contrato puede obligar a decisiones brutales, como abortar en caso de embarazo múltiple, parto por cesárea programado, etc". 

4. A falta de datos, batalla ideológica

Francesca Puigpelat dibuja un escenario académico y científico fragmentado. A falta de estudios en profundidad, no hay consenso sobre la ética o la moralidad de la gestación subrogada:

"Existen tres grandes posiciones: la que se opone frontalmente a la gestación subrogada, la que la defiende por respeto a la autonomía procreativa de las partes implicadas en el proceso y las reglas del mercado, y la que considera que sólo puede permitirse bajo condiciones más o menos restrictivas. Estas tres posiciones se corresponde, a su vez, con las que se dan en el feminismo".

Y resume: "La corriente feminista radical estaría en contra, el feminismo liberal estaría a favor de la permisión amplia y algunos sectores del feminismo podrían admitirla siempre y cuando se primen las relaciones de cooperación interpersonal y no las de intercambio económico".


5. Los argumentos a favor

Los argumentos a favor de la gestación subrogada se basan, a su vez, en tres grandes conceptos, que resume Puigpelat:

El utilitarismo: "Se contraponen los daños y beneficios en juego, que desde esta perspectiva son mayores: la gestante obtiene satisfacción al ayudar a otras personas y además beneficios económicos. Los padres obtienen mucha felicidad al satisfacer su deseo de tener un hijo y estos, al ser especialmente deseados, también pueden obtener una gran satisfacción en su entorno familiar".

"Para muchas feministas la gestación subrogada es una posibilidad que tienen las mujeres de actuar de forma conjunta para traer vida al mundo"

Las teorías contractualistas: "Desde este punto de vista la moralidad de la gestación subrogada depende de que las negociaciones entre la gestante y los padres sean libres y que de ellas resulte un resultado equitativo. El hecho de que sólo las personas ricas puedan costear estos contratos no comporta que sean injustos".

El feminismo a favor: "Para las feministas liberales, el hecho de prohibir a las mujeres la gestación subrogada es una forma de limitación de su libertad reproductiva igual que lo es no permitir que aborten. Oponerse a ella es negar su autonomía y mantener una visión tradicional de la maternidad como un acto altruista y desinteresado, que les impide participar en la economía de mercado".

Y añade: "Para muchas feministas la gestación subrogada es una posibilidad que tienen las mujeres de actuar de forma conjunta para traer vida al mundo".

6. "Hay que suprimir el anonimato de la gestante"

Veamos ahora las opiniones personales de cada uno de los expertos consultados. La experta en bioética Francesca Puigpelat se sitúa en una posición intermedia entre la prohibición y su admisión sin limitaciones, pero rechaza el mercantilismo actual:

"El respeto de la autonomía y la responsabilidad personal no siempre se garantiza a través de un contrato [...] No creo que un mercado reproductivo globalizado, basado en la ley de la oferta y la demanda sea la forma más adecuada para garantizar los derechos de la madre gestante, de los comitentes y de las criaturas nacidas de esta técnica. Por ello me parece especialmente problemática la existencia de agencias de intermediación privadas".

"Hemos aceptado que sea casi imposible que la mujer tenga los hijos que quiera a la edad que quiera, y lo pagamos de muchas formas"

Uno de los puntos más interesantes de la posición de Puigpelat es que cree que debería suprimirse el anonimato de las gestantes: "Con el anonimato no sólo se impide que se pueda acceder a la identidad de los donantes si los niños quieren reconstruir su historia biológica, también se despoja a las donaciones de su carácter cooperativo y relacional y se impide consolidar de forma transparente un estatus nuevo que debería valorarse positivamente. La supresión del anonimato puede contribuir, también, a que los padres sean más reacios a aceptar donantes y gestantes que provengan de colectivos socialmente desaventajados y que se ven impelidos a actuar por razones económicas".

7. "Nadie habla de lo más importante"

Juan Gérvas y Mercedes Fernández no rechazan de plano la gestación subrogada, pero cree que son necesarias condiciones de transparencia y dignidad que no se suelen dar en la práctica.

"Llegaremos a ver el vientre embarazado en la mujer como asociado a pobreza e incultura"

"La demanda es creciente, y se banaliza: primero se implanta por razones de peso y luego por razones tan simples como tener un hijo sin perder la figura. Nadie habla de los riesgos de la fertilización in vitro para la donante de óvulos ni para la madre que recibe; tampoco se consideran los problemas de los hijos nacidos por fertilización in vitro. Nadie habla de que las compensaciones económicas suelen quedarse en manos de los intermediarios. Se tratan poco los 'pequeños inconvenientes' a que fuerzan los contratos, como si hubiera relación de igualdad entre las partes. Nadie plantea una investigación rigurosa antes de que se popularice más el método. Casi nadie habla de la salud y bienestar gestante como bien supremo. Además, la subrogación pone el énfasis en la biología, como si el vínculo genético fuera clave cuando se podrían adoptar niños, si se fomentase otra política con menos negocio".

8. Ciencia sin filosofía

Por último, Juan Gérvas teme que los vientres de alquiler puedan convertirse en una solución fácil y universal, como la congelación de óvulos por razones sociales."Hemos aceptado que la fertilidad no vaya asociada a la biología. Una mujer joven, en torno a 20 años, tiene una fertilidad del 85%; a los 45 años baja al 5%. Hemos aceptado que sea casi imposible que la mujer tenga los hijos que quiera a la edad que quiera, y lo pagamos de muchas formas. Estas formas se intentan banalizar haciendo creer a la población que la ciencia y la técnica todo lo pueden, y todo lo pueden, pero con costes que no se exponen y que llevan a la ausencia de un verdadero consentimiento informado".

"Con la tendencia de la ciencia sin filosofía, como la de la maternidad subrogada con la actual regulación laxa (y todo el negocio de la congenalción de óvulos y fertilización in vitro, que en España está fuera de control, un negocio de turismo médico), llegaremos a ver el vientre embarazado en la mujer como asociado a pobreza e incultura, pues las de clase alta y media que se lo puedan permitir comprarán en los países pobres esos vientres que se ofrecen casi gratis". 



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